Soplan vientos de poesía

 

Foto: Tolkeyen Patagonia Turismo

El escritor y exabogado colombiano de raíces levantinas y centroeuropeas Eduardo Bechara Navratilova, ya reconocido por una amplia obra narrativa, muestra una interesante faceta de poeta, ya no solo en sus versos sino en lo que podríamos llamar el gran poema de su aventura quijotesca denominada “En busca de poetas”.

La idea le venía rondando en la cabeza desde hace muchos años, pero comenzó a hacerse carne en la primavera austral de 2010 en Córdoba, Argentina, mientras departía con dos vates gauchos, cuando uno de ellos manifestó que sería muy hermoso hacer un viaje por toda Suramérica buscando poetas desconocidos para hacerles reconocimiento. Al ver la coincidencia con su obsesión la idea tomó vuelo y al regresar a Colombia empezó a trabajar en ella y ya era más que un proyecto.

Lo que estaba planeado para un año se tornó en una epopeya que lleva un lustro y que además del enriquecimiento espiritual para su creador y para los poetas descubiertos por él, muestra su fruto concreto en el libro Breve tratado del viento sur, que es una antología de los poetas de la Patagonia.

Se trata de un texto hermoso tanto en su aspecto externo como en su contenido, rebosante de lírica y sentimiento por todos sus poros, ilustrado con mapas de esta exótica y desconocida zona del mundo, de la cual muchos tienen como única referencia el ser como una especie de sinónimo refinado de “el carajo”, “la p.m.” (punta del mapa) u otras expresiones que indican un lugar remotísimo.

La obra comienza con la presentación que hace Eduardo, bajo el título “Poesía del frío: una aproximación a la poesía contemporánea de la Patagonia argentina”, para luego mostrar la vida y parte de la producción de casi 90 poetas a las que encontró y contactó en largas jornadas que lo hacían ir de un lado a otro de la gran estepa del sur.

En introducción también muy poética nos hace sentir el aliento gélido del frío patagónico, de su ominpresente viento y nos comparte el sentimiento de soledad y pequeñez del ser humano frente a un paisaje vasto y abrumador. Es así como nos trae a Liliana Ancalao con un frío ancestral que pasa de una generación a otra al decirnos:

“las mamás/todas/han pasado frío/mi mamá fue una niña que en cushamen andada en alpargatas por la nieve/campeando chivas/yo nací con la memoria de sus pies entumecidos/ y un mal concepto de las chivas/esas tontas que se van y se pierden/ y encima hay que salir a buscarlas a la nada”.

Por su parte María José Rocatto, de Puerto Madryn también muestra la omnipresencia del viento al decirnos: “Al otro lado/la niña cuelga palabras en cordeles de viento/en medio de la nada, esta  nada fría que tiñe los días/las noches de ausencia,/vacío de ausencia”.

A juicio de Bechara, uno de los poemas que mejor describen la sensación de ser ínfimo frente a un horizonte abierto e inmenso es el número XIII, que es parte del poemario de Raúl Mansilla titulado “Las estaciones de la sed”: “En la Patagonia los espacios son fáciles de llenar. / Mirada al horizonte,/ y en segundos/ un baldazo de dios a lo imposible”.

El Taller de Escritores Gabriel García Márquez tuvo el privilegio de contar en reciente sesión especial con la presencia de Eduardo, quien comentó de primera mano sus vivencias y sensaciones en el desarrollo de este singular proyecto cultural tan marcado por el sentimiento de fraternidad y una sensibilidad muy especial frente a los seres que muchos en una sociedad marcada por el dinero como principal (y para algunos único) factor a tener en cuenta, son tomados como locos o patitos feos cuando en realidad son cisnes que nos hacen más bella la vida con sus versos únicos.

Si la  función de la poesía es mantener la salud del idioma y una de sus definiciones nos dice que es conversar con los ángeles, este Breve tratado del viento sur como resumen de la rica experiencia de lo que ha sido hasta ahora el Proyecto en Busca de poetas es un delicado e inolvidable diálogo con los hermanos y hermanas que desde un rincón lejano del continente nos traen voces que eran desconocidas pero que resultan sorprendentemente cercanas en su humanidad y belleza.

¡ Gracias a Eduardo, Anahi, Valeria, Sebastián, Verónica, Aldo, Nara y a los demás bardos que hicieron realidad este sueño patagónico y suramericano !

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Diciembre en la Colombia profunda III: Jurado con tilde

bahía cupicajuradó2

Imágenes: Google

El principal puerto colombiano sobre el Pacífico tiene una ubicación privilegiada, casi equidistante del sur y del norte, lo  que lo hace el centro de la navegación de cabotaje a lo largo de los 1300 kilómetros de costa.

Ya es 2018 en la última etapa de mi viaje, que haré tomando barco desde Buenaventura hasta Juradó, muy cerca de la frontera con Panamá. Los primeros minutos en la ciudad son de nostalgia por la ausencia de mis queridas compañeras de viaje, unida al recuerdo de quien fue mi acompañante en recorridos que hicimos en la juventud por rutas marítimas hacia el sur. Siento como si fuera ayer que César Ruiz, quien ofrendó su vida a temprana edad en el torbellino del conflicto armado luchando por una Colombia mejor, está a mi lado preguntando por el Puente El Piñal para que tomáramos el barco, unas veces hacia Gorgona, otras hacia El Charco o Mulatos, a donde intrigados iríamos en búsqueda de una extraña comunidad de rubios que parece un pedazo de Escandinavia en un remoto rincón del litoral colombiano.

Al día siguiente a tempranas horas llego al muelle de donde parten los barcos y se me indica que es el San Esteban el que tomará el rumbo norte. La embarcación es mediana y en ella varios estibadores se dedican a subir ladrillos y muchos bultos con alimentos que llevarán a Bahía Cupica y a Juradó. Hago contacto con el cocinero, un mulato veterano y bajito que me recibe con una sonrisa al saber que tenemos el mismo nombre. Me toma el importe del pasaje, sin expedirme recibo porque “por aquí eso no se usa” y me informa que debo estar hacia las 5 de la tarde porque la salida será a las 6. Su amabilidad se torna rápidamente en confianza porque me pide que le preste ciento cincuenta mil pesos para comprar unas costillitas de cerdo, a lo que le respondo que no estoy en condiciones sino de facilitarle los 20.000 que me debía devolver del  precio pagado.

Aunque estoy acostumbrado a la informalidad y a que muchos tratos de hagan de palabra en la provincia, al abandonar el sitio me entra la duda de si el hombre realmente es de la tripulación y se lo pregunto a los de portería, quienes me dicen que sí. Con un poco más de tranquilidad, por si las dudas regreso donde mi tocayo y le pregunto su número telefónico a lo que accede nuevamente con una sonrisa semidesdentada  y con una suave insistencia en el préstamo, cuestión que evado también con una sonrisa azucarada y dándole mis datos de contacto para que me avise sobre cualquier modificación en el horario.

Al llegar a la hora indicada no encuentro a Jaime sino a otro tripulante que expresa su disgusto al saber que le entregué dinero al cocinero. Pensé que había sido víctima de estafa, pero no, mientras seguía rezogando el hombre tomó mi equipaje y me pidió que lo siguiera, para acomodarme en una de las literas de un estrecho camarote en el segundo piso. Suspiré aliviado y no me pareció tan grave que se me dijera que la partida sería temprano en la mañana siguiente, a la vez que se me informaba que podía quedarme.  Al ver que no se me había enterado del cambio y que así como se postergó, también podría adelantarse sin explicación ni aviso previo, decidí pasar la noche a bordo.

Después de  largas horas en las que apenas pude conciliar por ratos un sueño arrullado por el incesante zumbido de feroces zancudos, llegó el nuevo día trayendo de a poco los demás pasajeros y tripulantes. El barco se fue llenando de la animación propia de la partida, que finalmente fue a las diez de la mañana. No fue muy tranquila porque a los pocos minutos de marcha apareció un hombre cuarentón, moreno claro de estatura mediana y musculatura de boxeador, para decirnos que no podíamos salir de las habitaciones hasta tanto hubiéramos abandonado la bahía. Temí que pudiera tratarse de que el barco llevaba sustancias ilegales, lo cual podría traernos inconvenientes a todos, pero los demás viajeros me dijeron que simplemente estaba prohibido llevar pasajeros y gas a la vez, que era justamente la situación en la que estábamos pero no era muy probable que los guardacostas nos abordaran. Casi una hora duró esta especie de detención domiciliaria porque el mismo personaje, quien era nada más ni nada menos que el capitán, pasó a informarnos que ya podíamos movernos libremente por la nave.

Había desaparecido el peligro de enfrentar a las autoridades portuarias mas no el de volar en átomos como en San Mateo. Sin embargo, me encomendé a San Ricaurte y no volví a pensar en ello porque de lo contrario no hubiera tenido un minuto de tranquilidad.

No sé si llamar a eso informalidad o temeridad pero en todo caso forma parte de la normalidad en un país que vive constantemente al borde del peligro, en el que de acuerdo a la tradición heredada de los españoles “hecha la ley, hecha la trampa” y “se obedece pero no se cumple”.

Al mismo tiempo que se nos abrían las puertas de una relativa libertad, el cielo, hasta ese momento de un celaje oscuro cual toldo gris sobre el inmenso mar, dio lugar a una claridad de añil puro, traspasada por una suave brisa odorante a sal. Pronto estaríamos pasando Bahía Málaga y desde cubierta observaba extasiado el azul traslúcido de las aguas y en lontanaza una costa de intenso verdor. Poco después apenas se insinuaba el pueblo Litoral de San Juan, a cuyo lado el río que lleva su nombre entrega su caudal bravío al Pacífico a través de un delta de unos 300 kilómetros cuadrados. Este delta se conoce como  «Siete Bocas» porque en ese número de brazos se abre la corriente fluvial en sus estertores finales al fundirse con las aguas oceánicas, no sin antes formar numerosas islas rodeadas de manglares.

Apenas intuyo la belleza del abrazo de las aguas y en medio de la gran emoción geográfica recuerdo la triste realidad de que en esa zona un gran número de indígenas wonan ha tenido que refugiarse en el casco urbano del municipio huyendo de los rigores del enfrentamiento entre fuerzas oficiales e insurgentes del ELN, como consecuencia de la ruptura de la tregua que se pactó entre ambas partes. Con gran esfuerzo y sintiéndome impotente  ante tan cruda circunstancia continúo mi periplo rogando fervientemente que se retome el camino del diálogo en búsqueda de una paz que ha resultado más difícil de lo esperado.

 Montañero en alta mar

Se me había dicho que la travesía duraba aproximadamente 17 horas pero luego me informan que son en realidad tres o cuatro días porque el barco debe parar en Bahía Cupica para dejar allí parte de la carga y que además la llegada a Juradó puede retrasarse más si la marea está baja porque en ese caso no puede atracar en su muelle. Tomo todo esto con calma porque si algo tengo claro es que en este tipo de aventuras hay que desechar la prisa y estar preparado para los cambios más intempestivos.

Entre viajeros y tripulantes formamos una pequeña comunidad de cerca de treinta personas y un  perro guardián. Reina una fraternidad silenciosa y discreta. Soy el único que proviene del interior del país y junto con Jorge, el venezolano que tratará de reingresar a Panamá, de donde fue deportado, la única persona que no es de la costa pacífica. Todos los demás son de esta área y desarrollan actividades habituales en alguno de sus pueblos o ciudades.

Las horas transcurren lentamente a bordo. El ritmo es marcado por los horarios de las comidas y por el el sueño nocturno. Se desayuna a las 8 de la mañana, el almuerzo es a las 12 meridiano y la comida se sirve a las 6 de la tarde. El arroz es el rey absoluto de la dieta, apenas complementado por alguna escasa proteína. Noto que el chef me trata con cierta deferencia y que ocasionalmente me sirve alguna porción adicional. Esto me deja sin motivación para reclamarle el dinero sobrante de mi boleto, de modo que tácitamente se queda con las vueltas. En las noches vemos en un viejo proyector alguna película gringa, invariablemente violenta, antes de ir a dormir hacia las 8, hora en la que se apaga la luz eléctrica.

Por suerte no hacía falta dicho alumbrado artificial porque en varias ocasiones en que me desperté en la alta noche, pude ver con asombro como las oscuras aguas marinas eran iluminadas por peces fosforecentes que las cruzaban veloces. Maravillado ante el inefable espectáculo soñaba tratando de imaginar los sorprendentes reinos submarinos de donde habrían salido estas criaturas de brillo indescriptible.

Hubiera querido compartir con todos los compañeros de viaje pero las ocupaciones de unos, el mutismo de otros y mi horario de lecturas apenas me dejaronn espacio para algunos. Cada uno tiene su propia historia y resalto los que me abrieron unas páginas del libro de sus vidas. En ningún barco puede faltar un exconvicto y así encuento que Albeiro, el pinche de cocina, de unos 45 años, negro y achaparrado, pagó 10 años de cárcel en E.U. por narcotráfico. Lo simpático es que en ese tiempo no aprendió inglés allí pero sí se alfabetizó en la prisión en español; recuerda que le daban buen trato y que las condiciones eran buenas pero que a los sindicados de terrorismo sí les dan un trato en extremo severo. Con un nombre que lo predestinaba a la religión y a la concordia, el pasajero más veterano y más sabio era Evangelista Paz, de piel aceitunada, 71 años, de gafas, estatura y complexión medias, jubilado como profesor de navegación marítima del Sena, de trato afable, buena cultura, entusiasta predicador de una rama del budismo. Me comentó que se dedicaba  a vender productos naturistas y resultó ser un gran experto en la cultura negra y de la idiosincrasia de la gente del Pacífico. Por su parte Erasmo, otro negro entrado en años, alto y delgado, se dirigía a retomar su trabajo como panadero en Juradó, después de visitar a su familia en Buenaventura por la temporada decembrina. Victoria, enorme morena de gran caderamen y fortaleza de luchador de sumo, también venía de visitar a su familia y retornaba a su empleo de cocinera en un restaurante. El más dicharachero era Arcesio, negrito menudo y bajo,que decía tener 56 años pero aparentaba por lo menos 10 más, contaba historias de su vida de pescador y se mostraba muy feliz y nada precupado por lo prolongado del viaje porque eran días en que tenía asegurada la comida y “afilaba los dientes” desde antes de cada alimento. La nota de actualidad la puso Jorge, venezolano que intentaba reingresar ilegalmente a Panamá de donde fue expulsado por estar sin documentos. Trabajaba en una compañía de vigilancia, en una de las empresas custodiadas hubo un robo, capturaron al ladrón y cuando fue a declarar él también fue detenido por papeles, ingresando a la misma celda con el delincuente. Estaba desesperado por regresar y no le importaba tener que hacerlo ilegalmente pues su esposa e hijas habían quedado solas y desamparadas en el país istmeño. Era un claro candidato a caer en manos de las redes de traficantes de personas o de drogas que pululan en las áreas fronterizas. Por su parte, Zulia Siágama, mujer indígena que viajaba con su hija Idaly, solamente accedió a decirme sus nombres, tal vez porque la niña estuvo indispuesta por el balanceo de la embarcación la mayor parte del tiempo.

Una nota muy curiosa la puso Arley, joven negro de gran estatura que hablaba de grandes negocios a menudo delante de todos por celular, a veces mencionando cifras millonarias. Esto no tendría nada de extraño, de no ser porque una vez mientras me bañaba en la parte alta del buque lo escuché mientras decía a uno de sus interlocutores telefónicos que se le habían acabado los minutos y le pedía que le hiciera una recarga de 5.000 pesos.

Bahía Cupica

Desde el comienzo de esta aventura deseé que el viaje no fuera muy corto ni de una sola etapa sino que por el contrario esperaba que se hiciera escala al menos en algún pueblo costero para conocer un poco más.  El recorrido continuó  y lentamente pasamos por Pizarro, Nuquí, El Valle, y Bahía Solano, sin detenernos en ninguno de ellos pero al tercer día de navegación fondeamos en Bahía Cupica, hermosa ensenada visitada en ciertas épocas del año por las ballenas jorobadas que suben siguiendo las frías corrientes del sur hasta llegar a estas tibias aguas tropicales. No vimos estos cetáceos por no ser temporada pero sí pudimos disfrutar de la belleza de la bahía y descender a tierra hasta una refrescante cascada de agua dulce. Alternando inmersiones en el mar con el masaje de la cascada, desaparecía cualquier asomo de cansancio que pudiera haber dejado la larga permanencia en el barco.

Al día siguiente volvemos a bajar al continente y al preguntar por el pueblo se nos informa que fue trasladado un poco tierra adentro debido a una creciente del río que lleva su mismo nombre y que lo afectó seriamente unos años atrás. Ahora, para llegar a la población se camina entre un sendero de tablas levantado sobre un exuberante manglar. Apenas estoy recorriendo la calle de entrada cuando uno de los tripulantes me avisa que es hora de volver a la canoa que nos llevará de regreso al San Esteban. Retorno con la nostalgia de no poder saborear un poco más el sabor del villorrio pero con la alegría de haber estado en sus alrededores y con el consuelo de haber saludado y ser despedido por una numerosa y feliz chiquillada que corría feliz y descamisada en los alrededores.

No fueron los infantes los únicos en despedirse con júbilo. Al zarpar de nuevo rumbo al norte, juguetonas parejas de delfines nos escoltaron durante un buen rato saliendo de las aguas para zambullirse de nuevo entre chapoteos, dejándonos el recuerdo inolvidable de una mañana de terciopelo derramado como bendición en el azul turquí del mar del sur.

El río de los cunas

Es ya la mitad del cuarto día y por fin nos acercamos a nuestro destino. Desde niño soñaba con visitar algún día el pueblo que lleva mi apellido aunque con acentuación diferente. Mi padre insistía en que en esa coincidencia había algún mensaje en clave o que por lo menos allí debía dársenos un trato especial. No aspiro a eso y me doy por bien servido con conocer este lugar de la patria tan ligado sonoramente a mis ancestros. De un presunto significado del topónimo como “río de caníbales” que algún ignorante con ínfulas de conocedor me dijo en mi lejana niñez, probablemente con el ánimo de disuadirme del viaje que iba a hacer tarde o temprano, solamente queda un recuerdo sonriente y compasivo, para dar lugar a la verdadera etimología del lugar: “ río de los indios cunas”.

El San Esteban no puede atracar directamente en el pequeño desembarcadero sobre el río Juradó porque lo bajo de la marea le impide ese acercamiento. Por ello tomamos pequeñas lanchas que nos conducen al pueblo.

La cabecera municipal se halla ubicada a orillas del mar, en un territorio insular formado por las desembocaduras de los ríos Juradó y Partadó, los cuales luego de unirse se separan para desembocar en dos bocanas de acceso al mar (boca vieja y boca nueva), conformando así un pequeño islote que queda expuesto a las turbulencias tanto de las aguas marinas como fluviales.

Tres días pasé en el poblado del que de alguna manera soy epónimo, o más bien una especie de homónimo, con la hermandad espiritual que esto comporta. Me atienden y guían amablemente Germán Vélez y Jezra Achito, el uno líder cívico y el otro joven promesa de la comunidad embera que habita selva adentro y que tiene a uno de sus miembros, Alberto, padre de Jezra, regentando los destinos del municipio.

En una caminata por la playa, rumbo a una de las desembocaduras del río que da su nombre al pueblo, encuentro la base de la Armada que fue objeto de un fuerte ataque por parte de las Farc-ep en 1996 con el resultado de decenas de infantes de marina muertos y cerca de 70 tomados como prisioneros por los rebeldes. Pregunté a varias personas sobre ese hecho histórico y noté mucho hermetismo al respecto; solamente dos o tres me dieron datos muy genéricos, agregando que a raíz de la violencia se desplazaron por varios años. Es claro que las heridas dejadas por la guerra tardan en desaparecer.

Aún cuando mis amigos del barco fondeado en las afueras se ofrecían a llevarme en su viaje de regreso, la incertidumbre sobre la fecha de su partida y el saber que podrá demorarse aún más que de venida porque se detendría en varias partes a recoger madera (más el temor incrementar dramáticamente la estadística de consumo de arroz per cápita), me hicieron buscar otras alternativas.

Finalmente logré ser despachado en una avioneta con rumbo a Medellín, para terminar así este involvidable recorrido por la Colombia profunda.

 

Contracuestionario para Dios Junior Vélez

El periodista LuisCarlos Vélez publicó en El Espectador reciente columna en la cual manifiesta que ante las dificultades para lograr una entrevista con el candidato presidencial Gustavo Petro, le presentó una serie de preguntas para contestar sí o no. Son en total 24, las primeras cuatro las retoma del comunicador José Ramos y le añade las otras veinte de su propia cosecha.

No soy defensor de oficio del señor Petro y de hecho tengo algunos reparos frente a él, pero me parece que se le está sometiendo a matoneo y que una de las muestras de ese juego nada limpio la constituye este cuestionario. Luis Carlos está en todo su derecho de tener la opinión política que quiera, lo mismo que de expresarla. Sin embargo, me parece que abusa de su condición privilegiada de periodista y del medio en que publica, al formular preguntas en forma sesgada, claramente dirigidas a hacer quedar mal a su destinatario y al incluir dentro de ellas, ni más ni menos la última, que es la que más queda grabada en la mente del lector, el interrogante de si cree en Dios, asunto que es del orden privado y de la libertad de conciencia, según la cual nadie será molestado por sus creencias ni obligado a revelarlas.

Como no le quiero echar más leña al fuego de los agrios enfrentamientos políticos que se viven diariamente en el país, me limitaré a las anteriores observaciones generales, a transcribir el cuestionario inicial y a presentarle al señor Vélez un contracuestionario de  mi autoría y responsabilidad exclusivas.

Preguntas de Luis Carlos Vélez para Gustavo Petro:

Tomadas de Jorge Ramos:

  1. ¿Fue Hugo Chávez un dictador?
  2. ¿Es Nicolás Maduro un dictador?
  3. ¿Es Cuba una dictadura?
  4. ¿Realizaría una constituyente?

Propias de Vélez:

  1. ¿Recibe ayuda de Venezuela en especie o en efectivo para su campaña?
  2. ¿Conoce a la empresa Cambridge Analytics, experta en Big Data y apoyo político?
  3. ¿Permitiría inversión extranjera en el sector de hidrocarburos?
  4. ¿Le quitaría a los privados los fondos de pensión?
  5. ¿Cerraría los medios de comunicación?
  6. ¿Pondría un límite en el número de propiedades que pueden tener los colombianos?
  7. ¿Usted o su esposa estuvieron a punto de comprar una vivienda en el norte de Bogotá por más de $ 1.700 millones el año pasado?
  8. ¿Tiene usted a su nombre o en el de su esposa una casa de fin de semana en Chía valorada en cerca de un millón de dólares?
  9. Si la respuesta es positiva, ¿ de dónde vienen los fondos? (Una frase)
  10. ¿Modificaría los acuerdos de paz?
  11. ¿Recibiría el apoyo d la FARC para su campaña presidencial?
  12. ¿Apoyaría un proceso de paz con el ELN?
  13. ¿Cambiaría la Constitución para reelegirse?
  14. ¿Cree en la regla fiscal?
  15. ¿Ha montado en Transmilenio desde que dejó la Alcaldía?
  16. ¿Cree en Dios?

 

Preguntas de J.J.para Vélez

  1. ¿Fue Simón Bolívar un dictador?
  2. ¿Qué es más democrático en Donald Trum: el peluquín o el muro en la frontera con Méjico?
  3. ¿Han sido democráticas las elecciones en que ganaron Bush hijo y Trump?
  4. ¿Qué es mejor para Colombia, una Constituyente o un Reconstituyente made in El Ubérrimo?
  5. ¿Recibe apoyo del gobierno o de fundaciones de los Estados Unidos?
  6. ¿Ha investigado las relaciones entre Cambridge Analytics y Enrique Peñalosa? ¿ Ha almorzado con el rumorólogo venezolano J.J. Rendón?
  7. ¿Cree que sin las tetas de la inversión extranjera no hay paraíso fiscal?
  8. ¿Cree que los fondos privados no le “quitan” nada a los pensionados?
  9. ¿Son intocables los “imparciales” medios de comunicación? ¿Es ético hacer un cuestionario sesgado y prejuicioso?
  10. ¿Sabe cuántos colombianos no tienen propiedad alguna?
  11. ¿Cuántos vehículos particulares tiene su familia para eludir el pico y placa?
  12. ¿Cree que la 72 ya es muy al sur?
  13. ¿Tiene amigos que sean del estrato tres o menor?
  14. ¿Tiene como encrucijada en el alma modificar los acuerdos de paz o hacerlos trizas?
  15. ¿Cree que siempre el apoyo de la Farc es un abrazo de oso?
  16. ¿Prefiere el proceso de paz con los elenos o que continúe una guerra en la usted no pone el pecho?
  17. ¿Es malo que Petro cambie un articulito?
  18. En una frase, explique las relaciones socioeconómicas, las compjeidades macroeconómicas y las paradojas matemáticas entre la regla fiscal y la regla de tres.
  19. ¿Ha usado alguna vez transporte público en Colombia?
  20. ¿Cree en la Santísima Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo o solamente en la santísima dualidad de Dios Antonio y su hijo Unigénito? ¿Qué opina de la inmortalidad del cangrejo?

 

 

Diciembre en la Colombia Profunda II: San Cipriano

 

Fuente: Google, imágenes de la reserva natural San Cipriano

A Buenaventura los colombianos la asociamos con su zona portuaria y con las playas que enmarcan su bahía. Así una de las canciones más populares la define como “bello puerto del mar mi Buenaventura, donde se aspira siempre la brisa pura”. Ciertamente es su aspecto más conocido, en tanto pocos se preguntan por su área rural, prácticamente desconocida y apenas limitada en el imaginario colectivo a una enigmática selva. A ella quisimos ir para acercarnos al menos parcialmente a esa cara oculta de los 6.078 kilómetros cuadrados del municipio que lo convierten en el mayor de la región pacífica.

Acompañado de mis hermanas Mercedes y Claudia, de la argentina Verónica y de Dora Lucy, salimos de Manizales al fin de la tarde para pernoctar en Guadalajara de Buga, al amparo de su milagroso. Al día siguiente tomamos la carretera al mar, para bajar en un sitio ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad de la buena ventura.

Nos recibe un calor pegajoso y en medio de decenas de personas hacemos fila para cruzar el puente colgante  sobre el río Dagua. Un colorido aviso nos informa que ya estamos en la reserva natural comunitaria de los ríos San Cipriano y Escalerete, de los que se surte de agua la urbe. La catarata de emociones, iniciada en el bamboleo  del puente, se hace más fuerte al abordar una de las “motobrujas”, especie de carritos esferados que transportan carga y personas sobre la vía férrea, movidos por una motocicleta incrustada en su estructura que deja su llanta trasera en la parte externa para que haga contacto con los rieles.

Son cerca de 16 kilómetros entre árboles y pequeñas quebradas, refrescados por el viento y por la sombra que da la vegetación, pasando en una ocasión por un puente sobre otra corriente fluvial y dos o tres veces por túneles. Nos informan que la vía sigue siendo utilizada por el tren y no nos tranquiliza mucho el que el conductor nos diga que solamente es determinados días, que de alguna manera se les avisa y que en esos eventos simplemente se para la brujita y se le baja para ponerla a un costado.

Ya en el pequeño poblado que es centro de la reserva encontramos gran animación entre los habitantes locales, todos negros de piel brillante y sonrisa franca que reciben con entusiasmo a los numerosos visitantes. La aldea se compone de una larga calle al lado de un riachuelo de aguas transparentes y frescas, que le da nombre al santuario, justamente el topónimo de un hombre santo: San Cipriano.

Entre inmersiones en las prístinas aguas y caminatas por los alrededores transcurrieron fugaces como en un sueño hermoso y efímero los dos días vividos en este paraíso escondido. Especialmente impactante fue la visita a la cascada, rincón mágico en el que el agua se desprende cantarina desde un peñón para formar un hermoso charco que recoge y refleja todos los verdes del follaje circundante. Fue nuestro amable guía Crisanto, longilíneo y atlético moreno, que como todos los de su raza muestra cierta indefinición en la edad ya que de jóvenes parecen mayores y de viejos menores de los años que realmente tienen. Especulábamos que podría tener entre 19 y 77 años y él mismo, con risa discreta nos informa que está cerca a los 40.

Mi curiosidad insaciable me llevó a preguntarle por el origen del nombre de la reserva. Me imaginaba, dado el carácter claramente cristiano de la denominación, que tal vez se debiera a un santo de los primeros siglos de la iglesia, quizás originario de la isla de Chipre o de algún país de los que componían el impero bizantino pero muy pronto mis hipotésis hagioeurocentristas se hicieron trizas cuando el anfitrión refirió una historia totalmente local. El río y el lugar se llaman San Cipriano en memoria de un nativo que vivió solo en la cabecera de la fuente por largos años, cuidándola y protegiendo el bosque hasta dormirse para siempre abrazado a sus árboles tutelares a una edad centenaria como los antiguos patriarcas bíblicos.

¡Qué bella y simple anécdota de un santo del pueblo, cuya leyenda no surge de los altares sino de la protección y amor por la vida, la naturaleza, la selva y el agua!

Con el espíritu ancestral del viejo cipriano dejamos en olor de santidad el templo nemoroso dedicado a su memoria y abordamos las brujitas de regreso, a pesar de que aún es lejano el 31 de octubre. De nuevo la adrenalina de su correr rechinante sobre los rieles, interrumpido a mitad de camino por el encuentro con otro vehículo embrujado que venía en sentido contrario. No hay problema, simplemente paran ambos, uno de ellos se desmonta, da paso al otro y todos tan contentos.

Después de dejar la carrilera tomamos rumbo a Buenaventura, donde al compás de ritmos del Pacífico el alegre grupo se divide. Mis hermanas regresarán bronceadas y felices a sus trabajos en Manizales; Verónica y Dora Lucy con energías renovadas tomarán hacia Ituango en labor de defensa de los derechos humanos y yo, el menos laborioso y el más diletante del grupo, continuaré mi periplo, esta vez por el mar, hacia la parte norte del gran océano, con cuyo sencillo relato terminará este viaje por la Colombia profunda.

 

Diciembre en la Colombia profunda I

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Imagen tomada de: Hotel Estelar, Recinto del Pensamiento

A diferencia de los últimos cuatro años en que pasaba las vacaciones decembrinas fuera del país, en esta temporada de fin de 2017 quise internarme en algún lugar de la Colombia profunda. Después de consultar varios aspectos, entre ellos, desde luego el presupuestal, decidí visitar la Costa Pacífica, pasando previamente por mi ciudad natal.

Quiero entonces relatar lo esencial de este viaje en tres etapas: el reencuentro con Manizales, el descubrimiento de una hermosa reserva natural en el Valle del Cauca y un recorrido por el litoral desde Buenaventura  hasta llegar al extremo norte, Juradó, cerca de la frontera con Panamá.

Sinfonía alada

Así como muchas veces en la vida no terminamos de conocernos a nosotros mismos ni a las personas que nos rodean y con frecuencia nos llevamos sorpresas respecto de quien creíamos muy predecible, sucede con las ciudades en que se ha vivido mucho tiempo. Pasé en Manizales  los primeros 32 años de mi vida y la visito por lo menos una vez cada año. El pasado diciembre fui de nuevo, acompañado por mi esposa y una amiga argentina. Con cierto sabor a rutina, ya que había estado en ese sitio unas dos veces, llevamos a la visitante al  Recinto del Pensamiento, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Me encontré con un sitio maravilloso que estremece en cada parte del recorrido y deja una huella imborrable en el recuerdo.

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Fuente: www.eje21.com.co

 

Situado en la vía que conduce a Bogotá, es una mezcla de parque natural y centro de convenciones que forma un remanso de tranquilidad y reflexión. Al visitante lo recibe la serena belleza de un pequeño lago en el que nadan peces rojos, como preámbulo del sendero por un bosque de niebla que puede atravesarse a pie o recorrerse desde el aire en telesillas.

Aún con el sabor y el olor húmedo del bosque en la piel, los ojos asombrados por el verdor de la vegetación y el colorido de las orquídeas que acechan desde los más ocultos rincones, se arriba a otras tres atracciones, a cuál más memorable: el jardín oriental, el mariposario y la colina de las aves.

El primero, con sushermosos  bonsáis y sus árboles de cerezos nos hace viajar al Japón sin necesidad de tomar el avión. El segundo nos adentra en un mundo de ensueño y fantasía entre mariposas, entre las que junto a sus compañeras de variados colores, se destacan algunas precisamente por su falta de color y su delicada transparencia.

Pero, definitivamente el asombro llega a su clímax con el más maravilloso concierto de pájaros que pueda disfrutarse: la sinfonía alada de decenas de colibríes de diferentes especies que irisan el aire con verdes de todos los colores, matizados por una que otra coloración rojiza o pechos  blancos en algunos especímenes. Llegan en diferentes oleadas a libar de las flores o de pequeños recipientes con agua levemente azucarada puestos a su disposición. Acostumbrados a uniformizar, creíamos que estos hermosos pájaros tenían apenas dos o tres variedades y ahora vemos que hay grandes diferencias entre ellos, una de las cuales es el tamaño ya que pueden medir entre 5 y 21 centímetros.

Justamente, cuando llegó otra tanda de pequeños magos del aire, tuvimos la suerte de ver casi al mismo tiempo uno de los más diminutos, haciendo malabares y aleteando alegremente con la majestad de sus ocho centímetros. La inefable emoción fue máxima al ver, oculto entre el ramaje de un árbol, el nidito de uno de ellos, del que asomaba tímidamente como espadín en miniatura el pico de una de las dos crías que lo ocupaban. Fue la visión de apenas unos segundos porque una mayor intrusión o aún la más inocente mirada nos parecían la profanación de ese encantador hogar palpitante de vida mínima y magnífica.

¡Qué vigencia adquirieron en esos momentos los versos del sacrificado periodista Orlando Sierra, nunca fue más cierta su oración a “los pájaros que anidan en la luz y salen con el sol a poner día sobre el mundo”!

Sí, estos picaflores, despertaron en el inolvidable recinto del pensamiento “los colores dormidos de las cosas”, y sacaron la noche de nuestros ojos cansados.

Con la esplendente luz de la vida que trajeron los amiguitos alados teníamos ya la mejor inspiración para la segunda parte del periplo. Dejaríamos la cordillera central para ir más al occidente, a la reserva natural San Cipriano, que referiremos en la siguiente entrega.

 

 

 

¡ Feliz cumpleaños, Ahed !

SUMAR MI NOMBRE

Este 31 de enero cumplirá 17 años la niña palestina Ahed Tamimi. No será un aniversario en la intimidad de su hogar compartiendo con familia y amigos. Será en una fría celda en el territorio de Israel, juzgada por un tribunal militar que la acusa de 12 cargos. Fue detenida recientemente en su propia casa por soldados israelíes que pisotean a Palestina desde hace más de 70 años, por abofetear a dos militares fuertemente armados después de que fuerzas ocupantes hirieran a un primo suyo en medio de protestas por la colonización y contra el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte del presidente de los Estados Unidos. La detención y juzgamiento de esta joven viola toda la normativa nacional e internacional que protege a los menores de edad. Es una monstruosidad que un estado que tiraniza al pueblo palestino, que viola las resoluciones de la ONU y que mantiene e incrementa las colonias israelíes en las tierras palestinas se arrogue el derecho de juzgar (además por jueces militares, si así puede llamárseles) a quien se ha expresado de manera no armada contra los representantes de la ocupación. A la luz del derecho internacional es incluso válido el derecho de resistir la ocupación por todos los medios. El estado de Israel no tiene la más mínima legitimidad para detener, procesa ni mucho menos juzgar a esta valiente adolescente, tanto por la ilegalidad de la presencia de soldados y colonos en tierras que no les pertenecen, como por la justeza de la resistencia.

Una condena a Ahed sería una bofetada al pueblo palestino y a toda la conciencia del mundo. Además de una aberración sería  más que un crimen, una estupidez que minaría aún más la imagen del propio estado de Israel e incrementaría formas de protesta mucho más radicales que las que ejerció esta chica. Así mismo, sería un paso más en el hundimiento de la propia sociedad israelí, en la que lamentablemente son mayoría las voces que claman por más militarización y odio contra los palestinos. Las declaraciones de altos dignatarios oficiales, simplemente serían una muestra más del ridículo, de no ser porque representan el pensamiento prepotente y racista de un estado que se ha convertido en el principal peligro para la paz en la región más explosiva del mundo. No parece haber mucha sensatez en un país en el que el ministro de educación clama porque se tenga a la joven de por vida en la cárcel y la de cultura manifiesta que se sintió personalmente humillada y aplastada por Ahed, sin que se mencione una sola palabra sobre la ilegalidad de la ocupación, en tanto otro alto burócrata duda de que sea palestina porque tiene pelo rubio y los ojos claros. Por suerte hay quienes salvan la honra colectiva de se país, como el poeta israelí Yehonatan Geffen quien afirma que en la bofetada de Tamimi “había 50 años de ocupación y de humillación” de los Palestinos, la describió como luchadora por la justicia y la comparó a la joven de 16 años con otras tres heroínas de la historia: Juana de Arco, Hannah Senesh y Ana Frank.

De ahí la importancia de la campaña internacional por la liberación de Ahed, que tiene diferentes expresiones, entre ellas la recolección de firmas por internet a través de la red Avaaz. Transcribo el llamamiento suscrito por su padre y convoco a que lo apoyemos, con la seguridad de que se estará respaldando una causa más que justa y contribuyendo a que Israel mismo no siga enceguecido en su propio delirio de dominio sobre otros pueblos.

Este es el llamado de Based Tamimi:

“SUMAR MI NOMBRE

Sacaron a mi hija de 16 años a rastras de la cama en mitad de la noche y la arrestaron. Aunque solo es una niña, el ejército se negó a dejarla ir. Podría pasarse años en la cárcel. He dedicado mi vida a la resistencia civil en Palestina. Es por eso que el ejército israelí retiene a mi niña — quieren doblegar mi espíritu. Mi único deseo es abrazar a mi hija de nuevo. Con un solo clic, por favor, únete a mi llamamiento para liberarla:

Queridos amigos y amigas:

Hace unos días varios soldados asaltaron mi casa en mitad de la noche y se llevaron a mi hija de 16 años a rastras hasta la cárcel. Ahora está en una fría celda.

He dedicado mi vida a la resistencia civil. Es por eso que el ejército retiene a mi niña — quieren doblegar nuestro espíritu. Pero he sido miembro de Avaaz durante ocho años — y he visto el poder que tiene esta comunidad si todos juntos nos levantamos contra las injusticias.

Llevarán el caso de mi niña a juicio el 31 de enero — pero los tribunales militares de Israel condenan al 99% de los palestinos, aunque sean niños. Por favor, únete al llamamiento urgente a continuación con un solo clic — se lo entregaremos directamente a los líderes mundiales:

Ayúdame a liberar a mi hija Ahed

A todos los líderes mundiales:

“Les exigimos la liberación de Ahed y de todos los niños y niñas palestinos retenidos injustamente en cárceles militares israelíes.

La comunidad internacional debe poner fin a la detención y el maltrato de los niños que están en estas prisiones. Ya basta.

A Ahed y a cada niño y niña en cárceles militares israelíes: Estamos contigo y te abrazamos en la distancia. No nos rendiremos hasta que seas libre. No estás sola.”

Ayúdame a liberar a mi hija Ahed

Cuando la vi en el juzgado estaba pálida y temblando, esposada y claramente sufriendo. Me dieron ganas de llorar pero no podía — tenía que ser fuerte para que ella estuviera fuerte.

Entonces el juez denegó la posibilidad de fianza y ahora mi hija podría pasarse meses o años entre rejas antes siquiera de ir a juicio. ¡No hay razones para retenerla así! Se la llevaron por abofetear a un oficial fuertemente armado después de que sus soldados le dispararan a su primo pequeño en la cara, destrozándole el cráneo. Pero en vez de centrarse en los disparos a un menor, se centran en mi hija y ahora la acusan de 12 crímenes.

¡Han arrestado a más de 12 mil niños y niñas palestinos desde el año 2000! Da igual dónde te posiciones en este conflicto: todos estaremos de acuerdo en que no deberían meter a ningún niño en cárceles militares sin un juicio justo y donde están sujetos a abusos.

Me he puesto en contacto con diplomáticos personalmente. Pero mi voz no es lo suficientemente fuerte por sí sola. Es por eso que te pido ahora que me apoyes. Sabemos que los tribunales militares no quieren el foco internacional sobre ellos, y los políticos israelíes no quieren que el tema de los niños y niñas encarcelados se convierta en un enorme escándalo público. Suma tu nombre — solo nos quedan unos días:

Ayúdame a liberar a mi hija Ahed

La fuerza y la pasión por la libertad, la justicia y la creación de un mundo mejor para la siguiente generación es lo que me ha inspirado de este movimiento. Es por eso que acudo a ti — porque sé que, si alguien puede liberar a mi hija y a todos estos niños y niñas, es la comunidad de Avaaz.

Con esperanza y determinación,

Basem Tamimi con el equipo de Avaaz”

 

Testimonio imperecedero

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Fuente: avizora.com   /  laguia2000.com

Dentro de los miles de actos de heroísmo ocurridos en la Segunda Guerra Mundial sobresalen los dos levantamientos de los judíos confinados por los nazis en el gueto de Varsovia, el primero en 1943 y el segundo el año siguiente, ambos sofocados sin piedad por la máquina del terror hitleriano.

Poco después de terminada la gran hecatombe, se cuenta que entre las ruinas, en medio de piedras carbonizadas, fue encontrada una botella que contenía un testamento escrito unas horas antes del fin del gueto en el primero de los dos alzamientos.

Presento el texto completo, en un conato de traducción propia del ladino al español (lenguas bastante similares, como quiera que el primero, conocido también como judeo español deriva del segundo), con excusas por las posibles imprecisiones, pero con la confianza de que se respetó al máximo el sentido y el espíritu del escrito. Su importancia es indiscutible, lo mismo que el estremecedor testimonio de la valentía de los que decidieron morir con las armas en la mano antes que ser exterminados como corderos por la horda nazi. Contiene importantes reflexiones sobre la fe en dios, cuestionamientos sobre por qué permitió que ocurriera la atrocidad del holocausto y sobre el castigo a los victimarios, a los indiferentes y a quienes condenaron de dientes para afuera los crímenes pero en el fondo los aprobaban, así como sobre si Hitler fue un monstruo o más bien un producto de la sociedad de su época. En fin, es un material para analizar y discutir que se puede prestar para diferentes interpretaciones pero que conmueve hasta las lágrimas.

Varsovia, 28 de abril de 1943.

Yo Yossel Rakover de Tarnopol, hijo de personas justas y virtuosas, escribo estas líneas mientras arde el gueto de Varsovia. La casa en la que me encuentro es una de las últimas que todavía no está quemada. A mi lado, las paredes se derrumban por el fuego de las bombas. Dentro de poco va a estar como las otras casas del gueto, que se ha convertido en la tumba de sus defensores. Por la pequeña ventana entreabierta entran al cuarto unos rayos de sol rojizos. Desde este pequeño rincón hemos ametrallado a los enemigos día y noche. El día termina y el sol está ya a punto de desaparecer.

No sabe que ya no me importa no verlo más.

Nos sucedió una cosa muy curiosa: todas nuestras ideas y sentimientos se trocaron. Ya vemos en la muerte una salvación. Una libertad que viene a romper las cadenas. Las bestias salvajes me parecen tan amables que pienso que no es justo compararlas con los criminales que reinan en Europa. No es verdad que Hitler sea una bestia. Estoy convencido de que es un producto típico de la humanidad moderna. Es la humanidad entera la que lo engrandeció  y refleja en él sus secretos y deseos personales. Un día en el bosque en que me escondía encontré un perrito enfermo y famélico, arrastrándose con la cola entre las piernas.

Es sorprendente la semejanza de nuestros destinos pero el de los perros es mejor que el nuestro. Se arrimó a mí, lamiéndome las manos. Lo tomé en mis brazos y se estremecía por repetidos ataques de hipo, pero sentí celos de él porque podía ir a donde quisiera, creo que nunca había llorado tanto como lloré esa noche.

Pero mis sentimientos, más que de envidia eran de vergüenza. Vergüenza de ser un humano delante de ese can. Pero volvamos a donde íbamos:

Llegar a pensar que la vida es una completa desdicha, tener la casa quemada, los hijos carbonizados, querer convertirse en animal, ver en el sol una desgracia y en la noche una salvación. Millones de personas en el mundo aman al sol y su luz, sin advertir toda la oscuridad que nos trajo a nosotros porque los malos lo utilizaron para ir tras los fugitivos que solamente procuraban huir y sobrevivir.

Cuando me escondí en el bosque con mi mujer y mis hijos, que por esa época eran seis, nos protegía la oscuridad de la noche. La madrugada nos hacía visibles ante los que nos querían quitar la vida. Nunca olvidaré el día en que los alemanes echaron su fuego desde el aire sobre miles de personas que huían. Los aviones nos ametrallaron sin descanso desde el amanecer hasta la noche. Mi esposa murió en esa matanza con nuestro bebé de siete meses en sus brazos. Otros dos de mis hijos, uno de cuatro años y otro de seis, desaparecieron en medio del bombardeo.

Al anochecer, los sobrevivientes se pusieron en marcha. Con los tres hijos que me quedaban me dediqué a buscar a los dos que faltaban. David… Yehuda … llamábamos a gritos por los campos. Pero nadie respondía, solamente el eco: David … Yehuda. Nunca los vi más pero como un relámpago sentí la orden de no tener más angustia: estaban en las manos del rey del universo. En el año siguiente en el gueto de Varsovia perdí a mis otras tres criaturas.

Raquel, mi hija de diez años, creyó que podía hallar pedazos de pan al otro lado del muro que nos separaba del mundo exterior. El hambre era insoportable. Los cuerpos de quienes morían quedaban tirados como lodo en las calles. La gente está dispuesta a morir de mil maneras mas no de hambre. Debe de ser que las desgracias matan lentamente todos los deseos hasta el último, que es el de comer. En ese punto no se quiere ya vivir más. Me contaron lo que dijo un judío agonizante a otro: Ay, si pudiera antes de escapar tener por última vez una cena como un ser humano.

Raquel no me había comentado su plan de salir del gueto que era un crimen castigado con la muerte. Se fue con una de sus amigas de noche, pero las sorprendieron en la puerta por la mañana. Los guardias alemanes apoyados por cómplices polacos  se fueron detrás de las pobres chicas que para no morir de hambre habían buscado algo de comer en los alrededores. Un gran grupo desplegado en persecución de dos pobrecitas hambrientas de diez años con más furia que si fueran unas peligrosas criminales. Esta persecución no podía durar mucho. Raquel cayó mientras huía,  los nazis le rompieron la cabeza, su amiga logró escapar, pero perdió la razón y murió dos semanas después atormentada por la locura.

El segundo de mis hijos, Jacob, de trece años, murió de tuberculosis el día de su barz mitzva (edad en que alcanza la madurez para ser considerado capaz de cumplir los mandamientos. Nota de J.J.). No me quedó más que mi hija Eva. Fue asesinada a sus quince años. Ahora llegó mi turno y puedo decir que torno a la tierra desnudo como el día de mi nacimiento. Tengo 43 años y si vuelvo atrás, mirando los años pasados puedo decir con seguridad que fui un hombre honesto, con el corazón pleno de amor a Dios. Se me brindó el éxito en la vida sin volverme soberbio. Tuve gran fortuna y según el consejo del rabino no me consideraba su propietario. Así, en caso de que me la quitaran no iba a ser un robo. Mi casa siempre estaba abierta a los necesitados y cuando podía ayudar a alguien, lo hacía con gran alegría. Fui muy dedicado en el culto y no pedía más que cumplirlo con toda la fuerza de mi amor.

No puedo decir que mi relación con Dios siguió siendo la misma. Pero sí puedo decir que mi fe en Él no cambió en lo más mínimo. Antes en los buenos momentos me sentía su deudor.

Hoy es Él quien tiene una deuda muy grande. Y como es ahora el deudor, creo tener el derecho de preguntarle. No como le preguntó Job: « ¿cuáles son mis pecados para merecer esto? ». Otros más grandes y mejores que yo están convencidos que no son castigos por culpas arrojadas encima de ellos.

Pero sucedió una cosa particular que se llama  « hastores panim », que significa: Dios se tapó la cara.

Dios desvió su rostro del mundo y dejó que los hombres se entregaran a a la ferocidad de sus instintos.

Por esto creo que cuando el yeser haraaa, la inclinación del hombre al mal, adviene, son los más puros las primeras víctimas. Para cada uno de nosotros esto no es un halago. Pero del mismo modo que el destino de nuestro pueblo viene de leyes que no son materiales sino divinas y espirituales. El creyente considera lo que le sucede como parte de un plan en el que las tragedias humanas no tienen valor, pero esto no significa que los piadosos de nuestro pueblo tengan que aceptar y decir: El Señor es justo y sus sentencias también.

Decir que merecemos los golpes que nos dieron, es difamarse uno mismo. Es poner en entredicho  el nombre del Santo Bendito. Es Dios quien se blasfema al mirarnos de reojo.

Las cosas son lo que son, no espero milagros ni ruego a  Dios que tenga piedad de mí. Que continúe teniendo la misma indiferencia, volteando la cabeza en frente de los millones de hijos de su pueblo. No soy nadie en especial,  no espero privilegios. No voy a buscar el modo de huir ni voy a escaparme.

Me quedan tres botellas con gasolina, una va a ser para mí,  después de haber vaciado muchas de  ellas sobre las cabezas de los asesinos.

Fue un gran momento en mi vida. Cómo reí. Reí hasta las lágrimas. Nunca podía imaginar que la muerte de seres humanos –ni siquiera enemigos- me fuera a alegrar tanto. Que esos tontos humanistas digan lo que quieran, la venganza fue y seguirá siendo el arma final, la mayor satisfacción moral de los oprimidos. Hasta hoy no había entendido bien estas palabras del Talmud  « La venganza es santa » Lo es por el modo en que está escrita con los dos nombres de Dios. Está escrito: « Adonay es Dios de venganza ». Ahora lo entiendo, ahora lo siento y mi corazón está lleno de placer con la idea que desde milenios llamamos Adonai «El nekome Adonay» Dios de venganza. Levántate, Dios de venganza.

Ahora soy capaz de mirar la vida y el mundo con la agudeza  particular que tiene el ser humano antes de morir. Ahora veo la diferencia fundamental entre nuestro Dios y el de los otros pueblos. En tanto el nuestro es el Dios de la venganza y la Torah contempla la muerte por pecados mínimos, el Talmud nos enseña que si el Sanedrín, -Tribunal Santo- había condenado a muerte una sola vez en setenta años, los jueces fueron llamados asesinos, del otro lado el Dios de pueblos que llaman Dios de amor dio como mandamiento amar al prójimo, son los que nos matan con alegría desde hace 2000 años.

Se habla de venganza. Raramente habíamos conocido la verdadera venganza. Cuando aconteció, fue tan satisfactorio,  dulce y delicioso que me llenó de una alegría tan grande que me sentía nacer a una nueva vida.

Un tanque parqueó en nuestra calle. Desde las casas vecinas se le arrojaron botellas de fuego pero ninguna logró darle. Luego se alejó un poco. Entonces esperamos que viniera debajo de nuestras narices y lo atacamos entre todos. Ahí sí le dimos, se bañó en llamas y vimos salir corriendo a seis nazis encendidos.

 ¡Ah, cómo ardían! Eran ahora ellos los que se quemaban como los judíos que habían quemado, pero gritaban más fuerte. En el momento final los judíos no gritan. Toman la muerte como salvación. El gueto de Varsovia muere combatiendo. Lucha y muere sin quejarse.

Estas tres botellas que me quedan tan queridas por mí, son como el licor para un alcohólico. Guardo una para mí mismo pero antes de vaciarla sobre mi ropa meteré estos escritos en un recipiente que esconderé para que algún día alguien los encuentre. Así un día se comprenderán los sentimientos de un judío abandonado por el Dios al cual en el cual cree tanto. Las otras dos botellas las rociaré en su momento sobre los malditos asesinos.

Éramos doce en este cuarto y  luchamos durante nueve días. Once cayeron sin lanzar una sola queja. Ni siquiera un niño de cinco años que apareció no sabemos cómo ni de dónde. Está a mi lado sonriendo, tranquilo, como si estuviera soñando. Murió con el mismo coraje con el que cayeron los demás esta mañana. Cuando la mayoría de ellos ya estaban muertos, se subió encima de los cuerpos para mirar por un hueco de la ventana y al instante cayó por atrás, con una gota de sangre en el centro de su frente.

Nuestra casa es una de las últimas en caer. Hasta ayer desde al amanecer nos lanzaban disparos y toda clase de fuegos pero seguíamos vivos. Cinco heridos continuaban peleando pero cayeron todos, unos ayer, otros hoy. Cada uno tomaba en silencio su turno de guardia y tiraba hasta que lo mataban. Aparte de mis tres botellas incendiarias, no tengo balas ni nada más.

En la parte de arriba del edificio continúan resistiendo fuertemente, pero  no pueden ayudarme, la escalera está destruida y creo que la edificación entera va a derrumbarse. Escribo estas líneas pegado al piso, al lado de mis amigos ya muertos. Miro sus caras, reflejan una profunda calma a la vez con  un aire irónico, como si quisieran decirme: pobre loco, no vas a esperar mucho para estar con nosotros. A mí, que sigo vivo, me parece que se ríen de mí, ellos ya saben… incluso el chico, sabe que nació, sabe que murió. Y si no sabe, la respuesta no importa delante de la luz divina que  lo recibe y lo instala en  los brazos de sus parientes asesinados.

De aquí en una o dos horas yo también voy a saber. Pero estoy vivo y quiero hablar a mi Dios como un hombre que tuvo el grande y a  la vez desgraciado honor de ser judío.

Lo primero es ratificar que estoy orgulloso de ser hebreo. Tendría vergüenza de pertenecer a pueblos que crearon y educaron gentes culpables de los crímenes que cometieron contra nosotros.

Sí, estoy orgulloso de ser judío, aunque no sea lo convencional. Es más presentable ser francés, inglés o americano, es más cómodo, pero no es honroso. Creo que ser judío es ser luchador, es nadar contra la corriente humana llena de crimen. El judío es un militante, un testigo. Dios lo hizo su prisionero, sujeto completamente a Él.

Nuestros enemigos dicen que somos malos, pero creo que somos mejores que ellos, no brutos sin piedad hacia los demás. Pero sí fuéramos malos, tendríamos el  gusto de ver el aire de las demás naciones en nuestro lugar.

Me siento muy honrado de pertenecer al pueblo más desgraciado de la tierra, pero dentro del cual la Torah es la más grande y más hermosa de todas las leyes y de toda moralidad. Los que quieren arrebatárnosla, la hacen más santa. Se dice que se nace judío, que es una condición de nacimiento(aquí hago un paréntesis para decir que no estoy del todo de acuerdo, para mí es por sentimiento. Uno es judío por aprendizaje, por tradición y para honrar a nuestros ancestros).

De todos modos uno nace o se hace judío como nace un artista, ya cuando se es no hay marcha atrás, no es posible liberarse. Esta es la marca divina escrita en nuestro cuerpo que hace de nosotros el pueblo elegido. Los que no lo entienden, nunca podrán entender el sentido profundo de nuestro martirologio. «No existe nada más entero que un corazón roto » dijo un gran rabino. Y no hay  otro elegido sino un pueblo torturado en todas las épocas. Si no quieres creer que Dios nos nombró como la nación escogida por Él, piensa entonces que fuimos elegidos gracias a nuestro sufrimiento constante.

Creo en el Dios de Israel, a pesar de que Él mismo ha hecho muchas cosas para que no crea en Él. Creo en sus leyes a pesar de que no encuentro justificación de todos sus actos. Ahora no tengo con Él más una relación de esclavo a amo sino de alumno a maestro. Agacho mi cabeza delante de su grandeza pero no voy a besar las cadenas que me laceran. Lo amo, pero amo más las leyes justas que contiene la Torah. Así como me hice ilusiones sobre Él, voy a permanecer en su ley. Dios significa religión, la Torah regla de vida. Está bien, nosotros vamos a morir por esta regla de vida, pero ella será inmortal.

Por esto mismo, permíteme que antes de morir te pregunte sobre la razón de todo esto.

En este momento, libre de espantos, henchido de tranquilidad y seguridad interna te quiero hablar a Tí por la última vez en mi vida.

¿Dices que pecamos? Es seguro y por ello seremos castigados. Esto también  puedo entenderlo, pero quiero que me digas si hay en el mundo un pecado que merezca  el castigo que nos impusiste.

Dices que harás pagar a nuestros enemigos todas sus maldades. Estoy convencido que les harás pagar sin ninguna piedad lo que hicieron. De ello no tengo duda. Pero quiero que me digas si puede haber en el mundo un castigo suficiente para expiar los crímenes cometidos contra nosotros.

Puede ser que digas que en el caso presente no importan los pecados y los castigos porque es lo que ocurre cuando te tapas la cara y dejas a los hombres a sus instintos.

Ahora quiero preguntarte, Señor, y  esta pregunta me quema el corazón y el cerebro como un fuego:

¿Entonces qué? Dime qué debe suceder entonces para que te desveles la cara y la muestres al mundo?

Quiero decírtelo claramente y sin rodeos. Hoy más que en ningún otro momento del martirio sin fin de nuestro pueblo, tenemos el derecho, nosotros los torturados, los injuriados, los enterrados vivos, los quemados, los despojados, los humillados, los escarnecidos, los asesinados por millones, tenemos más que cualquiera todo el derecho de saber: ¿Dónde están los límites de tu paciencia?

Quiero decirte algo más, no aprietes demasiado la cuerda porque puede romperse. El destino al que nos llevaste es tan duro que debes perdonar a aquellos de tu pueblo que en su desesperación se alejaron de Tí. Perdona a los que se apartaron en momentos de desgracia y también en momentos de felicidad.

Convertiste nuestra vida en una lucha terrible, perpetua, los más aterrorizados buscaron una salida. No debes condenar a los cobardes sino ayudarlos y mostrarte compasivo.

Perdona a los que blasfemaron tu nombre y se fueron. Sufrieron tanto que no pensaron que eras ya El padre, ni siquiera que tenían un padre.

Si te hablo tan francamente es porque creo en Tí, creo en Tí más que antes, en cuanto sé que tú eres  Tú mi Dios. De hecho no puedes ser… NO, no puedes ser el dios de los que cometen  actos horribles y despiadados. De modo que si no eres mi Dios, de quién lo serías? ¿De los asesinos?

Frente a quienes me odian y me queman vivo, quién soy yo sino un ser que representa un poco de tu luz, de tu bondad.

No te bendigo por los actos que permitiste. Pero sí te bendigo y alabo tu existencia, tu grandeza terrible. Tienes que ser muy poderoso para que ni siquiera la horrible catástrofe actual no tenga ningún efecto sobre Ti.

Y precisamente porque eres tan grande y yo tan pequeño, te ruego, clamo por amor a tu nombre:

Que tu corona no resulte de la tolerancia del sacrificio de inocentes.

No te exijo castigar a los culpables. De acuerdo a la terrible lógica celestial, finalmente sus culpas mismas se voltearán contra ellos y los hundirá. La conciencia del mundo se muere con nosotros. Matar a Israel es asesinar el mundo.

Ahora el mundo se va devorar, va a consumirse en sus propias injusticias. Va  ahogarse en su sangre.

Los asesinos ya dictaron sus propias sentencias en contra de ellos mismos, no se salvarán del castigo. Pero Tú debes hacer justicia y ser más riguroso contra los que callaron ante los terribles crímenes que vieron. A quienes de palabra condenaron las masacres pero en el fondo de sus corazones se alegraron por lo que ocurría.

A los que en sus conciencias falsas pensaron: Sí, el tirano era malo, pero hizo por nosotros el trabajo sucio, hizo bien y le debemos reconocimiento.

En la Torah está escrito que el ladrón debe ser más castigado que el bandido, a pesar de que el ladrón no pone en peligro la vida de la víctima y lo que le interesa es solamente robar, en tanto el bandido ataca a su víctima de día sin temor de los humanos ni de Dios. El ladrón teme a los hombres pero no a Dios. Es por esto que su pena tiene que ser mayor.

En consecuencia, poco importa que trates a los asesinos como bandidos, ellos nos tratan de la misma manera a nosotros y a Tí.  Para nada ocultan sus crímenes.

Pero los que callan ante las matanzas sin temor de Tí, aunque se espantan por lo que los otros humanos pueden decir  son como quien ve a alguien ahogarse y no hace nada para ayudarlo. Te ruego, oh Dios, castigarlos como ladrones.

Siento que la muerte no puede esperar más, me veo obligado a soltar la pluma con la que escribo. El tiroteo en las calles de arriba se va apaciguando. Los últimos defensores de nuestro territorio van cayendo uno detrás del otro y con ellos muere lo mejor de la Varsovia judía. El sol se está poniendo y gracias a Dios no lo veré nunca más.  Por la ventana se ven brillar las luces del incendio y el pedazo de cielo que alcanzo a ver se está tiñendo de rojo sangre. Dentro de una hora me encontraré con mi familia y con los millones de otros masacrados de nuestro pueblo, estaré mejor en ese otro mundo en donde solo queda la mano de Dios.

Muero con calma. Vencido pero no esclavo; amargado pero con valor.  Creyente y a la vez digno de que crean en mí,  sin pensar que se me debe nada y sin andar suplicando con oraciones.

Amoroso de Dios pero sin decir Amén a todo lo que hace.

Siempre fui detrás de Él, incluso cuando me rechazaba. Seguí sus mandamientos incluso cuando se me rechazaba. Lo quise bien aún cuando fui rebajado hasta el nivel del suelo y se me torturó hasta la  muerte y me convirtieron en objeto de vergüenza, burla y deshonor.

Mi rabino me contó una vez la historia de un judío que se escapó junto a su mujer y su hijo de la inquisición española, huyendo por mar en un barquito en medio de una gran tempestad. Con mucha dificultad llegaron a una isla. Zarparon de nuevo y un rayó mató a la mujer y luego un tornado se llevó a su hijo hasta hacerlo desaparecer en el oleaje. Solo, desgraciado,  despedazado y descalzo en medio de la tormenta, levantó sus manos al cielo y le gritó a Dios: “Dios de Israel, me escapé hasta aquí para poder aprovecharte libremente. Para seguir tus mandamientos y santificar tu nombre. Pero haz hecho todo lo posible para que descrea de Tí. Entonces si piensas hacer todo para que no me crea en ti con todos estos sufrimientos, declaro ante Ti, mismo Dios de mis padres: No lo conseguirás. Me quitaste mis más caros tesoros, me torturaste a muerte, pero voy a creer  en Tí, a pesar de todo y de Tí mismo”.

Estas son las últimas palabras que te dirijo en mi rabia enfurecida: No te servirá de nada. Hiciste todo para que dudara de Ti, pero muero de la misma forma como viví: con la fe más intensa.

Alabado sea el Dios de los muertos, el Dios de venganza, el Dios de verdad y justicia que un día mostrará de nuevo su cara frente al mundo y lo sanará con su voz poderosa.

¡Escucha Israel, siente Israel, el eterno Dios, nuestro Dios, es solo uno!

En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Un buen trece

 

iamgen de baco y gutenberg

 

En vibrante evento realizado el pasado miércoles en la Universidad Autónoma, el Taller de Escritores Gabriel García Márquez realizó el cierre de actividades del año que termina.

Ante numerosa y animada presencia de integrantes y amigos el director, Hugo Correa Londoño, hizo un somero balance de la labor adelantada en 2017, que incluye, además de la producción individual de varios de los miembros, la publicación de dos folletos suplementarios de la colección Otrapalabra y el patrocicinio de la edición del trabajo del poeta Tercero Moreno, titulado Viaje al corazón azteca y otras confesiones, del cual, precisamente se hizo el lanzamiento, con presentación del maestro Mario Méndez. Así mismo, informó sobre la próxima publicación de un libro dedicada a la memoria del fundador de este centro literario, maestro Eutiquio Leal con motivo de los 20 años de su deceso, con textos de Jorge Eliécer Pardo, José Martínez y otros estudiosos de su vida y obra.

No podía faltar la evocación de los nuestros que partieron por estas calendas: el poeta y pintor Armando Orozco Tovar y el también bardo y pintor Jairo Maya Betancur. A este último rindió un sentido homenaje el escritor tolimense Álvaro Rojas en medio del respetuoso silencio de los asistentes, conmovidos por el recuerdo de estos grandes amigos que dejaron una huella imborrable en las letras y en los lienzos.

Luego la nostalgia fue dando lugar al asombro de la ficción al escuchar los microrrelatos de Luis Carlos Domínguez que con gran economía de lenguaje y agilidad narrativa mostraron tres historias de ficción que esa noche mágica adquirieron vida en la sintonía lograda entre su autor-lector y los fascinados oyentes. Vale la pena transcribir uno de ellos:

“La Luna.

La gótica espadaña sostenía en magnífico equilibrio la Luna. ¡Noche maravillosa! Exclamó un hombre a la puerta de su tumba. El guardia lo increpó de mala manera: “No es hora de escándalos ni de jolgorios. Usted es un pobre muerto. ¿Qué le importan la noche ni el paisaje?”

El muerto se metió en su casa. Desde allí oía al guardia alegar que le estaban perturbando la paz de los sepulcros, al tiempo que apaleaba al perro diciéndole: “¡Perro burro, cállese! ¿No ve que es sólo una estúpida Luna y no una maravillosa bola de queso?”

Luego de nuevo el turno fue para la poesía: Carlos Julio Ramírez y Andrés Correa Bustamante leyeron varios poemas producto de un trabajo sostenido que cada día se consolida más y que refleja una interesante búsqueda de voces propias y sensibilidades muy especiales. Carlos Julio hizo además la presentación de su composición dedicada a Cien Años de Soledad, en estilo chandé, en su propia voz acompañada de instrumentos de viento y percusión. ¡Macondo dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas en  apretada y atrevida síntesis musical!

Como si fuera poco el hechizo poético y narrativo, el placer estético y la alegría de compartir la palabra y la fraternidad, llegaron a niveles extáticos con el sortilegio de las notas del maestro Víctor Ramírez y la voz de terciopelo de Ligia Suárez en excelente interpretación de dos clásicos de la música colombiana: De regreso a mi pueblo y Cuando voy por la calle.

La memorable velada concluyó con la lectura del texto de Deisy Astrid Melo titulado Anatema, que forma parte del ejercicio propuesto al taller por el maestro José Jaime Castro, consistente en relatar cada uno cómo fue su iniciación con el mundo de la lectura y la escritura. Deisy Astrid contó con ternura cómo fueron sus “primeros acercamientos a la magia de atar vocales a consonantes, vocales a vocales y jugar con ellas”, hasta llegar al punto en que su refugio y muralla fueran los libros, en los que encuentra respetada la soledad y alada la imaginación y tener el gusto de contar cuál fue su “alegría de leer”.

Contagiados con esa alegría y con la complicidad del dios del vino, los asistentes dieron por cerrado el acto y las sesiones del año viejo y se dispusieron con el mejor de los ánimos a afrontar las tareas del nuevo.

 

 

Rocambol a Palacio en Riad, Harare e intermedias

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Hace mucho tiempo la política internacional, dominada por el temor de un estallido nuclear, que se ha exacerbado con las tensiones entre Norcorea y Estados Unidos desde la llegada al poder de Donald Trump, no ofrecía episodio alguno que mostrase la cara risueña del acontecer mundial.

Es verdad que tanto el pelucón gringo como el gordito norcoreano producen cierta risa tanto con su aspecto físico como con sus bravuconadas, pero el riesgo de hecatombe atómica es tan terrible que cualquier intento humorístico se paraliza ante esa eventualidad. En cambio, de tarde en tarde en la escena mundial aparecen personajes y situaciones tan risibles  que hacen quedar cortas las comedias más hilarantes y producen una reducción de la tensión a que nos mantiene sometidos el discurrir planetario.

En este noviembre que termina, lo sucedido en Arabia Saudita, con claras repercusiones en Líbano y otros países árabes, más el extraño cuartelazo en Zimbabwe, entran en la categoría, ya no solamente de lo cómico sino también de lo rocambolesco, entendido como algo fantástico, exagerado o extraordinario que linda con el ridículo o con lo increíble, palabra que viene de un personaje muy popular en la literatura del siglo XIX.

Y es que la renuncia de Saad Hariri al cargo de primer ministro de Líbano, producida el día 4 en la capital de Arabia Saudita, sin duda parece un chiste de mal gusto. Con mayor razón si se tiene en cuenta que se produjo por presión del gobierno del príncipe Muhamad Ben Salman, verdadero hombre fuerte en su país, que le apretó las clavijas a su medio connacional hasta hacerlo renunciar. Hariri tiene tanto nacionalidad libanesa como saudí y es tal vez el hombre más endeudado  del mundo (adeuda varios millardos de dólares, especialmente a sus amigos sauditas. ¡Cuántos quisieran tener siquiera una mínima parte de lo que él debe!).  En esas condiciones presentó su telerrenuncia diciendo que temía por su vida y denunciando los vínculos entre Hezbolá, grupo político-militar del eje de la resistencia que forma parte del gobierno de su país, y el gobierno de Irán.

Empezó a rumorearse que el primer ministro dimitente estaba en prisión domiciliaria en un lujoso hotel en Riad, capital de Arabia. Allí, entre tanto el poderoso príncipe heredero de la casa Saúd, con la cobertura de una supuesta campaña anticorrupción,  arrestaba a miles de miembros de la familia real (que además es realmente numerosa pues se compone de por lo menos siete mil personas) y acusaba a Irán y a Hezbolá de haber dotado al movimiento hutí de Yemén con el misil que este grupo dirigió contra el aeropuerto de Riad en represalia por los ataques de Arabia Saudí a su país. Eso sí, no  mandó sus prisioneros a cárceles comunes sino también a detención domiciliaria en sus palacios o en hoteles, pero negociando su libertad a cambio de que le entregaran al fisco un porcentaje considerable de sus fortunas, mejor dicho la parte del león, porque el pellizco a sus patrimonios ronda el 70%. Curiosa forma de subsanar el déficit fiscal que soporta el reino, ¿ qué necesidad hay de reformas tributarias si con sacudir el árbol genealógico de la familia real y desplumar a algunos de sus integrantes se obtienen recursos jugosísimos?

Como toda buena obra de intriga internacional debe tener un personaje francés, entró en acción el presidente galo, Macron, quien viajó a la península arábiga a tratar de rescatar a Hariri pero no se lo dejaron ver y apenas sí le permitieron tener una conversación telefónica con él, claramente controlada por sus acreedores que, como ya se dijo, ejercían el derecho de retención, pero no sobre sus bienes sino sobre él mismo. De todos modos, cuando se pensaba que la cosa iba para largo,  los gobernantes saudíes liberaron al dimitente al ver que en vez de ocasionar la salida de Hezbolá del gobierno, hicieron que este movimiento saliera fortalecido ya que este grupo y el presidente libanés Michel Aún, no aceptaron la renuncia, pidieron la presencia del primer ministro en su país y denunciaron su retención. Esto, unido a las complicadas negociaciones con sus rehenes y a las dificultades en la guerra que adelantan contra Yemen, obligó a Ben Salman a permitir la salida de Saad, quien aprovechó su libertad para ahí si hablar con Macron en París y agradecerle su gestión.

Parece que en la Ciudad Luz nuestro hombre se acordó de que en Beirut tenía algunas cosas pendientes pero antes se dio una vueltecita por El Cairo, para ver como estaba el ambiente en la Liga Árabe. Allí encontró que si bien esa organización había sacado declaraciones compatibles con las alegaciones de Arabia Saudita contra Irán y Hezbolá, la no asistencia de países claves como el propio Líbano, Siria y Argelia y el rechazo entre amplias capas de la población a la injerencia extranjera en su nación, lo hicieron acelerar su regreso a casa. En la capital del país del cedro, en el marco de evento de celebración de los 74 años de la independencia libanesa (y los ocho días de la suya), reversó su decisión pero aclarando que no revelaría lo que pasó durante el tiempo que estuvo disfrutando forzadamente de la hospitalidad saudí. “Lo que pasó allí lo guardo para mí”, dijo con solemnidad, agregando que le gustaría seguir siendo primer ministro. El presidente le dio el gustico de seguir en el cargo y todo volvió a la normalidad.

Aunque parecería que los dirigentes estatales y políticos le estuvieran haciendo el juego a un joven caprichoso, en realidad el jefe del estado y el liderazgo político de Hezbolá y de los demás integrantes de la coalición de gobierno mostraron gran madurez (de la que parece carecer el renunciante), pues manejaron el asunto con serenidad y firmeza, pensando siempre en los altos intereses de su pueblo, tratando de mantener un delicado equilibrio político y religioso logrado con gran esfuerzo y evitando caer en la provocación en clave de sainete que les querían montar desde otro estado.

La trama de la más truculenta telenovela se queda corta frente a este episodio de intriga en el que faltan muchas cosas  por aclarar, entre otras la suerte de los dos hijos de Hariri que continúan en Arabia, muy probablemente como parte del chantaje al que no parecen haber renunciado los gobernantes sauditas, no solo para garantizar que al menos de vez en cuando el que fue su huésped se aparezca por allá de nuevo, sino también para mantener al mundo en suspenso hasta el próximo capítulo.

Duro de derrocar tres

No menos movida y divertida fue la situación en Zimbabwe (país ubicado en el sur de África, antiguamente llamado Rodhesia del Sur, en su momento uno de los más oprobiosos regímenes coloniales racistas), donde tras varias décadas al mando del estado, salió por la puerta de atrás Robert Gabriel Mugabe, quien había jugado un papel protagónico en la lucha contra la minoría blanca que dominó el país hasta 1980.

Pues bien: el hombre llevaba 37 años en el poder y aunque no estaba cansado para nada pues a sus 93 de edad le sobraban energías para sostener el matrimonio con Grace, 40 años menor que él, y para gobernar el país, pensando en que los ciudadanos tal vez querían una renovación, se puso los 100 años como límite para mantenerse al mando. Cuando ya cumpliera su ciclo (¡y su siglo!), dejaría la presidencia en manos de su joven esposa, que seguiría un poco sardina para sus estándares (pues para entonces sería una mujer sex…agenaria), pero aún seguiría él allí a su lado, acompañándola y aconsejándola generosamente.

Pero ya sabemos de la impaciencia de la juventud  y Grace comenzó a presionar. “Rob, por qué esperar siete años si desde ya puedes nombrarme vicepresidenta para ir cogiendo experiencia y ser presidenta cuando tú llegues a tus adorables cien añitos. Además es justo que descanses un poco y es bueno que de una vez nos quitemos de encima a Mnangawa que no ve la hora de reemplazarte. No es casual que el pueblo lo apode El Cocodrilo porque no hacía sino llorar supuestamente por tu salud mientras los ojos le brillaban de alegría hace poco en el hospital central, a donde tuvimos que llevarte porque quedaste tieso todo el cuerpo por una sobredosis de viagra”.

Con ese argumento, que se unía a la cantinela que le echaba diaria y nochemente sobre el mismo punto al anciano, la cónyuge lo convenció y así el 6 de noviembre el hombre destituyó a su vice, para designar como tal a su compañera de gabinete nupcial. El Cocodrilo, consciente de lo peligroso que es pelearse con la esposa del jefe, buscó aguas más tranquilas en el exterior, con la confianza de que en pocos días le llegaría el momento de desquitarse.

Y ahi fue Troya en pleno corazón del África Austral. ¿Quién dijo miedo? Los rivales de Grace y todos aquellos que querían deshacerse del vejestorio no podían desperdiciar la mesa servida que les brindaba. Nueve días después el mando de las fuerzas armadas saca los tanques a la calle y somete a arresto domiciliario a la reliquia de la lucha anticolonial. Eso sí, con la aclaración muy importante de que no se trataba de un golpe de estado sino de una medida preventiva contra las ambiciones de un círculo perverso que rodeaba y manipulaba al mandatario.

Entre tanto, El cocodrilo desde algún lugar del continente, probablemente a orillas de uno de los grandes ríos de África, pidió la renuncia de Mugabe y dijo que estaba dispuesto a regresar al país para ayudar a resolver la situación. Pero como en el cuento de Monterroso “ el dinosaurio todavía estaba allí”. Robert Gabriel se negaba a renunciar y seguía comportándose como el número uno que fue en las últimas décadas.

Además de la nada despreciable “presión” del ejército, fue necesario que su propio partido, Zanu-Frente Patriótico le quitara el respaldo y lo destituyera del cargo de jefe de la organización argumentando que “se había rodeado de gente criminal”, pero añadiendo que merecía un descanso. Como una patada de ahogado que se volvió en contra suya, Robert Gabriel citó a un Consejo de Ministros buscando una declaración de respaldo y no acudió nadie, se quedó más solo que Pinochet el día del amigo.  Eso sería para cualquiera una revelación de que su poder era ya cosa del pasado. Sin embargo, en la plenitud de su “terca edad” el hombre no daba su brazo a torcer y dijo que si el problema era Grace, que él lo arreglaba echándola a ella. Así de fácil, pero el asunto ya no era un problema doméstico y cuando el legislativo decidió iniciarle un juicio político y la gente salió a las calles a pedir su renuncia, no aguantó más y presentó su dimisión “con efecto inmediato”. Al menos quedó claro que ya no habría más dilaciones en su traumático proceso de salida.

Así llegó el momento para Emerson Mnangawa. Demostrando su gran adaptación evolutiva, regresó triunfante a Harare el nuevo saurio, ya no  restituido en su puesto de segundón, sino al frente del gobierno, como flamante nuevo presidente.

No todo fue malo para el veterano sacado a sombrerazos. En medio de la opereta tuvo tiempo de negociar que no se le juzgará y que se le garantizará un retiro tranquilo, es decir, sin tener que estar escuchando los reclamos de la frustrada vicepresidenta.

Estoy seguro de que se buscará un lugar a prueba de cocodrilos.

 

Triste aniversario

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El 28 de noviembre de 1985 es una fecha a la vez lejana y cercana para mí. Lejana porque son ya 32 años y cercana porque no se borrará nunca del recuerdo personal (y espero que tampoco del colectivo) el día del asesinato del inolvidable dirigente sindical y político Rubén Darío Castaño Jurado, verdadero patriarca del proletariado caldense, ocurrido en Manizales en medio de la feroz cacería a la Unión Patriótica.

Rubén, originalmente obrero tipógrafo amante de la cultura que llegó incluso a incursionar en la poesía, dejó las imprentas para dedicar su vida a la defensa de los trabajadores y a la lucha por la justicia social y la liberación del pueblo colombiano. Así se convirtió en presidente de la Federación de Trabajadores de Caldas y en líder del Partido Comunista a nivel regional y miembro de su Comité Central, llegando a ser integrante del Concejo Municipal, corporación en la que se destacó por ser el vocero natural de la oposición política y de los sectores populares.

Inteligente y sensible, firme y a la vez diplomático, llegó a ser respetado por todos los sectores de la sociedad, incluso por sus contradictores en la lucha sindical y política, al grado que el cabildo local declaró su vida y obra como ejemplo para la ciudadanía y las generaciones futuras.

En momentos en que la Comisión de la Verdad creada a raíz de los acuerdos entre el gobierno y las Farc se dispone a iniciar su trabajo esperamos que haya un espacio para esclarecer toda la trama de este crimen, en el que aparecen comprometidos los mandos del Ejército a nivel del batallón Ayacucho, quienes poco antes, en la nefasta época del estado de sitio realizaron allanamientos a la sede de la Federación de Trabajadores y de la Unión Patriótica en la capital de Caldas, llevándose detenido a Castaño y a otros integrantes de esas organizaciones. Aunque debieron liberarlo junto a sus compañeros el mismo día por la indignación popular y la  carencia total de motivos para la captura, la medida buscó intimidar a la militancia y crear entre la ciudadanía un clima favorable para el asesinato que se consumó en la fecha que hoy se conmemora.

De tantas emociones vividas en esa jornada aciaga recuerdo especialmente un detalle tragicómico: como una tácita confesión de culpabilidad del mando castrense, la guarnición local del ejército fue reforzada considerablemente y al paso del cortejo fúnebre compuesto por varios miles de personas que acompañamos al sacrificado hasta su morada final, había soldados armados hasta los dientes y con el dedo en el gatillo, algunos de ellos montados en la rueda de Chicago de un pequeño parque de atracciones mecánicas que existía en el complejo militar.   Cuando de la multitud empezaron a surgir gritos que acusaban de asesinos a los miembros de las fuerzas armadas, la crispación hacía temer un desenlace trágico, pero los dirigentes de la marcha llamaron a la serenidad, dejando a los guerreros continuar girando en sus vagones con los fusiles al aire.

Con informaciones que nos daban las gentes sencillas se logró vincular como ejecutor material al sargento Herman Londoño Vergara, que cumplía órdenes del Comandante, Henry Bermúdez y del Subcomandante, Alejandro Fonseca. Dado que el sicario tenía como siguiente misión acabar con mi vida, debí abandonar la región y el país por un tiempo, para evitar otro coletazo del magnicidio de quien se convirtió en otro mártir más del pueblo colombiano.