Luz de esperanza con el Nobel de Paz

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Es sorprendente que una noticia de la mayor importancia para la humanidad como es la concesión del Premio Nobel de Paz 2017 a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) no recibiera el despliegue que merece. Es verdad que todos los días hay noticias graves en el campo internacional pero el peligro nuclear es, de lejos, el asunto más importante para el mundo desde que se crearon las armas atómicas. Literalmente, se trata de un tema de vida o muerte que debería ocupar el primer lugar en la agenda de todos los pueblos y gobiernos y en consecuencia, de la prensa.

Sin embargo, no es así y apenas se registró como un hecho más, y no en las primeras páginas el otorgamiento de este galardón a una organización internacional que agrupa a varias ONGs de un centenar de países, que en palabras del comité noruego que lo concedió, lo recibió “por su trabajo para llamar la atención sobre las consecuencias humanitarias catastróficas de cualquier uso de las armas nucleares y por sus esfuerzos innovadores para lograr una prohibición basada en tratados de tales armas”.

Además de la labor sostenida de esta coalición por varios años, se reconoce su papel en la promoción e impulso del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares que la gran mayoría de los países miembros de la ONU adoptó en julio pasado con el voto mayoritario de 155 países y el lamentable rechazo de los estados que tienen armas nucleares.

Justo es recordar que hay un país que también debería compartir este premio. Se trata de las Islas Marshall, que un acto sumamente trascendental demandó hace más de dos años a los nueve estados que tienen armas nucleares, por violar el Tratado de no Proliferación de las Armas Nucleares. Este gesto de un david surgido de la lejana Polinesia, erguido dignamente contra los nueve goliats atómicos tendría que haber sido reconocido al mismo nivel de los miembros de la ICAN, pero de alguna manera en el premio también está representado el enorme valor de la demanda presentó ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya por su gobierno, a nombre de su pueblo que ha sufrido durante largos años las consecuencias de haber sido un polígono para los ensayos atómicos de los Estados Unidos de América.

Además de celebrar este justo reconocimiento, la tarea del momento por parte de todos los pueblos y organizaciones sociales del planeta es incrementar la movilización y exigencia para que todos los estados, especialmente los más obligados a ello que son los que tienen estos instrumentos de muerte masiva, suscriban el nuevo tratado para que el mundo por fin se libere de la pesadilla nuclear. El Capítulo Colombia del Consejo Mundial de la Paz, que está en proceso de reconstitución, tiene un amplio campo de trabajo a desarrollar en esa dirección.

Beatrice Fihn, directora de la ONG Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares..

Beatrice Fihn, directora de la ONG Campaña para la Abolición de las Armas Nucleares-ICAN- (Foto tomada de Getty Images).

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