Nobel de Paz nos compromete en planes de guerra

 

 

 

Seis Ejércitos de la OTAN y países neutrales maniobran en Rumanía (video)

Imagen tomada de internet (soldados británicos en maniobras en Rumania)

Con el sol a la espalda cuando su largo mandato languidece, el presidente Santos, laureado con el Premio Nobel de Paz por sus gestiones a favor de un acuerdo con las entonces FARC-EP, muestra como una gran realización el tratado que da a Colombia el estatus de socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte-OTAN-

Triste final para un mandatario que en este caso borra con un codo lo escrito con la mano ya que la vinculación con una alianza político-militar surgida en la Guerra Fría y que responde a los intereses de países imperialistas es totalmente contradictoria no solamente con el acuerdo para la terminación del conflicto armado interno sino también con los principios constitucionales y de derecho internacional que deben guiar la política exterior de la nación.

En primer lugar la paz que se consagra como eje del estado desde el preámbulo de la Carta y se ratifica como derecho fundamental y como deber en su artículo 22 es el primer damnificado de este verdadero pacto con el diablo ya que la OTAN (NATO por sus siglas en inglés) a donde la oligarquía colombiana nos quiere meter de “ñatas”, es por definición y por su práctica una organización guerrerista que cuenta entre sus miembros a varios estados con armas nucleares. Para solamente mencionar algunos de los casos más recientes, recordemos la agresión por parte de estados de esa organización a Libia en 2011 con un enorme costo para ese país que aún no se repond de las consecuencias de esa intervención por lo demás violatoria del derecho internacional, la presencia de tropas de la Otan en Afganistán, el apoyo a los grupos terroristas en Siria y los bombardeos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos a ese país sin permiso de la ONU y en general su política de expansión y de incremento de las tensiones en extensas zonas del planeta.

Salen también muy afectados los principios orientadores de las relaciones exteriores, los cuales según el artículo 9 de la Constitución son la soberanía nacional, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y el reconocimiento de los principios de derecho internacional aceptados por Colombia. Dichos principios son la búsqueda de la paz mundial, el arreglo pacífico de los controversias, el respeto a la soberanía de los países,  la no intervención en sus asuntos internos, puntos que no han sido muy bien tratados en la historia de la famosa OTAN.

Además nuestra Carta establece muy claramente que la política exterior de Colombia se debe orientar a la integración latinoamericana y del Caribe, por lo que no se ve muy congruente con ese imperativo la práctica adhesión y subordinación a un ente conformado por estados de una órbita geopolítica e intereses muy ajenos a los nuestros y a los de los hermanos latinoamericanos y caribeños.

Como si fuera poco, la flamante alianza pone en riesgo otros compromisos de Colombia como la declaración de América Latina como zona de paz libre de armas nucleares y su membresía en la Unión Suramericana de Naciones-UNASUR- que es nuestro espacio natural y es incompatible con la pertenencia a otros bloques político-militares o con la presencia de fuerzas militares ajenas a la región.

El presidente, como para dorar la píldora y tranquilizar la opinión pública sostiene que en el pacto de coorperación no está contemplado utilizar la OTAN para atacar a algún país y que  “ni siquiera se trata de llevar la OTAN a América Latina”, sino de hacer que el ejército de Colombia asimile ciertas “buenas prácticas” como la participación en “misiones de paz en otras partes del mundo”. Por lo demás, Santos ha querido aclarar que la colaboración que Colombia quiere establecer con la OTAN no obliga “bajo ninguna circunstancia a participar en ningún tipo de operación militar”.

Sin embargo, me temo que la palabra presidencial no es propiamente la más creible y de hecho la experiencia enseña que frecuentemente cuando un alto funcionario niega algo es porque ya se está haciendo o planeando hacer lo contrario. Si un ministro dice que no habrá alza en algún servicio o producto es casi seguro que ya tiene bajo la manga el decreto autorizándola y Juan Manuel Santos no ha sido propiamente el personaje más cumplidor de su palabra ni el que mejor honra sus compromisos (recordemos su promesa “grabada en mármol” de que no aumentaría los impuestos). Tampoco la actitud cipaya de los gobiernos es la mejor garantía de que no nos veremos involucrados en intervenciones o en guerras ajenas. No está muy lejana la participación de nuestro ejército en la guerra de Corea. Aún en el subcontinete se nos señala como el Caín de América por darle la espalda a la Argentina en la Guerra de las Malvinas durante el gobierno de Turbay, tradición que continuó con Uribe al saludar la invasión de Estados Unidos a Irak. En fin, para no continuar una lista tan abominable, recordemos que durante el gobierno de Uribe se dieron pasos para enviar soldados colombianos a Afganistán (gestión que luego siguió durante la primera era santista el inefable minsitro Pinzón), se selló el acuerdo de instalación de bases gringas y durante el segundo período de Santos se permitió el envío de mercenarios compatriotas nuestros a Yemen y se dieron los pasos de acercamiento para los acuerdos de cooperación militar con la OTAN y la Unión Europea, a la vez que se incrementaron los encuentros secretos con el Comando Sur del ejército gringo, con el Departamento de Estado y la CIA para acordar acciones conjuntas contra el gobierno venezolano.

Que cada cual juzgue entonces qué tan creibles y sinceras son las afirmaciones presidenciales sobre el carácter limitado de nuestra asociación con la dirigencia del Atlántico Norte. Muy seguramente lo de la compra de armas sí sea verdad, incrementando un rubro nada productivo, mientras las necesidades sociales siguen en un segundo plano.

Por lo pronto, ojalá de la decisiva segunda vuelta presidencial de este domingo surja un jefe de estado verdaderamente comprometido con la soberanía nacional y con la paz en Colombia y en el mundo. Claramente no es la criatura manejada por el  expresidente de los falsos positivos (“presidente eterno de los colombianos” en palabras de quien funge de candidato) en quien se puede fincar esa esperanza, en tanto el vocero de Colombia Humana y su excelente compañera de fórmula por sus trayectorias dan más trazas de estar comprometidos con esa opción.

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El ratón sonriente

Alto y majestuoso, en la sesentena conserva aún gran parte del porte elevado que debió tener en su juventud. Aunque de apellido italiano, Giacometto, que hace que la mayoría de sus conocidos lo llamen simplemente Giaco, es ciento por ciento colombiano. Su luenga barba blanca, tez rubicunda, cabellos cenicientos, botas altas y el estar enfundado en una especie de pelliza, casi siempre acompañado de un perro proletario que responde al nombre de Tito, lo hacen parecer un campesino ruso salido de una de las novelas clásicas del siglo XIX. Por eso, privadamente le digo en ocasiones Giacomujik.

Este hombre, que sigue siendo tan caribe como cuando hace ya casi cuarenta años, perseguido a causa de su militancia comunista dejó Santa Marta para entrar a ser parte del paisaje bogotano, no pierde la fe en un cambio profundo en Colombia y en el mundo y es una especie de memoria viviente a la que se puede consultar sobre el devenir de los movimientos de izquierda en el país, así como sobre la vida, obra, trayectoria y en algunos casos traición, de muchos de los grandes, medianos y pequeños integrantes de los grupos revolucionarios. Sobrevive sin empleo fijo, sin familia y sin vivienda propia, participando en marchas de protesta y ayudando a sindicatos y grupos alternativos en la pega de afiches o distribución de propaganda y en casos excepcionales acudiendo a la solidaridad de compañeros y amigos con gran dignidad y mesura.

Recientemente nos encontramos y le expresé mi asombro por verlo ese día sin su inseparable Tito. Me respondió que lo tenía castigado por ser uno de los sospechosos de la desaparición de la parte superior de su prótesis dental, la que había conseguido con grandes esfuerzos y con la ayuda de varias personas. Agregó que si no fue el perro, tuvo que ser el gato o una enorme rata que con frecuencia se hace presente en el cuarto en que duerme, pero que en todo caso el can falló fuera por acción o por omisión al  no estar atento a lo que hacía el roedor. Al preguntarle más detalles sobre la extraña situación, dijo: “ahí está la vaina, es lo más raro que me ha pasado, no se cual de ellos fue pero está entre esos tres, porque no somos sino ellos y yo. La más sospechosa es la rata porque dejé esa parte de la caja dental dentro de un vaso de vidrio  y al día siguiente encontré el recipiente quebrado, sin los dientes, cerca a un hueco por donde se esconde la rata esa. Además algo de cierto deben tener todas esas leyendas sobre el ratón Pérez, que en otros países llaman el ratón de los dientes. Quedé jodido y ahora no sé que hacer”.

Para consolarlo mi respuesta fue decirle que su caso no era tan singular, que hace poco en Manizales a un conocido le pasó algo similar. Al llegar a su casa poseido de una severa embriaguez, el perro se le tragó el puente dental que se la había caído en el patio a raíz de una fuerte vomitada. El hombre no se arredró y trató a su vez de hacer que el animal regurgitara la preciosa pieza. No lo logró inmediatamente pero durante tres días estuvo al pie de la mascota, a la que entre comidas le fue administrando laxantes, hasta que finalmente expulsó “por malam partem” la dentadura artificial. El hasta entonces mueco la tomó y después de una cuidadosa asepsis volvió a instalársela y  anda por la ciudad exhibiendo orgulloso de nuevo todo el esplendor de sus dientes, ahora más caninos que nunca.

¡Eche, no joda, no me puedo quedar atrás de tu paisano! Ayúdame a recuperar mis dientes. Tenemos que encontrar a la rata esa, anotó Giaco con una sonrisa semidesdentada. A eso me comprometí con entusiasmo y este relato forma parte de la campaña para devolver la sonrisa al querido amigo, así ello implique quitársela al roedor.

Nuestro mujik colombiano no puede continuar despojado de una parte tan importante de la imagen de todo ser humano.   Ruego a todos mis amigos estar atentos a cualquier ratón sospechoso o demasiado sonriente.

 

La montaña de los sueños

Gracias a la amable guianza de la abogada Débora Jiménez, me detuve en una leyenda que hay en la entrada de un gran local comercial en uno de los costados de la plaza Antonio Nariño en Pasto, que quizás hubiera pasado inadvertida en mi corto paso por esa ciudad. El lema que preside la entrada de la librería Shirakaba reza: “Sálvese quien lea” y con él como santo y seña pudimos acceder a su propietario, Isidoro Medina Patiño, bogotano de nacimiento y pastuso por adopción.

Este gestor cultural, verdadero hombre orquesta que es empresario, historiador, cantante, coleccionista de monedas y estampillas, amén de escritor, tiene la presencia y versatilidad de un personaje del Renacimiento que atiende con gran cortesía a sus visitantes. Con la pasión del investigador que se sumerge en el objeto de sus estudios mostró parte del gran acervo documental y gráfico que ha nutrido su profusa producción bibliográfica. De parte de ella nos hizo entrega generosamente al obsequiarnos varios títulos y al adelantar información sobre su próximo libro, a lo que agregó un disco compacto con algunas de sus interpretaciones musicales.

 Así recibí con gran emoción el texto “Santa Cruz El Cura de la Paz”, sobre la vida y obra de un cura guerrillero vasco que después de muchos avatares, victorias y derrotas en su tierra natal recaló en Nariño y se convirtió en un pastor de almas dedicado a las comunidades más pobres en los lugares más alejados. No sin cierta aprensión,  dado el aura de intocable del Libertador, también tomé de manos de su autor la obra “Bolívar, genocida o genio bipolar ” y en último lugar la historia de Mariquita, en cuya portada el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, flanqueado por una carismática iguana que en ese momento fungía de verde, posa teniendo como fondo la villa que fue sede de la Expedición Botánica.

Finalmente, el inquieto buceador del pasado anuncia y muestra como primicia el borrador de su próxima publicación, en la que cuestiona nada más ni nada menos que la figura histórica más emblemática de la región: Agustín Agualongo y diciendo que fue un fraude,  literalmente la reduce pues sostiene que no era el hmbre grande que se ha mostrado sino que apenas llegaba al metro con treinta y nueve centímetros. Argumenta que ese dato lo sacó de su ficha de reclutamiento en las milicias realistas. También se va contra el título de general que se le ha dado, el cual habría salido de una mala interpretación del relato del General Tomás Cipriano de Mosquera cuando contó que la bala que le penetró la mandíbula fue disparada desde las montañas por un grupo de 20 bandidos que tenían como comandante general al indio Agualongo. Enfatiza que eso de “comandante general”, lo convirtió en el “General Agualongo”, sin que realmente tuviera ese grado, entre otras razones porque formaba parte no de un ejército sino de una milicia local en la que no existían ese tipo de títulos. En fin, mis escasos, casi nulos, conocimientos de ese tema hicieron que solamente me limitara a escuchar y a formular alguna que otra pregunta, unida a la inquietud de cómo pueda ser tomada esta especie de profanación por parte de la opinión local. Coincidimos en que si bien es válido pensar en las posibles consecuencias de un escrito, no debe perderse nunca la libertad de expresión del autor y en la importancia del debate con pruebas y argumentos en un clima de respeto a las diferentes posiciones y que en su caso cree que la seriedad de sus estudios como historiador le permite la controversia civilizada.

El fecundo diálogo con un personaje tan interesante ya habría sido un bocato di cardinale para un amante de la historia y de las letras, pero la capital de Nariño me tenía otra grata sorpresa en mi corta visita, precisamente para disfrutar de la pluma de un destacado clérigo. Asistí a un vibrante programa en el auditorio del colegio javeriano en el que se presentó el libro Mis Caminos, del sacerdote Gustavo Jiménez Cadena. Con excelentes intermedios musicales, este jesuita presentó el texto en el que recoge 126 artículos de la columna semanal que publica en el Diario del Sur. En ellos se afrontan temas referentes a la familia, el diálogo interreligioso, el cuidado del medio ambiente, los derechos humanos, así como los avances y traspiés del posconflicto, en una línea fiel a los lineamientos del papa Francisco y en un compromiso constante con los pobres y los más débiles. Concluyó con una sentida lectura del cuento Misión Imposible, escrito en las tierras ardientes de Puerto Parra en una tarde de intenso calor en momentos de angustia y desaliento por la lentitud de los avances del Programa de Paz y Desarrollo del Magdalena Medio y especialmente de profunda tristeza por el cruel asesinato a  manos de paramilitares de Alma Rosa Jaramillo, abogada defensora de derechos que trabajaba con las comunidades en ese proyecto. La vívida narración hizo vibrar las fibras más íntimas de un público que escuchaba sobrecogido y silencioso, conmovido por el sentimiento de dolor y esperanza que deja la lucha de Alma Rosa y de tantos otros poetas sociales que han dedicado su vida a la causa de la paz, la justicia social y una Colombia mejor.

Al día siguiente dejé San Juan de Pasto. En el viaje al aeropuerto recordé que al preguntarle a Medina sobre el significado de la palabra Shirakaba me dijo que era inventada por él, que originalmente no tenía una acepción específica y la creó más por su sonido, pero que en una ocasión abordó a un viejo que con frecuencia se quedaba en silencio largos ratos frente al aviso en que está ese nombre. El hombre le contestó que no sabía por qué pero que para él esa palabra era mágica y la asociaba con una “montaña de los sueños”.

Sí, en el camino hacia Chachagüí, tibio pueblo en que está situado el aeródromo, mientras admiraba los imponentes cerros tutelares Galeras y Morasurco y me deleitaba con el verde de todos los colores de la campiña, entendí que gracias a su gente y a la compenetración con el paisaje y con el legado de los ancestros, la zona central de Nariño es en efecto, una de las más mágicas montañas de los sueños de nuestro hermoso país.

A las puertas del cielo

 

Imágenes tomadas de Wikipedia

Las majestuosas instalaciones de la Biblioteca Nacional de Colombia fueron el pasado jueves 3 de mayo el escenario para la presentación en sociedad de la producción más reciente de tres de los autores más prolíficos del Taller de Escritores Gabriel García Márquez de la Universidad Autónoma de Colombia, como actividad alterna a la Filbo 2018. Bajo la mirada tutelar del maestro Aurelio Arturo, en el auditorio que lleva el nombre del poeta de la morada al sur y del verde de todos los colores Leonardo Gutiérrez Berdejo, Rafael Castro Hernández y Jaime Jurado Alvarán presentaron ante un numeroso público las obras que vieron la luz en el primer semestre del año en curso. Previamente, en la voz mayor del maestro Mario Méndez, se leyó la nota introductoria de los “Poemas de ámbar y sal” de Idaly Monroy, también integrante de esa cofradía literaria, quien no pudo estar de cuerpo presente pero se hizo sentir en su poesía.

Con sonoros intermedios musicales del grupo dirigido por el maestro Víctor Ramírez, el director del Taller, Hugo Correa Londoño, condujo un diálogo en el que los tres escritores mostraron los aspectos más relevantes de sus obras.  A la pregunta dirigida al trío sobre cómo habían llegado a la literatura respondió primero Leonardo Gutiérrez diciendo que el nacer en el Caribe, a la orilla del Río Grande de la Magdalena lo hizo beber desde niño de una rica tradición oral que después de un largo trasegar por la economía llevó a las letras, que no se le quedan atrás en fantasía a las disciplinas económicas. Luego motivó a leer su libro de cuentos “Alucinamos clink?” en el cual se reúnen varias narraciones caracterizadas por mantener la tensión desarrollada por personajes atrapados en el surrealismo y la fantasía, en el género negro y en los trastornos psicológicos, que intentan hallar salidas certeras al sufrimiento de vivir. Como buen manejador del género, sembró el suspenso entre el auditorio al comentar cómo en la fantasía de cada relato el horror y el espejismo de la compleja realidad actual acechan en cada línea mientras las tramas se van desfigurando tras la persecución de explicaciones necesarias para subsistir.

Luego el surrealismo cedió su lugar a esa otra magia más terrenal, la del fútbol, tratada en tono realista en el libro de Rafael Castro “Nacimos con estrella, historias del fútbol aficionado” que muestra esa otra cara del deporte rey, ya no la deslumbrante de los mundiales y de las canchas iluminadas de las grandes finales de los campeonatos europeos y suramericanos, sino la modesta lucha de los clubes de aficionados e infantiles como semilleros de jugadores y escuelas de convicencia, paz y formación de valores. Destacó su obra como un aporte a la construcción de la memoria colectiva del trabajo de cientos de entrenadores, pupilos y padres de familia, así como la de grupos deportivos entre los que se destaca el club Estrella Roja del que ha sido director durante largos años. Señaló cómo una gloria del balompié actual, Radamel Falcao, surgió de una de esas escuelas y desde edad muy temprana mostró sus dotes excepcionales.

A su vez Jaime Jurado también se declaró surgido de la tradición oral, esta vez de las faldas andinas e invitó al auditorio a que lo acompañaran en la vuelta al mundo en seis cuentos de aventuras juveniles que partiendo del caluroso Sahel en el África ardiente,   viaja por el Oceáno Atlántico para unir Europa del Norte y del Sur, continúa en lo profundo del centro de Asia en las estepas mongolas, sigue en Australia y después de una parada en el llamado Continente Blanco retorna a Colombia, precisamente en las estribaciones de la Cordillera Central, al pie de la boca sulfúrica del Nevado del Ruiz, tierra natal del autor quien solicitó indulgencia por situar en su patria chica la narración correspondiente a América.

Antes de dar lugar a un animado intercambio de opiniones con el público en el que el interés se enfocó especialmente en las historias del fútbol, los autores leyeron pequeños fragmentos de sus textos.

El ciego más visionario de la literatura, desde la atalaya de la biblioteca de la eterna Buenos Aires dijo alguna vez que si el cielo existía, de alguna forma debía ser un espacio enmarcado por libros.

Por eso, al concluir la memorable velada de presentación de los miembros del Taller García Márquez, los autores y sus amables acompañantes en medio de los vapores de un espirituoso vino, se retiraron regocijados con la sensación de haber estado a las puertas del edén borgiano en pleno centro de la patria de su personaje Otálora, en otro acto de fe por Colombia.

 

 

Abril en Portugal

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El 25 del mes pasado se cumplieron 40 años de la llamada Revolución de los Claveles o de los Capitanes en Portugal. El país luso llevaba más de cincuenta años anclado en el atraso, dominado por una dictadura fascista establecida desde los años veinte, convertido en uno de los más pobres de Europa a pesar de ser una potencia colonial que aún dominaba a varios países  de Africa.

El gobierno manejaba la nación con mano de hierro y estaba prohibida cualquier oposición. La Pide, todopoderosa policía política, reprimía severamente cualquier manifestación de inconformidad o disidencia.

En ese marco, el régimen cayó por donde menos se esperaba. En el seno de las propias Fuerzas Armadas del estado se formó el Movimiento de las Fuerzas Armadas-MFA- en cuyo interior un grupo no despreciable de integrantes era parte o simpatizaba con el clandestino Partido Comunista que a pesar de la dura represión tenía considerable fuerza y prestigio entre las clases trabajadoras y medias. A comienzos de la década del 70 el régimen entró en una crisis profunda por el aumento de la protesta popular y el estancamiento de la cada vez más costosa guerra en las colonias contra los movimientos independentistas.

En la vieja Lisboa, recostada en la esquina norte de la desembocadura del Tajo (“ese río que sabe a mar profundo, que es dentro de la ciudad a la vez calle y río, en cada calle da la vuelta al mundo y hace de Lisboa nuestro navío”, en palabras del poeta Manuel Alegre)en el océano Atlántico, a las 12:25 del día 25, sumidos en el sueño, pocos escucharon la letra y la música de Grândola, Vila Morena, una canción revolucionaria de José Afonso, prohibida por el régimen, transmitida por la Rádio Renasçença.​ Pero los dirigentes del FMA, encabezados por el mayor Otelo Saraiva de Carvalo, oficial revolucionario que algunos llegaron a llamar el Fidel Castro de Europa, sí que la oyeron atentamente como señal pactada para ocupar los puntos estratégicos del país y dar comienzo a un movimiento histórico que cambiaría para siempre la vida de Portugal.

En la mañana ya las principales guarniciones se habían sumado al movimiento y a pesar del llamado a la calma y a que la población permaneciera en sus casas, la gente se volcó a las calles en su respaldo. En una de las marchas en que los manifestantes portaban las flores de la temporada, Celeste Caeiro, joven camarera que regresaba a casa cargada de flores dio un manojo de claveles a un soldado que esperaba órdenes subido en un tanque de guerra. El militar lo puso en su cañón y sus compañeros repitieron el gesto colocándolos en sus fusiles, como símbolo de que no deseaban disparar sus armas contra el pueblo, extendiéndose la acción por toda la ciudad ​ y generando el nombre con que la revuelta pasaría a la historia.

Lo que se inició como golpe de estado se convirtió rápidamente en una verdadera revolución que en pocas horas acabó con la poca resistencia que se le opuso. El saldo en víctimas fue de cuatro muertos y algunos heridos a manos de agentes de la Pide que al poco tiempo se entregaron ante la multitud que rodeó la sede de la guarida de los esbirros.

Un nuevo aire empezó a vivirse en el país. Se respiraba libertad y esperanza en el futuro. El colonialismo pasó a mejor vida: las colonias africanas se hicieron independientes. En el concierto internacional emergieron como naciones soberanas Angola y Mozambique.  Aún sin terminar abril, en el aeropuerto de Lisboa la apoteosis fue total cuando regresaron, con apenas un día de diferencia entre uno y otro, después de largos exilios Mario Soares, dirigente socialista y el líder comunista Álvaro Cunhal. Este, gracias a su integridad personal y a su  heroica lucha de toda la vida, que incluyó una larga permanencia de 8 años en una isla-prisión de máxima seguridad de la que huyó en un escape de película en 1960, estuvo siempre envuelto en un halo de leyenda al que también contribuyeron sus aptitudes artísticas, ya que fue un pintor destacado y escritor que por un tiempo permaneció anómino pues firmaba sus obras literarias como Manuel Tiago.

Con el tiempo, ya en una democracia parlamentaria, la nacionalización de la banca y otras medidas revolucionarias fueron perdiendo impulso y los nuevos gobiernos quedaron bajo la orientación de un partido socialista que perdió todo ímpetu reformista y se alineó con los poderes dominantes a escala nacional e internacional.

Sin embargo, el impacto de la revolución de abril ha sido tal que el Partido Comunista es uno de los pocos de Europa Occidental que sigue jugando un papel importante en la vida política de su país y por su parte el Partido Socialista, después de la muerte de su jefe histórico, Soares parece retomar una orientación socialdemócrata de izquierda. La unión de ambos en 2015 hizo caer al gobierno conservador, mediante alianza que incluye al Boque de Izquierda en el que se coligan el partido de los Verdes y el Partido Personas, Animales, Naturaleza.

Esta alianza no es meramente electoral ni está pegada con mermelada. Es realmente programática y tiene la particularidad de que el ejecutivo es integrado únicamente por miembros del Partido Socialista pero apoyado en el Parlamento por las demás formaciones, para que queden claras ante la opinión las respectivas responsabilidades políticas. El programa de gobierno recoge algunos de los planteamientos de los aliados y se han frenado los planes privatizadores del anterior gobierno, se aumentaron sustancialmente los salarios de los trabajadores, se ha fortalecido la educación pública, la jornada laboral fue reducida a 35 horas a la semana y frente al problema de la enorme deuda pública y el déficit fiscal se han buscado soluciones distintas de los draconianos planes de ajuste impuestos por el FMI y la banca rectora de la Unión Europea.

Todo ello sin duda, es en gran parte herencia de la Revolución de los Claveles que es un fenómeno histórico digno de recordar y analizar por sus efectos en Portugal y por las lecciones que de ella pueden extraerse para otros pueblos del mundo.

 

Soplan vientos de poesía

 

Foto: Tolkeyen Patagonia Turismo

El escritor y exabogado colombiano de raíces levantinas y centroeuropeas Eduardo Bechara Navratilova, ya reconocido por una amplia obra narrativa, muestra una interesante faceta de poeta, ya no solo en sus versos sino en lo que podríamos llamar el gran poema de su aventura quijotesca denominada “En busca de poetas”.

La idea le venía rondando en la cabeza desde hace muchos años, pero comenzó a hacerse carne en la primavera austral de 2010 en Córdoba, Argentina, mientras departía con dos vates gauchos, cuando uno de ellos manifestó que sería muy hermoso hacer un viaje por toda Suramérica buscando poetas desconocidos para hacerles reconocimiento. Al ver la coincidencia con su obsesión la idea tomó vuelo y al regresar a Colombia empezó a trabajar en ella y ya era más que un proyecto.

Lo que estaba planeado para un año se tornó en una epopeya que lleva un lustro y que además del enriquecimiento espiritual para su creador y para los poetas descubiertos por él, muestra su fruto concreto en el libro Breve tratado del viento sur, que es una antología de los poetas de la Patagonia.

Se trata de un texto hermoso tanto en su aspecto externo como en su contenido, rebosante de lírica y sentimiento por todos sus poros, ilustrado con mapas de esta exótica y desconocida zona del mundo, de la cual muchos tienen como única referencia el ser como una especie de sinónimo refinado de “el carajo”, “la p.m.” (punta del mapa) u otras expresiones que indican un lugar remotísimo.

La obra comienza con la presentación que hace Eduardo, bajo el título “Poesía del frío: una aproximación a la poesía contemporánea de la Patagonia argentina”, para luego mostrar la vida y parte de la producción de casi 90 poetas a las que encontró y contactó en largas jornadas que lo hacían ir de un lado a otro de la gran estepa del sur.

En introducción también muy poética nos hace sentir el aliento gélido del frío patagónico, de su ominpresente viento y nos comparte el sentimiento de soledad y pequeñez del ser humano frente a un paisaje vasto y abrumador. Es así como nos trae a Liliana Ancalao con un frío ancestral que pasa de una generación a otra al decirnos:

“las mamás/todas/han pasado frío/mi mamá fue una niña que en cushamen andada en alpargatas por la nieve/campeando chivas/yo nací con la memoria de sus pies entumecidos/ y un mal concepto de las chivas/esas tontas que se van y se pierden/ y encima hay que salir a buscarlas a la nada”.

Por su parte María José Rocatto, de Puerto Madryn también muestra la omnipresencia del viento al decirnos: “Al otro lado/la niña cuelga palabras en cordeles de viento/en medio de la nada, esta  nada fría que tiñe los días/las noches de ausencia,/vacío de ausencia”.

A juicio de Bechara, uno de los poemas que mejor describen la sensación de ser ínfimo frente a un horizonte abierto e inmenso es el número XIII, que es parte del poemario de Raúl Mansilla titulado “Las estaciones de la sed”: “En la Patagonia los espacios son fáciles de llenar. / Mirada al horizonte,/ y en segundos/ un baldazo de dios a lo imposible”.

El Taller de Escritores Gabriel García Márquez tuvo el privilegio de contar en reciente sesión especial con la presencia de Eduardo, quien comentó de primera mano sus vivencias y sensaciones en el desarrollo de este singular proyecto cultural tan marcado por el sentimiento de fraternidad y una sensibilidad muy especial frente a los seres que muchos en una sociedad marcada por el dinero como principal (y para algunos único) factor a tener en cuenta, son tomados como locos o patitos feos cuando en realidad son cisnes que nos hacen más bella la vida con sus versos únicos.

Si la  función de la poesía es mantener la salud del idioma y una de sus definiciones nos dice que es conversar con los ángeles, este Breve tratado del viento sur como resumen de la rica experiencia de lo que ha sido hasta ahora el Proyecto en Busca de poetas es un delicado e inolvidable diálogo con los hermanos y hermanas que desde un rincón lejano del continente nos traen voces que eran desconocidas pero que resultan sorprendentemente cercanas en su humanidad y belleza.

¡ Gracias a Eduardo, Anahi, Valeria, Sebastián, Verónica, Aldo, Nara y a los demás bardos que hicieron realidad este sueño patagónico y suramericano !

Diciembre en la Colombia profunda III: Jurado con tilde

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Imágenes: Google

El principal puerto colombiano sobre el Pacífico tiene una ubicación privilegiada, casi equidistante del sur y del norte, lo  que lo hace el centro de la navegación de cabotaje a lo largo de los 1300 kilómetros de costa.

Ya es 2018 en la última etapa de mi viaje, que haré tomando barco desde Buenaventura hasta Juradó, muy cerca de la frontera con Panamá. Los primeros minutos en la ciudad son de nostalgia por la ausencia de mis queridas compañeras de viaje, unida al recuerdo de quien fue mi acompañante en recorridos que hicimos en la juventud por rutas marítimas hacia el sur. Siento como si fuera ayer que César Ruiz, quien ofrendó su vida a temprana edad en el torbellino del conflicto armado luchando por una Colombia mejor, está a mi lado preguntando por el Puente El Piñal para que tomáramos el barco, unas veces hacia Gorgona, otras hacia El Charco o Mulatos, a donde intrigados iríamos en búsqueda de una extraña comunidad de rubios que parece un pedazo de Escandinavia en un remoto rincón del litoral colombiano.

Al día siguiente a tempranas horas llego al muelle de donde parten los barcos y se me indica que es el San Esteban el que tomará el rumbo norte. La embarcación es mediana y en ella varios estibadores se dedican a subir ladrillos y muchos bultos con alimentos que llevarán a Bahía Cupica y a Juradó. Hago contacto con el cocinero, un mulato veterano y bajito que me recibe con una sonrisa al saber que tenemos el mismo nombre. Me toma el importe del pasaje, sin expedirme recibo porque “por aquí eso no se usa” y me informa que debo estar hacia las 5 de la tarde porque la salida será a las 6. Su amabilidad se torna rápidamente en confianza porque me pide que le preste ciento cincuenta mil pesos para comprar unas costillitas de cerdo, a lo que le respondo que no estoy en condiciones sino de facilitarle los 20.000 que me debía devolver del  precio pagado.

Aunque estoy acostumbrado a la informalidad y a que muchos tratos de hagan de palabra en la provincia, al abandonar el sitio me entra la duda de si el hombre realmente es de la tripulación y se lo pregunto a los de portería, quienes me dicen que sí. Con un poco más de tranquilidad, por si las dudas regreso donde mi tocayo y le pregunto su número telefónico a lo que accede nuevamente con una sonrisa semidesdentada  y con una suave insistencia en el préstamo, cuestión que evado también con una sonrisa azucarada y dándole mis datos de contacto para que me avise sobre cualquier modificación en el horario.

Al llegar a la hora indicada no encuentro a Jaime sino a otro tripulante que expresa su disgusto al saber que le entregué dinero al cocinero. Pensé que había sido víctima de estafa, pero no, mientras seguía rezogando el hombre tomó mi equipaje y me pidió que lo siguiera, para acomodarme en una de las literas de un estrecho camarote en el segundo piso. Suspiré aliviado y no me pareció tan grave que se me dijera que la partida sería temprano en la mañana siguiente, a la vez que se me informaba que podía quedarme.  Al ver que no se me había enterado del cambio y que así como se postergó, también podría adelantarse sin explicación ni aviso previo, decidí pasar la noche a bordo.

Después de  largas horas en las que apenas pude conciliar por ratos un sueño arrullado por el incesante zumbido de feroces zancudos, llegó el nuevo día trayendo de a poco los demás pasajeros y tripulantes. El barco se fue llenando de la animación propia de la partida, que finalmente fue a las diez de la mañana. No fue muy tranquila porque a los pocos minutos de marcha apareció un hombre cuarentón, moreno claro de estatura mediana y musculatura de boxeador, para decirnos que no podíamos salir de las habitaciones hasta tanto hubiéramos abandonado la bahía. Temí que pudiera tratarse de que el barco llevaba sustancias ilegales, lo cual podría traernos inconvenientes a todos, pero los demás viajeros me dijeron que simplemente estaba prohibido llevar pasajeros y gas a la vez, que era justamente la situación en la que estábamos pero no era muy probable que los guardacostas nos abordaran. Casi una hora duró esta especie de detención domiciliaria porque el mismo personaje, quien era nada más ni nada menos que el capitán, pasó a informarnos que ya podíamos movernos libremente por la nave.

Había desaparecido el peligro de enfrentar a las autoridades portuarias mas no el de volar en átomos como en San Mateo. Sin embargo, me encomendé a San Ricaurte y no volví a pensar en ello porque de lo contrario no hubiera tenido un minuto de tranquilidad.

No sé si llamar a eso informalidad o temeridad pero en todo caso forma parte de la normalidad en un país que vive constantemente al borde del peligro, en el que de acuerdo a la tradición heredada de los españoles “hecha la ley, hecha la trampa” y “se obedece pero no se cumple”.

Al mismo tiempo que se nos abrían las puertas de una relativa libertad, el cielo, hasta ese momento de un celaje oscuro cual toldo gris sobre el inmenso mar, dio lugar a una claridad de añil puro, traspasada por una suave brisa odorante a sal. Pronto estaríamos pasando Bahía Málaga y desde cubierta observaba extasiado el azul traslúcido de las aguas y en lontanaza una costa de intenso verdor. Poco después apenas se insinuaba el pueblo Litoral de San Juan, a cuyo lado el río que lleva su nombre entrega su caudal bravío al Pacífico a través de un delta de unos 300 kilómetros cuadrados. Este delta se conoce como  «Siete Bocas» porque en ese número de brazos se abre la corriente fluvial en sus estertores finales al fundirse con las aguas oceánicas, no sin antes formar numerosas islas rodeadas de manglares.

Apenas intuyo la belleza del abrazo de las aguas y en medio de la gran emoción geográfica recuerdo la triste realidad de que en esa zona un gran número de indígenas wonan ha tenido que refugiarse en el casco urbano del municipio huyendo de los rigores del enfrentamiento entre fuerzas oficiales e insurgentes del ELN, como consecuencia de la ruptura de la tregua que se pactó entre ambas partes. Con gran esfuerzo y sintiéndome impotente  ante tan cruda circunstancia continúo mi periplo rogando fervientemente que se retome el camino del diálogo en búsqueda de una paz que ha resultado más difícil de lo esperado.

 Montañero en alta mar

Se me había dicho que la travesía duraba aproximadamente 17 horas pero luego me informan que son en realidad tres o cuatro días porque el barco debe parar en Bahía Cupica para dejar allí parte de la carga y que además la llegada a Juradó puede retrasarse más si la marea está baja porque en ese caso no puede atracar en su muelle. Tomo todo esto con calma porque si algo tengo claro es que en este tipo de aventuras hay que desechar la prisa y estar preparado para los cambios más intempestivos.

Entre viajeros y tripulantes formamos una pequeña comunidad de cerca de treinta personas y un  perro guardián. Reina una fraternidad silenciosa y discreta. Soy el único que proviene del interior del país y junto con Jorge, el venezolano que tratará de reingresar a Panamá, de donde fue deportado, la única persona que no es de la costa pacífica. Todos los demás son de esta área y desarrollan actividades habituales en alguno de sus pueblos o ciudades.

Las horas transcurren lentamente a bordo. El ritmo es marcado por los horarios de las comidas y por el el sueño nocturno. Se desayuna a las 8 de la mañana, el almuerzo es a las 12 meridiano y la comida se sirve a las 6 de la tarde. El arroz es el rey absoluto de la dieta, apenas complementado por alguna escasa proteína. Noto que el chef me trata con cierta deferencia y que ocasionalmente me sirve alguna porción adicional. Esto me deja sin motivación para reclamarle el dinero sobrante de mi boleto, de modo que tácitamente se queda con las vueltas. En las noches vemos en un viejo proyector alguna película gringa, invariablemente violenta, antes de ir a dormir hacia las 8, hora en la que se apaga la luz eléctrica.

Por suerte no hacía falta dicho alumbrado artificial porque en varias ocasiones en que me desperté en la alta noche, pude ver con asombro como las oscuras aguas marinas eran iluminadas por peces fosforecentes que las cruzaban veloces. Maravillado ante el inefable espectáculo soñaba tratando de imaginar los sorprendentes reinos submarinos de donde habrían salido estas criaturas de brillo indescriptible.

Hubiera querido compartir con todos los compañeros de viaje pero las ocupaciones de unos, el mutismo de otros y mi horario de lecturas apenas me dejaronn espacio para algunos. Cada uno tiene su propia historia y resalto los que me abrieron unas páginas del libro de sus vidas. En ningún barco puede faltar un exconvicto y así encuento que Albeiro, el pinche de cocina, de unos 45 años, negro y achaparrado, pagó 10 años de cárcel en E.U. por narcotráfico. Lo simpático es que en ese tiempo no aprendió inglés allí pero sí se alfabetizó en la prisión en español; recuerda que le daban buen trato y que las condiciones eran buenas pero que a los sindicados de terrorismo sí les dan un trato en extremo severo. Con un nombre que lo predestinaba a la religión y a la concordia, el pasajero más veterano y más sabio era Evangelista Paz, de piel aceitunada, 71 años, de gafas, estatura y complexión medias, jubilado como profesor de navegación marítima del Sena, de trato afable, buena cultura, entusiasta predicador de una rama del budismo. Me comentó que se dedicaba  a vender productos naturistas y resultó ser un gran experto en la cultura negra y de la idiosincrasia de la gente del Pacífico. Por su parte Erasmo, otro negro entrado en años, alto y delgado, se dirigía a retomar su trabajo como panadero en Juradó, después de visitar a su familia en Buenaventura por la temporada decembrina. Victoria, enorme morena de gran caderamen y fortaleza de luchador de sumo, también venía de visitar a su familia y retornaba a su empleo de cocinera en un restaurante. El más dicharachero era Arcesio, negrito menudo y bajo,que decía tener 56 años pero aparentaba por lo menos 10 más, contaba historias de su vida de pescador y se mostraba muy feliz y nada precupado por lo prolongado del viaje porque eran días en que tenía asegurada la comida y “afilaba los dientes” desde antes de cada alimento. La nota de actualidad la puso Jorge, venezolano que intentaba reingresar ilegalmente a Panamá de donde fue expulsado por estar sin documentos. Trabajaba en una compañía de vigilancia, en una de las empresas custodiadas hubo un robo, capturaron al ladrón y cuando fue a declarar él también fue detenido por papeles, ingresando a la misma celda con el delincuente. Estaba desesperado por regresar y no le importaba tener que hacerlo ilegalmente pues su esposa e hijas habían quedado solas y desamparadas en el país istmeño. Era un claro candidato a caer en manos de las redes de traficantes de personas o de drogas que pululan en las áreas fronterizas. Por su parte, Zulia Siágama, mujer indígena que viajaba con su hija Idaly, solamente accedió a decirme sus nombres, tal vez porque la niña estuvo indispuesta por el balanceo de la embarcación la mayor parte del tiempo.

Una nota muy curiosa la puso Arley, joven negro de gran estatura que hablaba de grandes negocios a menudo delante de todos por celular, a veces mencionando cifras millonarias. Esto no tendría nada de extraño, de no ser porque una vez mientras me bañaba en la parte alta del buque lo escuché mientras decía a uno de sus interlocutores telefónicos que se le habían acabado los minutos y le pedía que le hiciera una recarga de 5.000 pesos.

Bahía Cupica

Desde el comienzo de esta aventura deseé que el viaje no fuera muy corto ni de una sola etapa sino que por el contrario esperaba que se hiciera escala al menos en algún pueblo costero para conocer un poco más.  El recorrido continuó  y lentamente pasamos por Pizarro, Nuquí, El Valle, y Bahía Solano, sin detenernos en ninguno de ellos pero al tercer día de navegación fondeamos en Bahía Cupica, hermosa ensenada visitada en ciertas épocas del año por las ballenas jorobadas que suben siguiendo las frías corrientes del sur hasta llegar a estas tibias aguas tropicales. No vimos estos cetáceos por no ser temporada pero sí pudimos disfrutar de la belleza de la bahía y descender a tierra hasta una refrescante cascada de agua dulce. Alternando inmersiones en el mar con el masaje de la cascada, desaparecía cualquier asomo de cansancio que pudiera haber dejado la larga permanencia en el barco.

Al día siguiente volvemos a bajar al continente y al preguntar por el pueblo se nos informa que fue trasladado un poco tierra adentro debido a una creciente del río que lleva su mismo nombre y que lo afectó seriamente unos años atrás. Ahora, para llegar a la población se camina entre un sendero de tablas levantado sobre un exuberante manglar. Apenas estoy recorriendo la calle de entrada cuando uno de los tripulantes me avisa que es hora de volver a la canoa que nos llevará de regreso al San Esteban. Retorno con la nostalgia de no poder degustar un poco más el sabor del villorrio pero con la alegría de haber estado en sus alrededores y con el consuelo de haber saludado y ser despedido por una numerosa y feliz chiquillada que corría feliz y descamisada en los alrededores.

No fueron los infantes los únicos en despedirse con júbilo. Al zarpar de nuevo rumbo al norte, juguetonas parejas de delfines nos escoltaron durante un buen rato saliendo de las aguas para zambullirse de nuevo entre chapoteos, dejándonos el recuerdo inolvidable de una mañana de terciopelo derramado como bendición en el azul turquí del mar del sur.

El río de los cunas

Es ya la mitad del cuarto día y por fin nos acercamos a nuestro destino. Desde niño soñaba con visitar algún día el pueblo que lleva mi apellido aunque con acentuación diferente. Mi padre insistía en que en esa coincidencia había algún mensaje en clave o que por lo menos allí debía dársenos un trato especial. No aspiro a eso y me doy por bien servido con conocer este lugar de la patria tan ligado sonoramente a mis ancestros. De un presunto significado del topónimo como “río de caníbales” que algún ignorante con ínfulas de conocedor me dijo en mi lejana niñez, probablemente con el ánimo de disuadirme del viaje que iba a hacer tarde o temprano, solamente queda un recuerdo sonriente y compasivo, para dar lugar a la verdadera etimología del lugar: “ río de los indios cunas”.

El San Esteban no puede atracar directamente en el pequeño desembarcadero sobre el río Juradó porque lo bajo de la marea le impide ese acercamiento. Por ello tomamos pequeñas lanchas que nos conducen al pueblo.

La cabecera municipal se halla ubicada a orillas del mar, en un territorio insular formado por las desembocaduras de los ríos Juradó y Partadó, los cuales luego de unirse se separan para desembocar en dos bocanas de acceso al mar (boca vieja y boca nueva), conformando así un pequeño islote que queda expuesto a las turbulencias tanto de las aguas marinas como fluviales.

Tres días pasé en el poblado del que de alguna manera soy epónimo, o más bien una especie de homónimo, con la hermandad espiritual que esto comporta. Me atienden y guían amablemente Germán Vélez y Jezra Achito, el uno líder cívico y el otro joven promesa de la comunidad embera que habita selva adentro y que tiene a uno de sus miembros, Alberto, padre de Jezra, regentando los destinos del municipio.

En una caminata por la playa, rumbo a una de las desembocaduras del río que da su nombre al pueblo, encuentro la base de la Armada que fue objeto de un fuerte ataque por parte de las Farc-ep en 1996 con el resultado de decenas de infantes de marina muertos y cerca de 70 tomados como prisioneros por los rebeldes. Pregunté a varias personas sobre ese hecho histórico y noté mucho hermetismo al respecto; solamente dos o tres me dieron datos muy genéricos, agregando que a raíz de la violencia se desplazaron por varios años. Es claro que las heridas dejadas por la guerra tardan en desaparecer.

Aún cuando mis amigos del barco fondeado en las afueras se ofrecían a llevarme en su viaje de regreso, la incertidumbre sobre la fecha de su partida y el saber que podrá demorarse aún más que de venida porque se detendría en varias partes a recoger madera (más el temor de incrementar dramáticamente la estadística de consumo de arroz per cápita), me hicieron buscar otras alternativas.

Finalmente logré ser despachado en una avioneta con rumbo a Medellín, para terminar así este involvidable recorrido por la Colombia profunda.

 

Contracuestionario para Dios Junior Vélez

El periodista LuisCarlos Vélez publicó en El Espectador reciente columna en la cual manifiesta que ante las dificultades para lograr una entrevista con el candidato presidencial Gustavo Petro, le presentó una serie de preguntas para contestar sí o no. Son en total 24, las primeras cuatro las retoma del comunicador José Ramos y le añade las otras veinte de su propia cosecha.

No soy defensor de oficio del señor Petro y de hecho tengo algunos reparos frente a él, pero me parece que se le está sometiendo a matoneo y que una de las muestras de ese juego nada limpio la constituye este cuestionario. Luis Carlos está en todo su derecho de tener la opinión política que quiera, lo mismo que de expresarla. Sin embargo, me parece que abusa de su condición privilegiada de periodista y del medio en que publica, al formular preguntas en forma sesgada, claramente dirigidas a hacer quedar mal a su destinatario y al incluir dentro de ellas, ni más ni menos la última, que es la que más queda grabada en la mente del lector, el interrogante de si cree en Dios, asunto que es del orden privado y de la libertad de conciencia, según la cual nadie será molestado por sus creencias ni obligado a revelarlas.

Como no le quiero echar más leña al fuego de los agrios enfrentamientos políticos que se viven diariamente en el país, me limitaré a las anteriores observaciones generales, a transcribir el cuestionario inicial y a presentarle al señor Vélez un contracuestionario de  mi autoría y responsabilidad exclusivas.

Preguntas de Luis Carlos Vélez para Gustavo Petro:

Tomadas de Jorge Ramos:

  1. ¿Fue Hugo Chávez un dictador?
  2. ¿Es Nicolás Maduro un dictador?
  3. ¿Es Cuba una dictadura?
  4. ¿Realizaría una constituyente?

Propias de Vélez:

  1. ¿Recibe ayuda de Venezuela en especie o en efectivo para su campaña?
  2. ¿Conoce a la empresa Cambridge Analytics, experta en Big Data y apoyo político?
  3. ¿Permitiría inversión extranjera en el sector de hidrocarburos?
  4. ¿Le quitaría a los privados los fondos de pensión?
  5. ¿Cerraría los medios de comunicación?
  6. ¿Pondría un límite en el número de propiedades que pueden tener los colombianos?
  7. ¿Usted o su esposa estuvieron a punto de comprar una vivienda en el norte de Bogotá por más de $ 1.700 millones el año pasado?
  8. ¿Tiene usted a su nombre o en el de su esposa una casa de fin de semana en Chía valorada en cerca de un millón de dólares?
  9. Si la respuesta es positiva, ¿ de dónde vienen los fondos? (Una frase)
  10. ¿Modificaría los acuerdos de paz?
  11. ¿Recibiría el apoyo d la FARC para su campaña presidencial?
  12. ¿Apoyaría un proceso de paz con el ELN?
  13. ¿Cambiaría la Constitución para reelegirse?
  14. ¿Cree en la regla fiscal?
  15. ¿Ha montado en Transmilenio desde que dejó la Alcaldía?
  16. ¿Cree en Dios?

 

Preguntas de J.J.para Vélez

  1. ¿Fue Simón Bolívar un dictador?
  2. ¿Qué es más democrático en Donald Trum: el peluquín o el muro en la frontera con Méjico?
  3. ¿Han sido democráticas las elecciones en que ganaron Bush hijo y Trump?
  4. ¿Qué es mejor para Colombia, una Constituyente o un Reconstituyente made in El Ubérrimo?
  5. ¿Recibe apoyo del gobierno o de fundaciones de los Estados Unidos?
  6. ¿Ha investigado las relaciones entre Cambridge Analytics y Enrique Peñalosa? ¿ Ha almorzado con el rumorólogo venezolano J.J. Rendón?
  7. ¿Cree que sin las tetas de la inversión extranjera no hay paraíso fiscal?
  8. ¿Cree que los fondos privados no le “quitan” nada a los pensionados?
  9. ¿Son intocables los “imparciales” medios de comunicación? ¿Es ético hacer un cuestionario sesgado y prejuicioso?
  10. ¿Sabe cuántos colombianos no tienen propiedad alguna?
  11. ¿Cuántos vehículos particulares tiene su familia para eludir el pico y placa?
  12. ¿Cree que la 72 ya es muy al sur?
  13. ¿Tiene amigos que sean del estrato tres o menor?
  14. ¿Tiene como encrucijada en el alma modificar los acuerdos de paz o hacerlos trizas?
  15. ¿Cree que siempre el apoyo de la Farc es un abrazo de oso?
  16. ¿Prefiere el proceso de paz con los elenos o que continúe una guerra en la usted no pone el pecho?
  17. ¿Es malo que Petro cambie un articulito?
  18. En una frase, explique las relaciones socioeconómicas, las compjeidades macroeconómicas y las paradojas matemáticas entre la regla fiscal y la regla de tres.
  19. ¿Ha usado alguna vez transporte público en Colombia?
  20. ¿Cree en la Santísima Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo o solamente en la santísima dualidad de Dios Antonio y su hijo Unigénito? ¿Qué opina de la inmortalidad del cangrejo?

 

 

Diciembre en la Colombia Profunda II: San Cipriano

 

Fuente: Google, imágenes de la reserva natural San Cipriano

A Buenaventura los colombianos la asociamos con su zona portuaria y con las playas que enmarcan su bahía. Así una de las canciones más populares la define como “bello puerto del mar mi Buenaventura, donde se aspira siempre la brisa pura”. Ciertamente es su aspecto más conocido, en tanto pocos se preguntan por su área rural, prácticamente desconocida y apenas limitada en el imaginario colectivo a una enigmática selva. A ella quisimos ir para acercarnos al menos parcialmente a esa cara oculta de los 6.078 kilómetros cuadrados del municipio que lo convierten en el mayor de la región pacífica.

Acompañado de mis hermanas Mercedes y Claudia, de la argentina Verónica y de Dora Lucy, salimos de Manizales al fin de la tarde para pernoctar en Guadalajara de Buga, al amparo de su milagroso. Al día siguiente tomamos la carretera al mar, para bajar en un sitio ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad de la buena ventura.

Nos recibe un calor pegajoso y en medio de decenas de personas hacemos fila para cruzar el puente colgante  sobre el río Dagua. Un colorido aviso nos informa que ya estamos en la reserva natural comunitaria de los ríos San Cipriano y Escalerete, de los que se surte de agua la urbe. La catarata de emociones, iniciada en el bamboleo  del puente, se hace más fuerte al abordar una de las “motobrujas”, especie de carritos esferados que transportan carga y personas sobre la vía férrea, movidos por una motocicleta incrustada en su estructura que deja su llanta trasera en la parte externa para que haga contacto con los rieles.

Son cerca de 16 kilómetros entre árboles y pequeñas quebradas, refrescados por el viento y por la sombra que da la vegetación, pasando en una ocasión por un puente sobre otra corriente fluvial y dos o tres veces por túneles. Nos informan que la vía sigue siendo utilizada por el tren y no nos tranquiliza mucho el que el conductor nos diga que solamente es determinados días, que de alguna manera se les avisa y que en esos eventos simplemente se para la brujita y se le baja para ponerla a un costado.

Ya en el pequeño poblado que es centro de la reserva encontramos gran animación entre los habitantes locales, todos negros de piel brillante y sonrisa franca que reciben con entusiasmo a los numerosos visitantes. La aldea se compone de una larga calle al lado de un riachuelo de aguas transparentes y frescas, que le da nombre al santuario, justamente el topónimo de un hombre santo: San Cipriano.

Entre inmersiones en las prístinas aguas y caminatas por los alrededores transcurrieron fugaces como en un sueño hermoso y efímero los dos días vividos en este paraíso escondido. Especialmente impactante fue la visita a la cascada, rincón mágico en el que el agua se desprende cantarina desde un peñón para formar un hermoso charco que recoge y refleja todos los verdes del follaje circundante. Fue nuestro amable guía Crisanto, longilíneo y atlético moreno, que como todos los de su raza muestra cierta indefinición en la edad ya que de jóvenes parecen mayores y de viejos menores de los años que realmente tienen. Especulábamos que podría tener entre 19 y 77 años y él mismo, con risa discreta nos informa que está cerca a los 40.

Mi curiosidad insaciable me llevó a preguntarle por el origen del nombre de la reserva. Me imaginaba, dado el carácter claramente cristiano de la denominación, que tal vez se debiera a un santo de los primeros siglos de la iglesia, quizás originario de la isla de Chipre o de algún país de los que componían el impero bizantino pero muy pronto mis hipotésis hagioeurocentristas se hicieron trizas cuando el anfitrión refirió una historia totalmente local. El río y el lugar se llaman San Cipriano en memoria de un nativo que vivió solo en la cabecera de la fuente por largos años, cuidándola y protegiendo el bosque hasta dormirse para siempre abrazado a sus árboles tutelares a una edad centenaria como los antiguos patriarcas bíblicos.

¡Qué bella y simple anécdota de un santo del pueblo, cuya leyenda no surge de los altares sino de la protección y amor por la vida, la naturaleza, la selva y el agua!

Con el espíritu ancestral del viejo cipriano dejamos en olor de santidad el templo nemoroso dedicado a su memoria y abordamos las brujitas de regreso, a pesar de que aún es lejano el 31 de octubre. De nuevo la adrenalina de su correr rechinante sobre los rieles, interrumpido a mitad de camino por el encuentro con otro vehículo embrujado que venía en sentido contrario. No hay problema, simplemente paran ambos, uno de ellos se desmonta, da paso al otro y todos tan contentos.

Después de dejar la carrilera tomamos rumbo a Buenaventura, donde al compás de ritmos del Pacífico el alegre grupo se divide. Mis hermanas regresarán bronceadas y felices a sus trabajos en Manizales; Verónica y Dora Lucy con energías renovadas tomarán hacia Ituango en labor de defensa de los derechos humanos y yo, el menos laborioso y el más diletante del grupo, continuaré mi periplo, esta vez por el mar, hacia la parte norte del gran océano, con cuyo sencillo relato terminará este viaje por la Colombia profunda.

 

Diciembre en la Colombia profunda I

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Imagen tomada de: Hotel Estelar, Recinto del Pensamiento

A diferencia de los últimos cuatro años en que pasaba las vacaciones decembrinas fuera del país, en esta temporada de fin de 2017 quise internarme en algún lugar de la Colombia profunda. Después de consultar varios aspectos, entre ellos, desde luego el presupuestal, decidí visitar la Costa Pacífica, pasando previamente por mi ciudad natal.

Quiero entonces relatar lo esencial de este viaje en tres etapas: el reencuentro con Manizales, el descubrimiento de una hermosa reserva natural en el Valle del Cauca y un recorrido por el litoral desde Buenaventura  hasta llegar al extremo norte, Juradó, cerca de la frontera con Panamá.

Sinfonía alada

Así como muchas veces en la vida no terminamos de conocernos a nosotros mismos ni a las personas que nos rodean y con frecuencia nos llevamos sorpresas respecto de quien creíamos muy predecible, sucede con las ciudades en que se ha vivido mucho tiempo. Pasé en Manizales  los primeros 32 años de mi vida y la visito por lo menos una vez cada año. El pasado diciembre fui de nuevo, acompañado por mi esposa y una amiga argentina. Con cierto sabor a rutina, ya que había estado en ese sitio unas dos veces, llevamos a la visitante al  Recinto del Pensamiento, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Me encontré con un sitio maravilloso que estremece en cada parte del recorrido y deja una huella imborrable en el recuerdo.

recinto con bonsairecinto con colibrímariposa

Fuente: www.eje21.com.co

 

Situado en la vía que conduce a Bogotá, es una mezcla de parque natural y centro de convenciones que forma un remanso de tranquilidad y reflexión. Al visitante lo recibe la serena belleza de un pequeño lago en el que nadan peces rojos, como preámbulo del sendero por un bosque de niebla que puede atravesarse a pie o recorrerse desde el aire en telesillas.

Aún con el sabor y el olor húmedo del bosque en la piel, los ojos asombrados por el verdor de la vegetación y el colorido de las orquídeas que acechan desde los más ocultos rincones, se arriba a otras tres atracciones, a cuál más memorable: el jardín oriental, el mariposario y la colina de las aves.

El primero, con sushermosos  bonsáis y sus árboles de cerezos nos hace viajar al Japón sin necesidad de tomar el avión. El segundo nos adentra en un mundo de ensueño y fantasía entre mariposas, entre las que junto a sus compañeras de variados colores, se destacan algunas precisamente por su falta de color y su delicada transparencia.

Pero, definitivamente el asombro llega a su clímax con el más maravilloso concierto de pájaros que pueda disfrutarse: la sinfonía alada de decenas de colibríes de diferentes especies que irisan el aire con verdes de todos los colores, matizados por una que otra coloración rojiza o pechos  blancos en algunos especímenes. Llegan en diferentes oleadas a libar de las flores o de pequeños recipientes con agua levemente azucarada puestos a su disposición. Acostumbrados a uniformizar, creíamos que estos hermosos pájaros tenían apenas dos o tres variedades y ahora vemos que hay grandes diferencias entre ellos, una de las cuales es el tamaño ya que pueden medir entre 5 y 21 centímetros.

Justamente, cuando llegó otra tanda de pequeños magos del aire, tuvimos la suerte de ver casi al mismo tiempo uno de los más diminutos, haciendo malabares y aleteando alegremente con la majestad de sus ocho centímetros. La inefable emoción fue máxima al ver, oculto entre el ramaje de un árbol, el nidito de uno de ellos, del que asomaba tímidamente como espadín en miniatura el pico de una de las dos crías que lo ocupaban. Fue la visión de apenas unos segundos porque una mayor intrusión o aún la más inocente mirada nos parecían la profanación de ese encantador hogar palpitante de vida mínima y magnífica.

¡Qué vigencia adquirieron en esos momentos los versos del sacrificado periodista Orlando Sierra, nunca fue más cierta su oración a “los pájaros que anidan en la luz y salen con el sol a poner día sobre el mundo”!

Sí, estos picaflores, despertaron en el inolvidable recinto del pensamiento “los colores dormidos de las cosas”, y sacaron la noche de nuestros ojos cansados.

Con la esplendente luz de la vida que trajeron los amiguitos alados teníamos ya la mejor inspiración para la segunda parte del periplo. Dejaríamos la cordillera central para ir más al occidente, a la reserva natural San Cipriano, que referiremos en la siguiente entrega.