Audacias mayores de cien años

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Imagen tomada de https://www.youtube.com/watch?v=M1ss-8t7wM8

Por estos días de consulta anticorrupción de este agosto de 2018 se revelaron datos recogidos por la Administradora de los los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud – (Adres), según los cuales hay en el país 16.703 afiliados al sistema de salud que aparentemente tienen más de 100 años, según la fecha de nacimiento que registraron. Por rangos de edad, el 93 por ciento de estos usuarios se ubicarían entre 100 y 110 años, el 6 por ciento entre 111 y 120, y el 1 por ciento en más de 121 años.  De ese total de los centenarios encontrados en el sistema de salud, 15.026 están recibiendo el subsidio que brinda el Estado a través de su afiliación al Régimen Subsidiado de Salud. Por distribución geográfica, el 62 por ciento de los registros del régimen subsidiado se concentran en los departamentos de la región caribe, especialmente en Córdoba y Sucre.

Ya de por sí estas cifras resultan bastante sospechosas porque a pesar de la perennidad de personajes como Roberto Gerlein el del sueño eterno en el Senado, Olga Duque de Ospina con sus clásicas frijoladas con el jet set nacional y José Galat, un superdinosaurio que en sus ratos libres se alquilaba para hacer reemplazos en Bodies, la exposición de muertos plastificados,  entendíamos que Colombia no estaba dentro del listado de países con más longevos en el mundo. Además si verificamos que España, que cuenta con mayor población que nosotros y un mayor nivel de longevidad y que de acuerdo con datos de la OMS, tiene cerca de 17000 centenarios, no parece muy creible la cifra con la que se inicia esta nota. A su vez Cuba,  con mejores servicios de salud y una mayor expectativa de vida que nosotros, registra aproximadamente 2000 centenarios, nuestro país, de acuerdo  a la población total (más o menos cuatro veces más que la de la isla caribeña), de tener la misma proporción de superveteranos (lo que asuminos como hipótesis), tendría más o menos 8000 personas de edad superior a los cien calendarios.

Pero la suspicacia se incrementa al advertir que según los registros oficiales únicamente una cuarta parte de los 16.703 centenarios reporta haber recibido por lo menos un servicio de salud en el 2016. Resulta pues que no solamente tenemos una buena cantidad de supercuchos sino que son más saludables que los sardinos ya  que solamente un 25%, los más enfermitos, van al galeno y eso una vez cada año. Reconozco que al llegar a ese punto me entró algo de envidia, enfermedad de la cual según el famoso ciclista Cochise Rodríguez, muere en Colombia más gente que de cáncer. Por que si a mi edad, que todavía dista algunas décadas del siglo, tengo que ir a controles médicos por los menos cuatro veces al año, cómo va a ser posible que las tres cuartas partes de las supuestas 16 mil y pico de anticuallas se la pasen tranquilos tomando chocolatico en casa y no tengan que ir ni siquiera una sola vez en el año a tales citas.  Algo anda mal y no creo que se trate de simples fallas estadísticas al comprobar que de todos modos por este porcentaje que no aparece en los registros de atendidos médicamente de todos modos se reconoce a las EPS  la llamada Unidad de Pago por Capitación.

Estaríamos pues como en una mala película de terror ante una temible y numerosa legión de viejitos fantasmas que sólo existen en el papel para así robarse los pagos correspondientes un nuevo grupo dedicado a esquilmar el erario.

Lo que faltaba: no es suficiente con el cartel de la hemofilia, el de los pañales, el de los cupos educativos, del papel higiénico, el de la alimentación escolar, etc. Ya se ha presentado en sociedad,  con ropas anticuadas y lenguaje arcacio  el cartel de las arrugas. Un efecto colateral muy grave de este nuevo engaño es que ya ni siquiera se puede confiar en el “Plan Canitas”.

En la década del 30 de la centuria pasada, a raíz del ingreso del entonces joven Darío Echandía y otros coetáneos suyos a altos cargos en el  gobierno de la Revolución en Marcha se habló de las “audacias menores de 40 años”. Ahora los pillos dan otra muestra de su ingenio con esta enorme cantidad de audacias mayores de cien años.

Esperamos que la justicia desmantele la banda que maneja este fraude y descubra el secreto de los millones de eones que se esconde detrás de esta organización. Por lo pronto, además de sugerir que se interrogue a los ya nombrados Gerlein, Galat, Olga Duque y Belisario Betancur, entre otros, doy varias pistas que pueden orientar las investigaciones: el clan criminal no es de creación reciente sino bastante antigua, celebró a comienzos de año su viégesimo aniversario en un exclusivo ancianato del norte de Bogotá, en sesión a la que asistió como invitado de honor un delegado del club de expresidentes en su condición de “muebles viejos de la República”. Se comenta incluso que el cerebro de esa mafia añeja sería un tenebroso y experimentadísimo sujeto conocido en los  viejos fondos con el alias de “Matusalén”, que tendría conexiones con el recientemente depuesto gobernante de Zimbabwue y con el “nuevo” presidente de Malasia.

Un conocido refrán dice que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Estamos en mora de poner coto a este que por definición lleva siglos, lo que solamente puede ser posible cambiando de raíz a la vetusta clase dominante que con sus gobiernos corruptos convirtió la salud en un negocio a favor de las EPS que a la vez facilita toda clase de fraudes y ha hundido a Colombia en la ignominia y la injusticia social.

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Reconciliación en el cuerno

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, a la izquierda, y el presidente eritreo, Isaias Afewerki, a la derecha, firmando el acuerdo. / Twitter Yemane Meskel

Imagen tomada de El protestante digital

 

Recientemente, al oir la noticia de la muerte de la gran cantante española María Dolores Pradera, a la tierna edad de 93 años, sentí sorpresa, no por su fallecimiento sino porque no sabía que aún estaba viva. Algo similiar me ocurrió hace cerca de un mes, al leer sobre el acuerdo de paz entre Etiopía y Eritrea. A pesar de estar frecuentemente dando revista a las guerras poco recordadas, la vivida entre estos dos países africanos también había desaparecido de mi memoria, pues dentro del amplio espectro de guerras olvidadas, por definición, poco es recordada la que protagonizaron dos hermanos situados en la zona conocida como el cuerno de África, Etiopía y Eritrea, entre 1998 y 2000. Tal conflicto entre dos de las naciones más pobres del mundo, además de las pérdidas humanas, implicó severos daños a las economías de ambos. Los antagonistas, a pesar de haber cesado los enfrentamientos, continuaban técnicamente en guerra, ya que no se había firmado un acuerdo de paz.

Afortunadamente, en esta mitad de 2018, los más altos dirigentes de dichos países acordaron dar por terminado el conflicto y firmar la paz, lo que me motiva a escribir unas líneas sobre la historia de sus protagonistas.

Etiopía es uno de los estados más antiguos del mundo y fue uno de los primeros en acoger el cristianismo. Aún hoy gran parte de su población pertenece a esta religión. Su mito fundador es la unión entre Salomón y la reina de Saba, que originó la dinastía que rigió hasta 1974 cuando el Ejército derrocó a su último representante, Haile Selassie, conocido como “El negus”, emperador que se había llamar rey de reyes y era tratado casi como una divinidad viviente, que además inspiró al movimiento de los rastafaris con origen en Jamaica. El escritor cubano Ramiro Valdés Vivó relata en su libro “Etiopía la revolución desconocida”, cómo este autócrata, propietario de grandes extensiones de tierra y verdadero señor de vidas y haciendas, desayunaba diariamente con gran pompa y una vez terminada esta primera comida del día hacía sonar con gran estrépito enormes trompetas desde lo alto de su palacio para que los demás emperadores, reyes y grandes señores de todos los rincones del mundo ahora sí pudieran tomar sus alimentos después de que lo hizo su Excelencia, el Léon de Judá, Rey de Reyes, Ras Tafari, Elegido de Dios, etc.

Etiopía es un país principalmente agrícola, con sólo un 11% de población urbana, que porta algunos rasgos que lo distinguen de los demás países africanos:  ser un estado independiente desde hace mucho más tiempo que cualquier país de África, excepto Egipto; permaneció inconquistado durante casi 3000 años, aún en el período culminante del forcejeo de Europa por apoderarse de África, y lo fue porque era demasiado inaccesible, montañoso e inexpugnable al ataque. Sólo permaneció bajo dominación extranjera durante la ocupación italiana desde 1936 hasta 1941. Su capital es Adis Abeba, hermoso nombre que en el principal idioma del paíes, el amárico, significa “Nueva Flor”.

Por su parte Eritrea deriva su nombre del Marem Erythraeum, que es como los romanos llamaban al Mar Rojo. Su capital es la ciudad de Asmara y su idioma principal es el tigriño o tigré. Su historia contemporánea oscila entre la ocupación italiana entre 1889 y 1941 y la anexión a Etiopía que duró entre 1952 y 1991 después de una lucha de independencia iniciada treinta años antes.

El contencioso al que han puesto fin oficialmente en 2018 los involucrados tuvo lugar entre 1998 y 2000, originado en litigios fronterizos y en el trato que cada país daba a los originarios del otro en su territorio.

Se trató de una guerra muy asimétrica, en la que la superioridad de Etiopía era muy notoria, al grado de estar a punto de la derrota total de su enemigo hacia mediados de 2000. No obstante, no se produjo la toma de la capital eritrea por tropas etíopes como estaba a punto de ocurrir, debido al embargo de armas impuesto a ambas partes por el Consejo de Seguridad de la ONU y a la intervención mediadora de la Organización de Unidad Africana-OUA.

Las hostilidades fueron paradas y se volvió al status anterior al inicio de la guerra pero desde 2000 la enemistad continuaba latente y no se había firmado un pacto de paz hasta la ocasión feliz que comentamos al inicio de esta nota.

Celebremos pues la buena nueva de otro acuerdo de paz en un mundo que tanto la necesita y que es tanto más bienvenida en cuanto la guerra afectó severamente a dos pueblos que de por sí sufren grandes catástrofes por la pobreza y las frecuentes sequías.

Bienvenida la nueva era que anuncian el presidente deEritrea, Isaías Afewerki, y el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, en la Declaración Conjunta de Paz y Amistad que pone fin a la guerra entre los dos países.

Fabulando en Villa de Leyva

Palabras leídas el 28 de julio en el Encuentro de Poesía en homenaje a los sesenta años del nadaismo a nombre del Taller de Escritores Gabriel García Márquez en el acto de presentación del libro de fábulas del escritor Germán Flórez Franco.

Maestro Germán Flórez Franco, distinguida familia del escritor, amigos todos:

El Taller de Escritores Gabriel García Márquez, que se honra de tener entre sus integrantes al hombre de letras que hoy nos convoca, le da su saludo más cordial, así como a la población que nos acoge y que se ha convertido en una de las ciudades más queridas por los colombianos y numerosos extranjeros. Aquí, invitados a este extraordinario evento cultural, lamentablemente no pudimos apreciar en la majestuosidad de su cielo acogedor la ruborización intensa de la gran dama blanca de la noche, pero sí vimos el brillo del profeta de la nueva oscuridad en su búsqueda de la nada y el resplandor de dos leyendas vivientes del nadaísmo: Angelita y Jota Mario.

No es la primera vez que se nos concede el gran privilegio y honor de acompañar a Germán a la presentación en sociedad de uno de sus hijos literarios. Ya hemos sido testigos del nacimiento de Por las sendas del haikú, En las entrañas del mito y la leyenda, entre otras obras en prosa y verso, producto de su fecunda imaginación y de su acendrado amor por la humanidad y en especial por las gentes sencillas de la tierra colombiana.

Hoy, en una afortunado mestizaje entre la fábula como uno de los géneros de mayor vigencia en todos los tiempos y lugares y la rica tradición oral de nuestro país, nos presenta Póngale color, exquisito texto con decenas de fábulas en los que son protagonistas diferentes animales.

Hay quienes dicen que  además de llevarnos a conversar con los ángeles, la función de la poesía es mantener la salud del idioma, en tanto la literatura en general busca “tranquilizar a los inquietos e inquietar a los tranquilos”.

Este no es el momento para pontificar acerca de la validez de esos apotegmas. Pero sí creo que sirva como oportunidad para decir que con “Póngale color”, sí se está ayudando a la salud del idioma y del habla popular, con el valor agregado de que sirve de asesor de imagen de ciertos bichos que no han gozado de muy buena prensa. Vemos así desfilar al coleóptero reconocido por su nada exigente dieta, a la babosa, la rata, la zarigüeya (fara, runcho o chucha como también se le conoce, caracterizada por su rabipeladez cual senador de extraña cultura ciudadana) y el lagarto, entre otros. Las fábulas protagonizadas por simpáticos animales, además de solazar, seguramente inquietarán a muchos que se creían tranquilos o tal vez tranquilizarán a otros inquietos porque en todo caso muestran la complejidad de las relaciones humanas y la gran vanidad de lo que hace más desiguales a los humanos, el poder. En ellas, como en todas sus obras, nuestro autor usa la ironía y el más fino sarcasmo para denunciar la injusticia y demoler las múltiples formas bajo las cuales se enmascara y pretende legitimarse.

Pero volvamos a la razón de nuestra presencia en este evento. El Taller García Márquez, como escenario de creación literaria y cofradía de personas interesadas en las letras como reflejo de las complejidades humanas y sociales, quiere certificar ante la comunidad villaleyvana la aparición de una nueva leyenda entre las muchas que pueblan la mitología colombiana. Damos fe de la existencia fecunda y arraigada en el alma del pueblo de un extraño ser que ya bordeando su octava década se asombra y nos asombra con la ingenuidad de un niño ante las maravillas del mundo y pone a hablar a los animales, da vida a la Patasola, al Duende y otras criaturas de los montes, al tiempo que como un antiguo sacerdote del dios de las viñas nos invita a brindar pero no por uno pocos sino “por todos, los del Sur, del Norte, del Este y del Oeste, por todos los habitantes de la tierra, los de color, los sin color. Por el arco iris de la raza de América, porque podamos estrenar un nuevo cielo y acariciar con el trabajo una tierra nueva, sin explosiones de odio en su piel ni podredumbre fratricida en sus arterias, donde los peces se vistan de colores sin contaminación en sus entrañas, y no vuelva a abortar en sus orillas la vida, profanada e incierta”.

Ese mismo hombre ya legendario ha plantado en lo más hondo de la Colombia profunda la esencia de la cultura japonesa y tanto en sus haikús poéticos como en ese otro gran poema que es su existencia misma y la querencia en la que discurre junto a su compañera de vida y sueños, entre poemas, flores, amores y sufrimientos por una patria atormentada y una sociedad injusta pero donde aún hay lugar para la belleza y el anhelo de un mundo mejor.

Por último, pero no menos importante, este viejo de la montaña, a diferencia del que comandaba a la secta de los asesinos, lleva un mensaje de amor y paz y comparte el pan de la poesía con los seres que en sí mismos son los mejores poetas, los locos bajitos, dándonos un mensaje de esperanza a pesar de tantas razones para la pérdida de la fe en el ser humano.

Gracias Germán y gracias Villa de Leyva.

Dirección del Taller de Escritores Gabriel García Márquez

 

 

 

Desmonte de Unasur: puñalada a un sueño de integración y autonomía

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Con los cambios políticos en Suramérica, especialmente en Brasil, Argentina y Chile, la Unión de Naciones Suramericana-Unasur- ha entrado en cuidados intensivos. A la ofensiva que adelantan estos gobiernos para acabar este proyecto integrador se han unido recientemente y con bastante fuerza los gobernantes peruanos y el recién electo nuevo presidente de Colombia.

Iván Duque, en declaraciones dadas desde Estados Unidos (lugar que no debe haberse escogido por casualidad), dijo sin ambages que nuestro país se va a retirar de Unasur, organización a la que señala de estar ideologizada y se haberse convertido en un paraguas protector del gobierno de Maduro, amén de ser contraria a  la OEA, que a su juicio es el espacio para el análisis de los problemas continentales y donde el peso del estado norteamericano es decisivo.

Que al coro por la liquidación de esta entidad se una un gobernante de extrema derecha partidario de la alineación incondicional con la potencia del norte no es ninguna sorpresa. Pero la posición de Lenin Moreno, mandatario ecuatoriano pidiendo que se le devuelva el edificio en el que funciona la unión en Quito porque está convertido en un “elefante blanco” ya entra en la categoría de “fuego amigo” y es una verdadera puñalada por la espalda propinada precisamente por el gobierno del país que es sede y emblema de la entidad. Se esperaba que a pesar de su marcada distancia en asuntos internos con el proyecto del expresidente Correa, al amparo del cual fue elegido, al menos teóricamente se mostrara como partidario de mantener con vida el proyecto integrador de Sur América.

Somos un país poco interesado en los asuntos internacionales, lo que unido a la gravedad de los problemas domésticos hace entendible que no se haya generado mucha polémica por la posición del nuevo mandatario. Sin embargo, lo referente a Unasur ameritaría una toma de posición y verdadero debate por los partidos y dirigentes políticos, así como por los medios de comunicación y los orientadores de la opinión.

Pero no, se deja pasar sin pena ni gloria un tema   de suyo trascendente, como quiera que se relaciona con nuestra pertenencia o no a una asociación que agrupa a todos los países del subcontinente y que está concebida como un proyecto ambicioso a largo plazo sintonizado con sueños integracionistas y autonomistas que incluso venían siendo esbozados por algunas de las figuras fundadoras de la República como el propio padre de la patria que vio como una necesidad absoluta la unión de las naciones suramericanas para asegurar una inserción conjunta de ellas en el escenario internacional, entre otras razones como una forma de evitar ser engullidas por el expansionismo de Estados Unidos que ya se veía venir desde los albores del siglo XVII.

Es pues, en el mejor de los casos, una posverdad eso de que Unasur es un mascarón de proa del chavismo (desconociendo, entre otras cosas que en realidad su principal impulsor fue Brasil en la época de Lula) y se está engañando a la opinión pública sin siquiera hacer mención de que la Unión tienen como objetivo crear un espacio de integración  en lo cultural, social, económico, político y comercial entre sus integrantes, para establecer los primeros pasos de una integración mayor en la región, utilizando el diálogo político y las políticas sociales, para tratar asuntos relativos a la educación, energía, infraestructura, financiación y medio ambiente entre otros, para eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social, la participación ciudadana y fortalecer la democracia.

Dentro de los programas de Unasur está la creación de la ciudadanía suramericana, una moneda única, conectar físicamente a Suramérica mediante redes de transporte, apoyo mutuo en lo crediticio, incluso proyectos espaciales conjuntos y la reafirmación del subcontinente como zona de paz, libre de armas nucleares y el establecimiento de políticas de seguridad autónomas, no vinculadas a alianzas militares ajenas a la región.

En ese marco, la entidad jugó un papel importante en el respaldo a la institucionalidad en Ecuador en 2010 cuando el entonces presidente Correa enfrentó una intentona golpista y años después en la crisis creada por sectores separatistas de la zona oriental de Bolivia medió para bajar las tensiones entre sectores enfrentados agriamente. Es claro que se le cobra no haberse unido a los planes de la OEA y del gobierno estadounidense contra Venezuela, pero esto no significa que se haya alineado con Maduro. Esta actitud, lo mismo que su propia razón de ser como escenario que procura espacios de autonomía para los países suramericanos es lo que se le cobra ahora por parte de gobernantes que obedecen más al hegemón que a los intereses de sus pueblos.

La desinformación es tal que ha llegado hasta la satanización del expresidente Samper por su papel al frente de la Secretaría General de Unasur, llegando inclusive a describirlo como alguien enemigo de Colombia por el solo hecho de interactuar, como tenía que hacerlo, con el presidente de Venezuela procurando mediar en la grave crisis que vive esa nación. Se puede estar en desacuerdo con este exmandatario por ocho mil razones (la cifra es escogida al azar) pero no se puede desconocer su condición de demócrata ni tomar a la ligera su advertencia de que liquidar Unasur sería un suicidio para los países suramericanos.

También se pretende desconocer que en sí Unasur no es enemiga de los Estados Unidos ni de la OEA sino que pretende un modelo propio para las 12 naciones suramericanas en un marco de paz, diálogo y autonomía. Por lo demás los ahora liquidadores de este sueño integracionista engañan descaradamente al sugerir que hay paralelismo, cuando en la arena internacional es frecuente que un país pertenezca a diferentes entidades o asociaciones de países, sin que per se ello sea antagónico. España, por ejemplo, es miembro tanto de la Unión Europea como de las cumbres iberoamericanas. En América misma tenemos en un pasado reciente el Grupo de Río, el Grupo de Contadora y otros con estados que a su vez son integrantes de la Organización de Estados Americanos y más recientemente el llamado Grupo de Lima, por cierto bastante ideologizado porque lo forman los gobiernos de la derecha más recalcitrante y progringa y de hecho se creó para desestabilizar al gobierno venezolano. Esta instancia multilateral formada recientemente cuenta con la presencia de Méjico, Canadá, Colombia. Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, entre otros, y se muestra muy radical en lo referente a Venezuela, en tanto no dijo nada sobre el escandaloso fraude ocurrido hace poco en Honduras, donde se escamoteó la elección como presidente del candidato alternativo, Salvador Nasralá.

Las corrientes alternativas y el movimiento social colombiano tienen ciertamente muchos asuntos urgentes que enfrentar en estos momentos, empezando por el cruel exterminio al que vienen siendo sometidos los líderes sociales y opositores. Sin embargo, en algún momento deben también airear en los diferentes escenarios públicos e institucionales la necesidad de defender este proyecto integracionista y exigir que un tema de tanta trascendencia sea tratado con altura y con información verídica, de cara al país, entre otros escenarios en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores y en el Congreso.

No dejemos que Colombia se dé un tiro en un pie, accionado por el gatillo de Duque, seguramente movido a distancia por otros porque no creo que esto lo esté haciendo él “solito”. En vez de estar haciendo visitas al Comando Sur de las Fuerzas Armadas de una potencia extranjera (a donde muy posiblemente también llevó las “saludes” de un “presidente eterno”), el mandatario debería dedicar sus energías a otras causas que unan al país y al vecindario.

Se hace imperativo continuar la acumulación histórica de soberanía desde la integración de los pueblos, retomar la lucha en las calles y desde la base social para no estar ni sentirnos debilitados ante el Norte. Unasur es y seguirá siendo una utopía cercana para Suramérica, esperanza y lucha por asumirnos como subcontinente que puede concebir y producir “la unidad en la diversidad” en función de la ampliación de derechos y posibilidades de sus habitantes, haciendo además realidad el mandato constitucional de la orientación de la política exterior hacia Latinoamérica, enfocada en la paz en la región y en el mundo.

En una visita a Machu Pichu, embargado por la emoción de hallarme en uno de los sitios más mágicos de la tierra, miré hacia abajo y vi al fondo, en el centro del río Urubamba, una isla que tenía la misma forma de Suramérica. Pienso que esta alegoría en el corazón de lo que fuera el imperio inca no era casual y aún cuando el islote no era una formación permanente sino ocasional, quedé con la sensación de que los pueblos hermanos de esta parte de América estaremos unidos más temprano que tarde, a pesar de los intentos en contra de quienes desde el poder muestran tener el corazón (y el bolsillo, remember Panama Papers)  en otra parte.

 

Desayuno con Carra(o)squilla

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Imagen tomada de internet (15 imágenes que definen contraste entre riqueza y pobreza en el mundo, http://www.tomateunbreak.com/contraste-entre-pobreza-y-riqueza/. Pregunta del millón (de dólares): ¿ De qué lado se ubica el equipo de empalme de Duque?

 

La elección del exministro de Hacienda Alberto Carrasquilla como jefe del equipo de empalme con la administración saliente por parte del electo presidente putativo, Iván Duque Escobar, es una clara demostración del carácter abiertamente neoliberal de sus programas. De esta forma queda muy claro que su cáchara sobre la “economía naranja” y supuestos planes a favor de los sectores pobres de la población no eran más que promesas de campaña.

Si alguien todavía albergaba alguna esperanza sobre medidas del nuevo gobierno con algún sentido de justicia social, con los nombres que se han divulgado sobre otros integrantes del mencionado conjunto que realiza labores de empalme, tendrá que admitir que el llamado eufemísticamente “sector privado”, esto es, los grandes empresarios del país, tiene desde ya una representación sin antecedentes, haciendo que sea más cierta que nunca la aformación de los clásicos del marxismo en el sentido de que el estado no es más que una junta que administra los negocios conjuntos de la burguesía.

Todos los gobiernos han sido de y para los ricos, porque sobra decir que hasta ahora ninguno puede catalogarse como representante de los sectores medios y populares.  Sin embargo, seguramente como parte de la estrategia de aparentar algo de preocupación por los intereses de las mayorías, se disimulaba un poco el carácter de representantes del gran capital nacional e internacional de los altos jerarcas gubernamentales.

Si se revisa, así sea someramente la lista de las personas designadas por el mandatario para dicha tarea pareciera que estamos leyendo el directorio de las mayores corporaciones y grupos económicos, con alguna salpicadura de clanes familiares (dos Lafaurie Rivera: José Félix y Luisa Fernanda, sólo faltó que incluyeran en el sector cultura a la destacadísima María Fernanda Cabal, esposa de José Félix, recordada por su invocación a que se reunieran en el infierno Fidel Castro y García Márquez, cuando el país estaba aún en duelo por la muerte del Nobel).

Casi siempre quienes encabezan las diferentes ramas con miras a la transición son justamente las personas que van a orientar la política en las áreas respectivas en el ejecutivo entrante. No hay sotpresa entonces al ver que el sector agricultura está encabezado por José Félix Lafaurie, presidente de la Federación de Ganaderos y reconocido enemigo de la restitución de tierras, escoltado por Nicolás Echavarría, presidente de Banafrut, empresa comercializadora de banano con sede en la zona de Urabá. La salud es confiada a las cabezas de la Fundación Santa Fe, al vicepresidente de seguridad social de Suramericana y los directores de los hospitales San Vicente y San Ignacio.

En el sector comercio, entre otros capitalistas, están el empresario Arturo Calle y Carlos Enrique Moreno, presidente del Grupo Corona.

En educación fueron designados cinco rectores, todos de universidades privadas.

Como si esto fuera poco, en el rubro energía están Alejando Martínez Villegas,quien fue durante 20 años presidente de la Federación Colombiana de Petróleos y ahora lidera el gremio Glp (Gas Licuado de Petróleo) Gasnova que agrupa a cerca del 80% de las compañías del sector, y Luisa Fernanda Lafaurie, por la empresa Oleoducto Central, reconocida por sus servicios a grandes compañías como Glencore, Carbocol y al grupo Efromovich, por lo demás con gran movilidad en la silla giratoria pues ha sido viceministra y ministra de Energía.

Los anteriores son solamente botones de muestra que reseñamos para no hacer más fatigosa la relación.  Baste con mencionar un dato más: a cargo de la transición en vivienda está Luis Carlos Sarmiento junior, por la organización que lleva el nombre de su padre, Luis Carlos Sarmiento Angulo, el empresario más poderoso de Colombia.

Para finalizar, un recuerdo personal: hace cerca de 16 años asistí a un seminario convocado por el Banco de la República en el que las “estrellas” fueron un estadounidense Premio Nobel de Economía cuyo nombre no recuerdo, y Alberto Carrasquilla. El primero, contratado por unos jugosísimos honorarios, se limitó a hacer una exposición econométrica apoyado en curvas de oferta y demanda. El segundo tuvo también como sustento cuadros estadísticos con base en los cuales sostenía que había un el 30% de los asalariados ganaba menos del salario mínimo legal. Cualquiera pensaría que alguien con un mínimo de sensibilidad social y que hasta hacía poco había regentado el Ministerio de Hacienda plantearía que había que sancionar esa infracción al mínimo legal y procurar que por lo menos se cumpliera esa asignación de ley en aras de un principio elemental, si no de justicia al menos de legalidad. Pero no (iluso que es uno) el hombre sostuvo sin pestañear que lo que debería hacerse era superar esa contradicción y acercar el salario a la realidad del mercado, esto es, bajarlo y suprimir lo que considera una barrera a la libertad económica. Poco después, para paliar el desempleo luego de dejar su alto cargo, en el Ministerio de Comunicaciones le dieron un contrato en cuantía de cerca de seiscientos millones de pesos (bastantes salarios mínimos) por una corta asesoría. Falta ver si sostendría la misma tesis si en vez de esa cifra tuviera que devengar el sueldo mínimo. Desde ese momento vengo proponiendo que a todo ministro de hacienda se le debería poner a vivir (léase con el prefijo “sobre”) durante seis meses con el salario mínimo legal, para que tenga mayor conocimiento de causa sobre ese tema.

Y estos son los personajes que sindican de fomentar la lucha de clases a quienes proclaman la necesidad de un cambio democrático hacia la equidad y la justicia social en el país.

Quedamos avisados. Desde el desayuno se sabe lo que va a ser el almuerzo.

 

Solidaridad con los refugiados hoy y siempre

 

Como en las épocas de la novela Éxodo, el barco Aquarius con más de 600 migrantes africanos deambuló a la deriva por el Meditarráneo después de ser rechazados por Italia y Malta. Al menos esta vez los acogió España y no corrieron con la infame suerte de muchos otros que naufragaron en un mar que se ha ido convirtiendo en una enorme fosa común para miles de frustrados viajeros que nunca llegaron al destino soñado.

También por estos días se agudiza el tratamiento inhumano a familias que intentan ingresar por la frontera sur de Estados Unidos y reciben como respuesta del gobierno racista de Trump la detención de los adultos y la separación familiar, dejando a los niños encerrados en unas horribles jaulas.

Igualmente otra de las recientes situaciones más notorias ha sido la de los rohingyas, minoría musulmana en Mianmar (antigua Birmania) reprimidos brutalmente y obligados a salir del país por cientos de miles hacia la vecina Bangla Desh, en un genocidio que aún no termina y que ha sucedido ante los ojos del mundo.

Dificílmente podría evidenciarse un panorama más complejo para el Día Internacional del Refugiado, que desde el año 2000 se celebra el 20 de junio por decisión de la Organización de Naciones Unidas.

Los datos de esta organización  hablan de que hay en el mundo cerca de 68 millones de refugiados (entre ellos más de la tercera parte niños), esto es,  personas que han debido abandonar su país huyendo del conflicto o de la persecución para salvar sus vidas.

En un mundo donde la violencia obliga a miles de familias a abandonar sus hogares para salvar sus vidas, es el momento de demostrar que todos estamos de parte de los refugiados.

Su condición y su protección están definidas por el derecho internacional, y no deben ser expulsadas o devueltas a situaciones en las que sus vidas y sus libertades corran riesgo.

Nosotros, además de los millones de desplazados internos, tenemos por lo menos 600 mil colombianos refugiados en el exterior.

Por eso en el día mundial del refugiado debemos ampliar la solidaridad con esta población, con los compatriotas que están fuera del país y con las personas de otras naciones que han buscado protección y seguridad en la nuestra.

En lo personal es el momento de recordar y agradecer la hospitalidad que me brindó el Uruguay a fines de la década del 80 cuando por “razones de salud” salí de Colombia y permanecí allí cerca de tres años. El período vivido en esa república hermana me permitió sentir la solidaridad de numerosas personas y organizaciones que tanto a mí como a otros compatriotas nos dieron  apoyo político y fraterno calor humano. El sindicato de la construcción (Sunca), Amnistía Internacional capítulo Uruguay, el Partido Comunista y otros integrantes del Frente Amplio, la central sindical PIT/CNT, el Sindicato Médico del Uruguay, la inolvidable Celia Beatriz Fernández, verdadera mamá adoptante de los colombianos, Marina Manzini, Graciela Almeida, la familia Castiñeira-Latorre, el italiano Nazario Esposito, así como la representación de Acnur (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) que era ejercida por delegación en la Iglesia Metodista, dirigida por Teresa Aiskar, son algunas de las entidades y personas que se convirtieron en nuestros ángeles de la guardia en ese país.

Desde 2016 Acnur adelanta una campaña mundial de firmas para alentar a los gobiernos de todo el mundo para que garanticen que todos los niños refugiados tengan acceso a la educación, que todas las familias refugiadas tengan un lugar seguro donde vivir, así como para garantizar que todos los refugiados puedan trabajar o formarse para adquirir nuevas competencias y así poder contribuir positivamente a sus comunidades.

Esta campaña continuará hasta la adopción del Pacto Mundial sobre Refugiados en 2018.

Cada firma cuenta.

Nobel de Paz nos compromete en planes de guerra

Seis Ejércitos de la OTAN y países neutrales maniobran en Rumanía (video)

Imagen tomada de internet (soldados británicos en maniobras en Rumania)

Con el sol a la espalda cuando su largo mandato languidece, el presidente Santos, laureado con el Premio Nobel de Paz por sus gestiones a favor de un acuerdo con las entonces FARC-EP, muestra como una gran realización el tratado que da a Colombia el estatus de socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte-OTÁN-

Triste final para un mandatario que en este caso borra con un codo lo escrito con la mano ya que la vinculación con una alianza político-militar surgida en la Guerra Fría y que responde a los intereses de países imperialistas es totalmente contradictoria no solamente con el acuerdo para la terminación del conflicto armado interno sino también con los principios constitucionales y de derecho internacional que deben guiar la política exterior de la nación.

En primer lugar la paz que se consagra como eje del estado desde el preámbulo de la Carta y se ratifica como derecho fundamental y como deber en su artículo 22 es el primer damnificado de este verdadero pacto con el diablo ya que la OTAN (NATO por sus siglas en inglés) a donde la oligarquía colombiana nos quiere meter de “ñatas”, es por definición y por su práctica una organización guerrerista que cuenta entre sus miembros a varios estados con armas nucleares. Para solamente mencionar algunos de los casos más recientes, recordemos la agresión por parte de estados de esa organización a Libia en 2011 con un enorme costo para ese país que aún no se repone de las consecuencias de esa intervención por lo demás violatoria del derecho internacional, la presencia de tropas de la Otan en Afganistán, el apoyo a los grupos terroristas en Siria y los bombardeos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos a ese país sin permiso de la ONU y en general su política de expansión y de incremento de las tensiones en extensas zonas del planeta.

Salen también muy afectados los principios orientadores de las relaciones exteriores, los cuales según el artículo 9 de la Constitución son la soberanía nacional, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y el reconocimiento de los principios de derecho internacional aceptados por Colombia. Dichos principios son la búsqueda de la paz mundial, el arreglo pacífico de las controversias, el respeto a la soberanía de los países,  la no intervención en sus asuntos internos, puntos que no han sido muy bien tratados en la historia de la famosa OTÁN.

Además nuestra Carta establece muy claramente que la política exterior de Colombia se debe orientar a la integración latinoamericana y del Caribe, por lo que no se ve muy congruente con ese imperativo la práctica adhesión y subordinación a un ente conformado por estados de una órbita geopolítica e intereses muy ajenos a los nuestros y a los de los hermanos latinoamericanos y caribeños.

Como si fuera poco, la flamante alianza pone en riesgo otros compromisos de Colombia como la declaración de América Latina como zona de paz libre de armas nucleares y su membresía en la Unión Suramericana de Naciones-UNASUR- que es nuestro espacio natural y es incompatible con la pertenencia a otros bloques político-militares o con la presencia de fuerzas militares ajenas a la región.

El presidente, como para dorar la píldora y tranquilizar la opinión pública sostiene que en el pacto de coorperación no está contemplado utilizar la OTAN para atacar a algún país y que  “ni siquiera se trata de llevar la OTAN a América Latina”, sino de hacer que el ejército de Colombia asimile ciertas “buenas prácticas” como la participación en “misiones de paz en otras partes del mundo”. Por lo demás, Santos ha querido aclarar que la colaboración que Colombia quiere establecer con la OTAN no obliga “bajo ninguna circunstancia a participar en ningún tipo de operación militar”.

Sin embargo, me temo que la palabra presidencial no es propiamente la más creible y de hecho la experiencia enseña que frecuentemente cuando un alto funcionario niega algo es porque ya se está haciendo o planeando hacer lo contrario. Si un ministro dice que no habrá alza en algún servicio o producto es casi seguro que ya tiene bajo la manga el decreto autorizándola y Juan Manuel Santos no ha sido propiamente el personaje más cumplidor de su palabra ni el que mejor honra sus compromisos (recordemos su promesa “grabada en mármol” de que no aumentaría los impuestos). Tampoco la actitud cipaya de los gobiernos es la mejor garantía de que no nos veremos involucrados en intervenciones o en guerras ajenas. No está muy lejana la participación de nuestro ejército en la guerra de Corea. Aún en el subcontinente se nos señala como el Caín de América por darle la espalda a la Argentina en la Guerra de las Malvinas durante el gobierno de Turbay, tradición que continuó con Uribe al saludar la invasión de Estados Unidos a Irak. En fin, para no continuar una lista tan abominable, recordemos que durante el gobierno de Uribe se dieron pasos para enviar soldados colombianos a Afganistán (gestión que luego siguió durante la primera era santista el inefable minsitro Pinzón), se selló el acuerdo de instalación de bases gringas y durante el segundo período de Santos se permitió el envío de mercenarios compatriotas nuestros a Yemen y se dieron los pasos de acercamiento para los acuerdos de cooperación militar con la OTAN y la Unión Europea, a la vez que se incrementaron los encuentros secretos con el Comando Sur del ejército gringo, con el Departamento de Estado y la CIA para acordar acciones conjuntas contra el gobierno venezolano.

Que cada cual juzgue entonces qué tan creibles y sinceras son las afirmaciones presidenciales sobre el carácter limitado de nuestra asociación con la dirigencia del Atlántico Norte. Muy seguramente lo de la compra de armas sí sea verdad, incrementando un rubro nada productivo, mientras las necesidades sociales siguen en un segundo plano.

Por lo pronto, ojalá de la decisiva segunda vuelta presidencial de este domingo surja un jefe de estado verdaderamente comprometido con la soberanía nacional y con la paz en Colombia y en el mundo. Claramente no es la criatura manejada por el  expresidente de los falsos positivos (“presidente eterno de los colombianos” en palabras de quien funge de candidato) en quien se puede fincar esa esperanza, en tanto el vocero de Colombia Humana y su excelente compañera de fórmula por sus trayectorias dan más trazas de estar comprometidos con esa opción.

El ratón sonriente

Alto y majestuoso, en la sesentena conserva aún gran parte del porte elevado que debió tener en su juventud. Aunque de apellido italiano, Giacometto, que hace que la mayoría de sus conocidos lo llamen simplemente Giaco, es ciento por ciento colombiano. Su luenga barba blanca, tez rubicunda, cabellos cenicientos, botas altas y el estar enfundado en una especie de pelliza, casi siempre acompañado de un perro proletario que responde al nombre de Tito, lo hacen parecer un campesino ruso salido de una de las novelas clásicas del siglo XIX. Por eso, privadamente le digo en ocasiones Giacomujik.

Este hombre, que sigue siendo tan caribe como cuando hace ya casi cuarenta años, perseguido a causa de su militancia comunista dejó Santa Marta para entrar a ser parte del paisaje bogotano, no pierde la fe en un cambio profundo en Colombia y en el mundo y es una especie de memoria viviente a la que se puede consultar sobre el devenir de los movimientos de izquierda en el país, así como sobre la vida, obra, trayectoria y en algunos casos traición, de muchos de los grandes, medianos y pequeños integrantes de los grupos revolucionarios. Sobrevive sin empleo fijo, sin familia y sin vivienda propia, participando en marchas de protesta y ayudando a sindicatos y grupos alternativos en la pega de afiches o distribución de propaganda y en casos excepcionales acudiendo a la solidaridad de compañeros y amigos con gran dignidad y mesura.

Recientemente nos encontramos y le expresé mi asombro por verlo ese día sin su inseparable Tito. Me respondió que lo tenía castigado por ser uno de los sospechosos de la desaparición de la parte superior de su prótesis dental, la que había conseguido con grandes esfuerzos y con la ayuda de varias personas. Agregó que si no fue el perro, tuvo que ser el gato o una enorme rata que con frecuencia se hace presente en el cuarto en que duerme, pero que en todo caso el can falló fuera por acción o por omisión al  no estar atento a lo que hacía el roedor. Al preguntarle más detalles sobre la extraña situación, dijo: “ahí está la vaina, es lo más raro que me ha pasado, no se cual de ellos fue pero está entre esos tres, porque no somos sino ellos y yo. La más sospechosa es la rata porque dejé esa parte de la caja dental dentro de un vaso de vidrio  y al día siguiente encontré el recipiente quebrado, sin los dientes, cerca a un hueco por donde se esconde la rata esa. Además algo de cierto deben tener todas esas leyendas sobre el ratón Pérez, que en otros países llaman el ratón de los dientes. Quedé jodido y ahora no sé que hacer”.

Para consolarlo mi respuesta fue decirle que su caso no era tan singular, que hace poco en Manizales a un conocido le pasó algo similar. Al llegar a su casa poseido de una severa embriaguez, el perro se le tragó el puente dental que se la había caído en el patio a raíz de una fuerte vomitada. El hombre no se arredró y trató a su vez de hacer que el animal regurgitara la preciosa pieza. No lo logró inmediatamente pero durante tres días estuvo al pie de la mascota, a la que entre comidas le fue administrando laxantes, hasta que finalmente expulsó “por malam partem” la dentadura artificial. El hasta entonces mueco la tomó y después de una cuidadosa asepsis volvió a instalársela y  anda por la ciudad exhibiendo orgulloso de nuevo todo el esplendor de sus dientes, ahora más caninos que nunca.

¡Eche, no joda, no me puedo quedar atrás de tu paisano! Ayúdame a recuperar mis dientes. Tenemos que encontrar a la rata esa, anotó Giaco con una sonrisa semidesdentada. A eso me comprometí con entusiasmo y este relato forma parte de la campaña para devolver la sonrisa al querido amigo, así ello implique quitársela al roedor.

Nuestro mujik colombiano no puede continuar despojado de una parte tan importante de la imagen de todo ser humano.   Ruego a todos mis amigos estar atentos a cualquier ratón sospechoso o demasiado sonriente.

 

La montaña de los sueños

Gracias a la amable guianza de la abogada Débora Jiménez, me detuve en una leyenda que hay en la entrada de un gran local comercial en uno de los costados de la plaza Antonio Nariño en Pasto, que quizás hubiera pasado inadvertida en mi corto paso por esa ciudad. El lema que preside la entrada de la librería Shirakaba reza: “Sálvese quien lea” y con él como santo y seña pudimos acceder a su propietario, Isidoro Medina Patiño, bogotano de nacimiento y pastuso por adopción.

Este gestor cultural, verdadero hombre orquesta que es empresario, historiador, cantante, coleccionista de monedas y estampillas, amén de escritor, tiene la presencia y versatilidad de un personaje del Renacimiento que atiende con gran cortesía a sus visitantes. Con la pasión del investigador que se sumerge en el objeto de sus estudios mostró parte del gran acervo documental y gráfico que ha nutrido su profusa producción bibliográfica. De parte de ella nos hizo entrega generosamente al obsequiarnos varios títulos y al adelantar información sobre su próximo libro, a lo que agregó un disco compacto con algunas de sus interpretaciones musicales.

 Así recibí con gran emoción el texto “Santa Cruz El Cura de la Paz”, sobre la vida y obra de un cura guerrillero vasco que después de muchos avatares, victorias y derrotas en su tierra natal recaló en Nariño y se convirtió en un pastor de almas dedicado a las comunidades más pobres en los lugares más alejados. No sin cierta aprensión,  dado el aura de intocable del Libertador, también tomé de manos de su autor la obra “Bolívar, genocida o genio bipolar ” y en último lugar la historia de Mariquita, en cuya portada el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, flanqueado por una carismática iguana que en ese momento fungía de verde, posa teniendo como fondo la villa que fue sede de la Expedición Botánica.

Finalmente, el inquieto buceador del pasado anuncia y muestra como primicia el borrador de su próxima publicación, en la que cuestiona nada más ni nada menos que la figura histórica más emblemática de la región: Agustín Agualongo y diciendo que fue un fraude,  literalmente la reduce pues sostiene que no era el hmbre grande que se ha mostrado sino que apenas llegaba al metro con treinta y nueve centímetros. Argumenta que ese dato lo sacó de su ficha de reclutamiento en las milicias realistas. También se va contra el título de general que se le ha dado, el cual habría salido de una mala interpretación del relato del General Tomás Cipriano de Mosquera cuando contó que la bala que le penetró la mandíbula fue disparada desde las montañas por un grupo de 20 bandidos que tenían como comandante general al indio Agualongo. Enfatiza que eso de “comandante general”, lo convirtió en el “General Agualongo”, sin que realmente tuviera ese grado, entre otras razones porque formaba parte no de un ejército sino de una milicia local en la que no existían ese tipo de títulos. En fin, mis escasos, casi nulos, conocimientos de ese tema hicieron que solamente me limitara a escuchar y a formular alguna que otra pregunta, unida a la inquietud de cómo pueda ser tomada esta especie de profanación por parte de la opinión local. Coincidimos en que si bien es válido pensar en las posibles consecuencias de un escrito, no debe perderse nunca la libertad de expresión del autor y en la importancia del debate con pruebas y argumentos en un clima de respeto a las diferentes posiciones y que en su caso cree que la seriedad de sus estudios como historiador le permite la controversia civilizada.

El fecundo diálogo con un personaje tan interesante ya habría sido un bocato di cardinale para un amante de la historia y de las letras, pero la capital de Nariño me tenía otra grata sorpresa en mi corta visita, precisamente para disfrutar de la pluma de un destacado clérigo. Asistí a un vibrante programa en el auditorio del colegio javeriano en el que se presentó el libro Mis Caminos, del sacerdote Gustavo Jiménez Cadena. Con excelentes intermedios musicales, este jesuita presentó el texto en el que recoge 126 artículos de la columna semanal que publica en el Diario del Sur. En ellos se afrontan temas referentes a la familia, el diálogo interreligioso, el cuidado del medio ambiente, los derechos humanos, así como los avances y traspiés del posconflicto, en una línea fiel a los lineamientos del papa Francisco y en un compromiso constante con los pobres y los más débiles. Concluyó con una sentida lectura del cuento Misión Imposible, escrito en las tierras ardientes de Puerto Parra en una tarde de intenso calor en momentos de angustia y desaliento por la lentitud de los avances del Programa de Paz y Desarrollo del Magdalena Medio y especialmente de profunda tristeza por el cruel asesinato a  manos de paramilitares de Alma Rosa Jaramillo, abogada defensora de derechos que trabajaba con las comunidades en ese proyecto. La vívida narración hizo vibrar las fibras más íntimas de un público que escuchaba sobrecogido y silencioso, conmovido por el sentimiento de dolor y esperanza que deja la lucha de Alma Rosa y de tantos otros poetas sociales que han dedicado su vida a la causa de la paz, la justicia social y una Colombia mejor.

Al día siguiente dejé San Juan de Pasto. En el viaje al aeropuerto recordé que al preguntarle a Medina sobre el significado de la palabra Shirakaba me dijo que era inventada por él, que originalmente no tenía una acepción específica y la creó más por su sonido, pero que en una ocasión abordó a un viejo que con frecuencia se quedaba en silencio largos ratos frente al aviso en que está ese nombre. El hombre le contestó que no sabía por qué pero que para él esa palabra era mágica y la asociaba con una “montaña de los sueños”.

Sí, en el camino hacia Chachagüí, tibio pueblo en que está situado el aeródromo, mientras admiraba los imponentes cerros tutelares Galeras y Morasurco y me deleitaba con el verde de todos los colores de la campiña, entendí que gracias a su gente y a la compenetración con el paisaje y con el legado de los ancestros, la zona central de Nariño es en efecto, una de las más mágicas montañas de los sueños de nuestro hermoso país.

A las puertas del cielo

 

Imágenes tomadas de Wikipedia

Las majestuosas instalaciones de la Biblioteca Nacional de Colombia fueron el pasado jueves 3 de mayo el escenario para la presentación en sociedad de la producción más reciente de tres de los autores más prolíficos del Taller de Escritores Gabriel García Márquez de la Universidad Autónoma de Colombia, como actividad alterna a la Filbo 2018. Bajo la mirada tutelar del maestro Aurelio Arturo, en el auditorio que lleva el nombre del poeta de la morada al sur y del verde de todos los colores Leonardo Gutiérrez Berdejo, Rafael Castro Hernández y Jaime Jurado Alvarán presentaron ante un numeroso público las obras que vieron la luz en el primer semestre del año en curso. Previamente, en la voz mayor del maestro Mario Méndez, se leyó la nota introductoria de los “Poemas de ámbar y sal” de Idaly Monroy, también integrante de esa cofradía literaria, quien no pudo estar de cuerpo presente pero se hizo sentir en su poesía.

Con sonoros intermedios musicales del grupo dirigido por el maestro Víctor Ramírez, el director del Taller, Hugo Correa Londoño, condujo un diálogo en el que los tres escritores mostraron los aspectos más relevantes de sus obras.  A la pregunta dirigida al trío sobre cómo habían llegado a la literatura respondió primero Leonardo Gutiérrez diciendo que el nacer en el Caribe, a la orilla del Río Grande de la Magdalena lo hizo beber desde niño de una rica tradición oral que después de un largo trasegar por la economía llevó a las letras, que no se le quedan atrás en fantasía a las disciplinas económicas. Luego motivó a leer su libro de cuentos “Alucinamos clink?” en el cual se reúnen varias narraciones caracterizadas por mantener la tensión desarrollada por personajes atrapados en el surrealismo y la fantasía, en el género negro y en los trastornos psicológicos, que intentan hallar salidas certeras al sufrimiento de vivir. Como buen manejador del género, sembró el suspenso entre el auditorio al comentar cómo en la fantasía de cada relato el horror y el espejismo de la compleja realidad actual acechan en cada línea mientras las tramas se van desfigurando tras la persecución de explicaciones necesarias para subsistir.

Luego el surrealismo cedió su lugar a esa otra magia más terrenal, la del fútbol, tratada en tono realista en el libro de Rafael Castro “Nacimos con estrella, historias del fútbol aficionado” que muestra esa otra cara del deporte rey, ya no la deslumbrante de los mundiales y de las canchas iluminadas de las grandes finales de los campeonatos europeos y suramericanos, sino la modesta lucha de los clubes de aficionados e infantiles como semilleros de jugadores y escuelas de convicencia, paz y formación de valores. Destacó su obra como un aporte a la construcción de la memoria colectiva del trabajo de cientos de entrenadores, pupilos y padres de familia, así como la de grupos deportivos entre los que se destaca el club Estrella Roja del que ha sido director durante largos años. Señaló cómo una gloria del balompié actual, Radamel Falcao, surgió de una de esas escuelas y desde edad muy temprana mostró sus dotes excepcionales.

A su vez Jaime Jurado también se declaró surgido de la tradición oral, esta vez de las faldas andinas e invitó al auditorio a que lo acompañaran en la vuelta al mundo en seis cuentos de aventuras juveniles que partiendo del caluroso Sahel en el África ardiente,   viaja por el Oceáno Atlántico para unir Europa del Norte y del Sur, continúa en lo profundo del centro de Asia en las estepas mongolas, sigue en Australia y después de una parada en el llamado Continente Blanco retorna a Colombia, precisamente en las estribaciones de la Cordillera Central, al pie de la boca sulfúrica del Nevado del Ruiz, tierra natal del autor quien solicitó indulgencia por situar en su patria chica la narración correspondiente a América.

Antes de dar lugar a un animado intercambio de opiniones con el público en el que el interés se enfocó especialmente en las historias del fútbol, los autores leyeron pequeños fragmentos de sus textos.

El ciego más visionario de la literatura, desde la atalaya de la biblioteca de la eterna Buenos Aires dijo alguna vez que si el cielo existía, de alguna forma debía ser un espacio enmarcado por libros.

Por eso, al concluir la memorable velada de presentación de los miembros del Taller García Márquez, los autores y sus amables acompañantes en medio de los vapores de un espirituoso vino, se retiraron regocijados con la sensación de haber estado a las puertas del edén borgiano en pleno centro de la patria de su personaje Otálora, en otro acto de fe por Colombia.