El zarpazo de Abushihab: coletazo del cartel de la toga y torpedo a la paz

Después de que el año pasado, sorprendentemente pasó de agache en el escándalo de Luis Gustavo Moreno,el fiscal anticorrupción detenido y extraditado por corrpución, el nombre del abogado Majer Nayi Abushihab vuelve a sonar y no propiamente para bien. Ahora se sabe que este asesor de cabecera del fiscal general, actuando como Fiscal delegado ante el Tribunal Superior de Bogotá, es el autor de la más baja puñalada propinada a la JEP en una larga cadena dirigida a deslegitimarla. A tanto llegó la osadía de este funcionario que no solamente realizó una inspección a la Secretaría de esa jurisdicción sino que pretendió allí mismo efectuar entrevista a una de las magistradas. Luego cerró con broche de oro llevándose ilegalmente copia de uno de los expedientes más delicados que se tramitan en los tribunales especiales para la paz.

Su jefe, el Fiscal General Néstor Humberto Martínez, ante el justo reclamo de la presidente de la JEP por esta vulneración a la autonomía e independencia de esa magistratura, usó el jabón Pilatos y desautorizó la actuación de su delegado, manifestando que esa instancia merecía todo su respeto y agregando que cuando supo de la exigencia de copias procedió a exigir que se revocara esa decisión por parecerle “invasiva”.

Qué bueno sería creer en las palabras del señor Fiscal pero todos los antecedentes de sus actuaciones frente a la justicia transicional y ante el proceso mismo de paz nos hacen ser por lo menos escépticos frente a esta posición, que, en el mejor de los casos nos llevan a tomar su proclamado “respeto” y su calificación de “invasión” como lágrimas de cocodrilo. Por lo demás es difícil asumir que el fiscal a cargo de la actuación haya actuado como rueda suelta, sin comunicar a su jefe una decisión tan trascendental que se sabe produciría gran impacto en el sistema judicial y en la opinión pública.

Si quiere ser serio en su postura frente a este atropello no basta con una teatral desautorización. La cabeza del ente investigador, así sea para recuperar un poco de credibilidad, debe retirar de la entidad al fiscal “invasor”. Así, aunque ya nunca desaparecerán las dudas sobre los compromisos que lo llevaron a nombrar al famoso fiscal anticorrupción involucrado hasta la médula con el llamado cartel de la toga, al menos se suavizará el impacto que sobre la imagen y legitimidad de la entidad han causado estos episodios. Y es que no sobra recordar que el mencionado Abushihab fue socio de Luis Gustavo Moreno y compartió con éste varios casos cuando fueron abogados litigantes, entre ellos el de Carolina Rico, procesada por anrcotráfico que luego resultó casándose con su defensor. Ante ello, el jurista renunció a mediados de 2017 a su cargo de asesor del despacho del Fiscal General y sin embargo esta dimisión no le fue aceptada por Néstor Humberto.

El resultado de esta lenidad y tolerancia están a la vista con este nuevo exabrupto. Si queda algo de decoro en los protagonistas de esta comedia de equivocaciones, están en mora de conjugar el verbo renunciar. De no ser así, quedará  aún mpas claro que son intereses muy distintos a los de la justica y el interés general los que los llevaron y los mantienen en tan altas dignidades.

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Jani, la niña agua

Jani es una niña wayuu con quien acostumbro conversar en las noches.

Imaginamos que nuestra mirada tiene poderes: hechiza la realidad y neutraliza los peligros que acechan, enfría la temperatura cuando tenemos mucho calor y baja lucecitas del firmamento para alumbrar y transportarnos rápidamente sin espinarnos por entre los cardones y sin desperatar a los chivos.

Los profundos y veloces ojos negros de Jani logran atrapar con mucha precisión luceros escondidos tras los botaderos de carbón; también las voces milenarias que al parecer enmudecieron después de la última temporada de máquinas que impidió a muchas niñas de su pueblo ir por el hilo mágico del agua. Supimos un día por casualidad que éste está hecho de hojas de sábila y arenitas que se enrollan muy fino hasta que casi no se ven y que hay que concentrarse con una mirada aguda y de buen ojo para poder verlo; quien lo logra es capaz de ir tras él y se topa con el manantial en el que nace toda el agua de la Guajira.

Jani siempre logra muy buena concentración, dice que lo ha aprendido mirando fijamente los bordes de las nubes en invierno. Ella no se distrae con el ruido de la maquinaria como yo y así ha podido llegar hasta el mundo agua. Me ha dicho que allá la tierra es un jaguar agua y en cada uno de los puntitos de su lomo habitan seres que no tienen pies sino ríos y arroyos y que cuando corren van formando lagos y lagunas a las que llegan las niñas agua a jugar … juegan porque allí jugar es la forma en que se existe…respirar es un juego, hablar, comer y correr también.

Jani dice que cuando el jaguar se sacude suelta agua por todas partes y al dar saltos gigantes por entre otros mundos que hay más allá del desierto se van formando árboles, montañas, edificios y personas de agua… las niñas de esos mundos se alertan por el sonido y se acercan para fundirse en el agua…Ellas muy pronto aprenden a jugar. Juegan a existir…. entienden que respirar, caminar y comer es jugar

Llevo varios días observando fijamente los bordes de las nubes porque esta noche, Jani me enseñará a concentrarme bien para poder ver el hilo mágico que lleva al mundo agua. Dice que así podremos descubrir y hechizar la realidad y los peligros que en ella se esconden….

El anterior texto fue escrito por la defensora de derechos humanos y ambientales Dora Lucy Arias. En él conjuga historias y diálogos tejidos con las niñas indígenas del sur de la Guajira.

La momia de AUV

Uno de los programas, si así puede llamársele, de la autodenominada política de “seguridad democrática” de un expresidente de cuyo nombre no quiero acordarme fue el de las detenciones masivas de ciudadanos en zonas de presencia guerrillera. Sobre esta modalidad vulneratoria de los derechos humanos escribió una sentida nota la defensora Dora Lucy Arias. Por el valor histórico y literario de este testimonio lo transcribimos en su totalidad. En su parte final está el enlace que muestra las momias de San Bernardo. También recomiendo escuchar en you tube la canción “El día que Quipile lloró”, de Berenice Cabra, melodía en la que se muestra la huella que dejó en la comunidad la injusta detención de cientos de habitantes de ese pueblo de Cundinamarca que luego de seis meses de privación de la libertad debieron ser liberados por la sencilla razón de que no había prueba alguna de su culpabilidad y por la ilegalidad misma de los procedimientos. Ante ello la justicia ordenó el pago de millonarias indemnizaciones. Según la Constitución, cuando el estado produce un daño antijurídico, se debe repetir, es decir, buscar el pago por parte de los funcionarios responsables, de la indemnización que tuvo que sufragar el fisco.

¿Cuándo se hará reconocer a Álvaro Uribe Vélez este y otros pagos que todos los colombianos tuvimos que sufragar por sus acciones violatorias de loos derechos de muchos ciudadanos?

 

En la cárcel de tu piel..

Una de las más duras experiencias de abusos de la fuerza y de la ley que conocí personalmente ocurrió en la región del Sumapaz.

Entre los años 2004 – 2006, cuando uno de los focos de ataque de AUV al pensamiento y a la vida campesina se centró en ese territorio,  miles de personas cayeron en la poderosa red de persecución al “enemigo interno” tejida entre la fiscalía y el ejército.

En días de vacancia especialmente (31 de diciembre, viernes santo, días de elecciones) era necesario agarrar un bus a media noche para ir a defender gente del lugar atrapada en lo que se conoció luego como detenciones masivas o montajes judiciales.

Sí, 200, 300, 80, eran las cifras de personas encarceladas en cada operativo. Incluso en Arauca cerca de dos mil hombres y mujeres fueron encerrados en un estadio, luego marcados con un sello en su antebrazo para seguir de allí a los centros de reclusión o de reducción y neutralización del pensamiento.

Uno de los dispositivos más eficaces de toda esta maquinaria de control territorial fue el sistema de “informantes” creado y alimentado por AUV y el fiscal de la época Luis Camilo Osorio. Los informantes generalmente eran personas capturadas también y a las que convencían, a cambio de ciertos beneficios, de señalar como rebeldes a paisanos suyos.

Uno de los “informantes” que recuerdo con mayor nitidez era de San Bernardo. Un hombre que hizo encarcelar a cientos de sumapaceños.  Estuvimos ambos en muchas diligencias judiciales pues dentro de mi rol estaba interrogarle caso por caso para contrastar sus dichos.

En una de esas ocasiones quedamos solos mientras el funcionario imprimía el documento. No había mucho más de que hablar luego del interrogatorio cuyas respuestas prefabricadas por militares y funcionarios de la fiscalía   eran parte de un formato repetitivo.  Observé al hombre por unos segundos, tiempo que seguro él -como yo- sintió que fueron horas.
Pensé  en las momias de San Bernardo y la estética manera en que la naturaleza se encargaría de lidiar con sujetos como aquél momificándolos. Así miles de años después  a su cuerpo también atrapado en jirones  de piel, músculos y huesos le sería negado el consuelo de ser polvo.

El informante de San Bernardo, a lo mejor intuyendo esa su tragedia murmuró una explicación “hay quienes no pudimos resistir. La presión ha sido muy grande”

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El falso positivo de amor y amistad

Dentro de las celebraciones que ha impuesto el comercio, después del día de la madre y el del padre, tal vez la más popular es el dia del amor y la amistad en el mes de septiembre de cada año. En este 2018 tal evento me rememora los hechos del 16 y 17 de septiembre de 2006 en los que perdió la vida Helvir Antonio Torres y se salvó su primo Fredy Torres, quien se escapó milagrosamente de la persecusión de miembros del ejército en uno de los episodios conocidos como “falsos positivos”. Esta situación se relata en mi libro “Jaguar y el falso positivo”, presentado hace pocos meses en la Librería Lerner.

A continuación se transcribe el primer capítulo con el que comienza el drama.

 Pablito clavó un clavito

La tarde cae suavemente desde las colinas que rodean al pequeño pueblo. De repente el cielo se cubre de nubes plomizas y un viento húmedo recorre las calles, deja desierta la plaza y obliga a los pocos transeúntes a refugiarse en casas y bares. En la pequeña tienda de doña Aydé, situada en una de las calles que enmarcan la plaza central, Helvir Antonio, lugareño que bordea los veinticinco años, dedicado a oficios varios en la plaza de mercado, se sorprende de que todavía, a nueve de septiembre, los vientos de agosto se hagan sentir con tanta fuerza, y de que los días, que solían ser tibios y soleados en esta época, ahora sean fríos y oscuros.

Sumido en sus pensamientos, surge de pronto su padre, Suetonio, le asalta una leve inquietud: si aquí hay este clima, cómo estará en el páramo, donde su viejo cultiva papas. Se lo imagina resguardado del temporal junto al fogón, en una espera que se deshará en el sueño y de la que volverá a acordarse al despertar.

Una bandada de pájaros negros que pasa graznando a lo lejos reproduce un cuadro sombrío en su mente y no puede dejar de pensar en Francy Estela: se ha incubado un presentimiento que aminora la esperanza de reconciliación. Lleva una semana disgustado con ella, apenas viendo a los niños al salir de la escuela. La situación lo tiene desesperado, pero confía que el mes del amor y la amistad le sea propicio para arreglar el problema. No dura mucho la nube de aves y su optimismo vuelve conforme el cielo se despeja: «Bueno, todavía falta una semana, ya veremos qué pasa en este tiempo. De todos modos voy a ahorrar para un buen regalo el dieciséis. Ojalá sea el momento de olvidar los problemas y que volvamos a estar en familia».

Una palmada en la espalda y «¡Quihubo arracacho!» interrumpen el monólogo interior. Al voltearse reconoce a un amigo al que no veía hacía mucho tiempo. «Uy, Wilson, casi me mata del sopetón. Qué milagro verlo por aquí, casi no lo reconozco así con ese peinado, ¿se volvió soldado o qué?, ¿y qué son esas ojeras tan tenaces? Yo pensé que se había olvidado del pueblo y de los amigos.» El recién llegado le propone se acomoden en una mesa donde puedan hablar más tranquilos. Allí le dice que ahora debe llamarlo Pablito, por motivos que no puede revelar por el momento, pero que la amistad sigue siendo la misma y que antes de hablar de otras cosas se tomen unas cervezas para celebrar el encuentro, y para que se anime por ahí derecho, que lo ve como muy triste, y que por plata no se preocupe porque él invita y si está falto de efectivo hasta puede hacerle un pequeño préstamo.

Lo del préstamo queda en el aire con la súbita aparición del primo Fredy, conocido como Pinocho, a quien convidan a la mesa. Este se acomoda y la conversación se reanuda. Poco después llegan dos hombres, jóvenes también que si acaso llegan a los treinta, recibidos efusivamente por Pablito. Uno de ellos, de marcado acento paisa, se presenta como José, y el otro, de hablado costeño, como Fercho. Ambos se muestran amplios desde el principio, hasta el punto de reiterar que nadie debía preocuparse por gastos, que ellos invitan, y si se acaba el trago en el pueblo, “pues seguimos la rumba en Fusagasugá”. La simpatía de los foráneos, la familiaridad con la que los trata el amigo de nuevo nombre y la animación propia de unas cervezas a ritmo de sed hacen surgir un clima de confianza entre los cinco en el que no suenan extrañas imprevistas inserciones, como una de José, digamos El Paisa, referente a levantar un viejo de plata que tienen detectado para sacarle «un billete largo». Los primos, criados como hermanos desde niños y que a raíz del problema de Helvir con su esposa están compartiendo habitación, parecen entenderse en silencio y no dicen ni sí ni no a la propuesta y eluden el tema, pasando a hablar de cosas para las que tengan que inclinar menos sus cabezas. Al rato, El Paisa retoma el punto acotando que todo está listo; El Costeño dice tranquilos, no tienen que responder ahora, después se verá, que “cuando es a tomá, es a tomá”, que hay que disfrutar el momento y que otro día hablan de negocios.

—Mejor vámonos —dice Fredy— se ha hecho tarde y el trago ya nos está venciendo.

Fredy ha dado las gracias mientras saca a su primo del brazo y se retiran del lugar.

—No sé qué pensar, hermano. Yo no le tengo mucha confianza a ese man. Lo vengo viendo desde hace un mes y se me hace muy raro que ahora aparezca con esos dos, que de una nos salen con esa vaina tan rara —le dice con preocupación a Helvir cuando están ingresando en la vivienda.

—No, llave, yo al hombre lo conozco, es el sobrino de doña María Pastora, la que vive en las afueras, junto al puente. Eso es pura farolería del man, como siempre fue muy pobre ahora quiere es aparentar. Yo creo que él les maneja el billete a esos dos, de ellos sí no puedo decir nada porque apenas los vi hoy.

—Por eso hermano, si fuera él solo, hasta me lo tragaba, pero es que ese paisa y ese costeño, ¿cómo es que nos van saliendo con el cuento ese del señor?

—Usté siempre tan desconfiao. Yo creo que los manes estaban cañando y ni me tomo muy en serio la cosa. Si los volvemos a ver les seguimos la corriente, nos los gorriamos y no nos comprometemos en nada. A mí tampoco me gustan los asuntos que nos traigan problemas con la ley, pero al menos hasta el día de amor y amistad me viene bien tener quién me pague la tomada. Además estando con usted me siento protegido. No le pongamos tanta pirinola al asunto.

—Primo, no es que yo me complique sino que me gusta analizar, uno no sabe con qué le pueden salir. ¿Vio que yo les pedí los números de teléfono a los tipos? —Helvir asiente con la cabeza— Ah, era para ver qué tan confiables eran. Aquí los tengo registrados en el celular por si acaso. Ya veremos la próxima vez qué pasa.

Audacias mayores de cien años

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Imagen tomada de https://www.youtube.com/watch?v=M1ss-8t7wM8

Por estos días de consulta anticorrupción de este agosto de 2018 se revelaron datos recogidos por la Administradora de los los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud – (Adres), según los cuales hay en el país 16.703 afiliados al sistema de salud que aparentemente tienen más de 100 años, según la fecha de nacimiento que registraron. Por rangos de edad, el 93 por ciento de estos usuarios se ubicarían entre 100 y 110 años, el 6 por ciento entre 111 y 120, y el 1 por ciento en más de 121 años.  De ese total de los centenarios encontrados en el sistema de salud, 15.026 están recibiendo el subsidio que brinda el Estado a través de su afiliación al Régimen Subsidiado de Salud. Por distribución geográfica, el 62 por ciento de los registros del régimen subsidiado se concentran en los departamentos de la región caribe, especialmente en Córdoba y Sucre.

Ya de por sí estas cifras resultan bastante sospechosas porque a pesar de la perennidad de personajes como Roberto Gerlein el del sueño eterno en el Senado, Olga Duque de Ospina con sus clásicas frijoladas con el jet set nacional y José Galat, un superdinosaurio que en sus ratos libres se alquilaba para hacer reemplazos en Bodies, la exposición de muertos plastificados,  entendíamos que Colombia no estaba dentro del listado de países con más longevos en el mundo. Además si verificamos que España, que cuenta con mayor población que nosotros y un mayor nivel de longevidad y que de acuerdo con datos de la OMS, tiene cerca de 17000 centenarios, no parece muy creible la cifra con la que se inicia esta nota. A su vez Cuba,  con mejores servicios de salud y una mayor expectativa de vida que nosotros, registra aproximadamente 2000 centenarios, nuestro país, de acuerdo  a la población total (más o menos cuatro veces más que la de la isla caribeña), de tener la misma proporción de superveteranos (lo que asuminos como hipótesis), tendría más o menos 8000 personas de edad superior a los cien calendarios.

Pero la suspicacia se incrementa al advertir que según los registros oficiales únicamente una cuarta parte de los 16.703 centenarios reporta haber recibido por lo menos un servicio de salud en el 2016. Resulta pues que no solamente tenemos una buena cantidad de supercuchos sino que son más saludables que los sardinos ya  que solamente un 25%, los más enfermitos, van al galeno y eso una vez cada año. Reconozco que al llegar a ese punto me entró algo de envidia, enfermedad de la cual según el famoso ciclista Cochise Rodríguez, muere en Colombia más gente que de cáncer. Por que si a mi edad, que todavía dista algunas décadas del siglo, tengo que ir a controles médicos por los menos cuatro veces al año, cómo va a ser posible que las tres cuartas partes de las supuestas 16 mil y pico de anticuallas se la pasen tranquilos tomando chocolatico en casa y no tengan que ir ni siquiera una sola vez en el año a tales citas.  Algo anda mal y no creo que se trate de simples fallas estadísticas al comprobar que de todos modos por este porcentaje que no aparece en los registros de atendidos médicamente de todos modos se reconoce a las EPS  la llamada Unidad de Pago por Capitación.

Estaríamos pues como en una mala película de terror ante una temible y numerosa legión de viejitos fantasmas que sólo existen en el papel para así robarse los pagos correspondientes un nuevo grupo dedicado a esquilmar el erario.

Lo que faltaba: no es suficiente con el cartel de la hemofilia, el de los pañales, el de los cupos educativos, del papel higiénico, el de la alimentación escolar, etc. Ya se ha presentado en sociedad,  con ropas anticuadas y lenguaje arcacio  el cartel de las arrugas. Un efecto colateral muy grave de este nuevo engaño es que ya ni siquiera se puede confiar en el “Plan Canitas”.

En la década del 30 de la centuria pasada, a raíz del ingreso del entonces joven Darío Echandía y otros coetáneos suyos a altos cargos en el  gobierno de la Revolución en Marcha se habló de las “audacias menores de 40 años”. Ahora los pillos dan otra muestra de su ingenio con esta enorme cantidad de audacias mayores de cien años.

Esperamos que la justicia desmantele la banda que maneja este fraude y descubra el secreto de los millones de eones que se esconde detrás de esta organización. Por lo pronto, además de sugerir que se interrogue a los ya nombrados Gerlein, Galat, Olga Duque y Belisario Betancur, entre otros, doy varias pistas que pueden orientar las investigaciones: el clan criminal no es de creación reciente sino bastante antigua, celebró a comienzos de año su viégesimo aniversario en un exclusivo ancianato del norte de Bogotá, en sesión a la que asistió como invitado de honor un delegado del club de expresidentes en su condición de “muebles viejos de la República”. Se comenta incluso que el cerebro de esa mafia añeja sería un tenebroso y experimentadísimo sujeto conocido en los  viejos fondos con el alias de “Matusalén”, que tendría conexiones con el recientemente depuesto gobernante de Zimbabwue y con el “nuevo” presidente de Malasia.

Un conocido refrán dice que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Estamos en mora de poner coto a este que por definición lleva siglos, lo que solamente puede ser posible cambiando de raíz a la vetusta clase dominante que con sus gobiernos corruptos convirtió la salud en un negocio a favor de las EPS que a la vez facilita toda clase de fraudes y ha hundido a Colombia en la ignominia y la injusticia social.

Reconciliación en el cuerno

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, a la izquierda, y el presidente eritreo, Isaias Afewerki, a la derecha, firmando el acuerdo. / Twitter Yemane Meskel

Imagen tomada de El protestante digital

 

Recientemente, al oir la noticia de la muerte de la gran cantante española María Dolores Pradera, a la tierna edad de 93 años, sentí sorpresa, no por su fallecimiento sino porque no sabía que aún estaba viva. Algo similiar me ocurrió hace cerca de un mes, al leer sobre el acuerdo de paz entre Etiopía y Eritrea. A pesar de estar frecuentemente dando revista a las guerras poco recordadas, la vivida entre estos dos países africanos también había desaparecido de mi memoria, pues dentro del amplio espectro de guerras olvidadas, por definición, poco es recordada la que protagonizaron dos hermanos situados en la zona conocida como el cuerno de África, Etiopía y Eritrea, entre 1998 y 2000. Tal conflicto entre dos de las naciones más pobres del mundo, además de las pérdidas humanas, implicó severos daños a las economías de ambos. Los antagonistas, a pesar de haber cesado los enfrentamientos, continuaban técnicamente en guerra, ya que no se había firmado un acuerdo de paz.

Afortunadamente, en esta mitad de 2018, los más altos dirigentes de dichos países acordaron dar por terminado el conflicto y firmar la paz, lo que me motiva a escribir unas líneas sobre la historia de sus protagonistas.

Etiopía es uno de los estados más antiguos del mundo y fue uno de los primeros en acoger el cristianismo. Aún hoy gran parte de su población pertenece a esta religión. Su mito fundador es la unión entre Salomón y la reina de Saba, que originó la dinastía que rigió hasta 1974 cuando el Ejército derrocó a su último representante, Haile Selassie, conocido como “El negus”, emperador que se había llamar rey de reyes y era tratado casi como una divinidad viviente, que además inspiró al movimiento de los rastafaris con origen en Jamaica. El escritor cubano Ramiro Valdés Vivó relata en su libro “Etiopía la revolución desconocida”, cómo este autócrata, propietario de grandes extensiones de tierra y verdadero señor de vidas y haciendas, desayunaba diariamente con gran pompa y una vez terminada esta primera comida del día hacía sonar con gran estrépito enormes trompetas desde lo alto de su palacio para que los demás emperadores, reyes y grandes señores de todos los rincones del mundo ahora sí pudieran tomar sus alimentos después de que lo hizo su Excelencia, el Léon de Judá, Rey de Reyes, Ras Tafari, Elegido de Dios, etc.

Etiopía es un país principalmente agrícola, con sólo un 11% de población urbana, que porta algunos rasgos que lo distinguen de los demás países africanos:  ser un estado independiente desde hace mucho más tiempo que cualquier país de África, excepto Egipto; permaneció inconquistado durante casi 3000 años, aún en el período culminante del forcejeo de Europa por apoderarse de África, y lo fue porque era demasiado inaccesible, montañoso e inexpugnable al ataque. Sólo permaneció bajo dominación extranjera durante la ocupación italiana desde 1936 hasta 1941. Su capital es Adis Abeba, hermoso nombre que en el principal idioma del paíes, el amárico, significa “Nueva Flor”.

Por su parte Eritrea deriva su nombre del Marem Erythraeum, que es como los romanos llamaban al Mar Rojo. Su capital es la ciudad de Asmara y su idioma principal es el tigriño o tigré. Su historia contemporánea oscila entre la ocupación italiana entre 1889 y 1941 y la anexión a Etiopía que duró entre 1952 y 1991 después de una lucha de independencia iniciada treinta años antes.

El contencioso al que han puesto fin oficialmente en 2018 los involucrados tuvo lugar entre 1998 y 2000, originado en litigios fronterizos y en el trato que cada país daba a los originarios del otro en su territorio.

Se trató de una guerra muy asimétrica, en la que la superioridad de Etiopía era muy notoria, al grado de estar a punto de la derrota total de su enemigo hacia mediados de 2000. No obstante, no se produjo la toma de la capital eritrea por tropas etíopes como estaba a punto de ocurrir, debido al embargo de armas impuesto a ambas partes por el Consejo de Seguridad de la ONU y a la intervención mediadora de la Organización de Unidad Africana-OUA.

Las hostilidades fueron paradas y se volvió al status anterior al inicio de la guerra pero desde 2000 la enemistad continuaba latente y no se había firmado un pacto de paz hasta la ocasión feliz que comentamos al inicio de esta nota.

Celebremos pues la buena nueva de otro acuerdo de paz en un mundo que tanto la necesita y que es tanto más bienvenida en cuanto la guerra afectó severamente a dos pueblos que de por sí sufren grandes catástrofes por la pobreza y las frecuentes sequías.

Bienvenida la nueva era que anuncian el presidente deEritrea, Isaías Afewerki, y el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, en la Declaración Conjunta de Paz y Amistad que pone fin a la guerra entre los dos países.

Fabulando en Villa de Leyva

Palabras leídas el 28 de julio en el Encuentro de Poesía en homenaje a los sesenta años del nadaismo a nombre del Taller de Escritores Gabriel García Márquez en el acto de presentación del libro de fábulas del escritor Germán Flórez Franco.

Maestro Germán Flórez Franco, distinguida familia del escritor, amigos todos:

El Taller de Escritores Gabriel García Márquez, que se honra de tener entre sus integrantes al hombre de letras que hoy nos convoca, le da su saludo más cordial, así como a la población que nos acoge y que se ha convertido en una de las ciudades más queridas por los colombianos y numerosos extranjeros. Aquí, invitados a este extraordinario evento cultural, lamentablemente no pudimos apreciar en la majestuosidad de su cielo acogedor la ruborización intensa de la gran dama blanca de la noche, pero sí vimos el brillo del profeta de la nueva oscuridad en su búsqueda de la nada y el resplandor de dos leyendas vivientes del nadaísmo: Angelita y Jota Mario.

No es la primera vez que se nos concede el gran privilegio y honor de acompañar a Germán a la presentación en sociedad de uno de sus hijos literarios. Ya hemos sido testigos del nacimiento de Por las sendas del haikú, En las entrañas del mito y la leyenda, entre otras obras en prosa y verso, producto de su fecunda imaginación y de su acendrado amor por la humanidad y en especial por las gentes sencillas de la tierra colombiana.

Hoy, en una afortunado mestizaje entre la fábula como uno de los géneros de mayor vigencia en todos los tiempos y lugares y la rica tradición oral de nuestro país, nos presenta Póngale color, exquisito texto con decenas de fábulas en los que son protagonistas diferentes animales.

Hay quienes dicen que  además de llevarnos a conversar con los ángeles, la función de la poesía es mantener la salud del idioma, en tanto la literatura en general busca “tranquilizar a los inquietos e inquietar a los tranquilos”.

Este no es el momento para pontificar acerca de la validez de esos apotegmas. Pero sí creo que sirva como oportunidad para decir que con “Póngale color”, sí se está ayudando a la salud del idioma y del habla popular, con el valor agregado de que sirve de asesor de imagen de ciertos bichos que no han gozado de muy buena prensa. Vemos así desfilar al coleóptero reconocido por su nada exigente dieta, a la babosa, la rata, la zarigüeya (fara, runcho o chucha como también se le conoce, caracterizada por su rabipeladez cual senador de extraña cultura ciudadana) y el lagarto, entre otros. Las fábulas protagonizadas por simpáticos animales, además de solazar, seguramente inquietarán a muchos que se creían tranquilos o tal vez tranquilizarán a otros inquietos porque en todo caso muestran la complejidad de las relaciones humanas y la gran vanidad de lo que hace más desiguales a los humanos, el poder. En ellas, como en todas sus obras, nuestro autor usa la ironía y el más fino sarcasmo para denunciar la injusticia y demoler las múltiples formas bajo las cuales se enmascara y pretende legitimarse.

Pero volvamos a la razón de nuestra presencia en este evento. El Taller García Márquez, como escenario de creación literaria y cofradía de personas interesadas en las letras como reflejo de las complejidades humanas y sociales, quiere certificar ante la comunidad villaleyvana la aparición de una nueva leyenda entre las muchas que pueblan la mitología colombiana. Damos fe de la existencia fecunda y arraigada en el alma del pueblo de un extraño ser que ya bordeando su octava década se asombra y nos asombra con la ingenuidad de un niño ante las maravillas del mundo y pone a hablar a los animales, da vida a la Patasola, al Duende y otras criaturas de los montes, al tiempo que como un antiguo sacerdote del dios de las viñas nos invita a brindar pero no por uno pocos sino “por todos, los del Sur, del Norte, del Este y del Oeste, por todos los habitantes de la tierra, los de color, los sin color. Por el arco iris de la raza de América, porque podamos estrenar un nuevo cielo y acariciar con el trabajo una tierra nueva, sin explosiones de odio en su piel ni podredumbre fratricida en sus arterias, donde los peces se vistan de colores sin contaminación en sus entrañas, y no vuelva a abortar en sus orillas la vida, profanada e incierta”.

Ese mismo hombre ya legendario ha plantado en lo más hondo de la Colombia profunda la esencia de la cultura japonesa y tanto en sus haikús poéticos como en ese otro gran poema que es su existencia misma y la querencia en la que discurre junto a su compañera de vida y sueños, entre poemas, flores, amores y sufrimientos por una patria atormentada y una sociedad injusta pero donde aún hay lugar para la belleza y el anhelo de un mundo mejor.

Por último, pero no menos importante, este viejo de la montaña, a diferencia del que comandaba a la secta de los asesinos, lleva un mensaje de amor y paz y comparte el pan de la poesía con los seres que en sí mismos son los mejores poetas, los locos bajitos, dándonos un mensaje de esperanza a pesar de tantas razones para la pérdida de la fe en el ser humano.

Gracias Germán y gracias Villa de Leyva.

Dirección del Taller de Escritores Gabriel García Márquez

 

 

 

Desmonte de Unasur: puñalada a un sueño de integración y autonomía

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Con los cambios políticos en Suramérica, especialmente en Brasil, Argentina y Chile, la Unión de Naciones Suramericana-Unasur- ha entrado en cuidados intensivos. A la ofensiva que adelantan estos gobiernos para acabar este proyecto integrador se han unido recientemente y con bastante fuerza los gobernantes peruanos y el recién electo nuevo presidente de Colombia.

Iván Duque, en declaraciones dadas desde Estados Unidos (lugar que no debe haberse escogido por casualidad), dijo sin ambages que nuestro país se va a retirar de Unasur, organización a la que señala de estar ideologizada y se haberse convertido en un paraguas protector del gobierno de Maduro, amén de ser contraria a  la OEA, que a su juicio es el espacio para el análisis de los problemas continentales y donde el peso del estado norteamericano es decisivo.

Que al coro por la liquidación de esta entidad se una un gobernante de extrema derecha partidario de la alineación incondicional con la potencia del norte no es ninguna sorpresa. Pero la posición de Lenin Moreno, mandatario ecuatoriano pidiendo que se le devuelva el edificio en el que funciona la unión en Quito porque está convertido en un “elefante blanco” ya entra en la categoría de “fuego amigo” y es una verdadera puñalada por la espalda propinada precisamente por el gobierno del país que es sede y emblema de la entidad. Se esperaba que a pesar de su marcada distancia en asuntos internos con el proyecto del expresidente Correa, al amparo del cual fue elegido, al menos teóricamente se mostrara como partidario de mantener con vida el proyecto integrador de Sur América.

Somos un país poco interesado en los asuntos internacionales, lo que unido a la gravedad de los problemas domésticos hace entendible que no se haya generado mucha polémica por la posición del nuevo mandatario. Sin embargo, lo referente a Unasur ameritaría una toma de posición y verdadero debate por los partidos y dirigentes políticos, así como por los medios de comunicación y los orientadores de la opinión.

Pero no, se deja pasar sin pena ni gloria un tema   de suyo trascendente, como quiera que se relaciona con nuestra pertenencia o no a una asociación que agrupa a todos los países del subcontinente y que está concebida como un proyecto ambicioso a largo plazo sintonizado con sueños integracionistas y autonomistas que incluso venían siendo esbozados por algunas de las figuras fundadoras de la República como el propio padre de la patria que vio como una necesidad absoluta la unión de las naciones suramericanas para asegurar una inserción conjunta de ellas en el escenario internacional, entre otras razones como una forma de evitar ser engullidas por el expansionismo de Estados Unidos que ya se veía venir desde los albores del siglo XVII.

Es pues, en el mejor de los casos, una posverdad eso de que Unasur es un mascarón de proa del chavismo (desconociendo, entre otras cosas que en realidad su principal impulsor fue Brasil en la época de Lula) y se está engañando a la opinión pública sin siquiera hacer mención de que la Unión tienen como objetivo crear un espacio de integración  en lo cultural, social, económico, político y comercial entre sus integrantes, para establecer los primeros pasos de una integración mayor en la región, utilizando el diálogo político y las políticas sociales, para tratar asuntos relativos a la educación, energía, infraestructura, financiación y medio ambiente entre otros, para eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social, la participación ciudadana y fortalecer la democracia.

Dentro de los programas de Unasur está la creación de la ciudadanía suramericana, una moneda única, conectar físicamente a Suramérica mediante redes de transporte, apoyo mutuo en lo crediticio, incluso proyectos espaciales conjuntos y la reafirmación del subcontinente como zona de paz, libre de armas nucleares y el establecimiento de políticas de seguridad autónomas, no vinculadas a alianzas militares ajenas a la región.

En ese marco, la entidad jugó un papel importante en el respaldo a la institucionalidad en Ecuador en 2010 cuando el entonces presidente Correa enfrentó una intentona golpista y años después en la crisis creada por sectores separatistas de la zona oriental de Bolivia medió para bajar las tensiones entre sectores enfrentados agriamente. Es claro que se le cobra no haberse unido a los planes de la OEA y del gobierno estadounidense contra Venezuela, pero esto no significa que se haya alineado con Maduro. Esta actitud, lo mismo que su propia razón de ser como escenario que procura espacios de autonomía para los países suramericanos es lo que se le cobra ahora por parte de gobernantes que obedecen más al hegemón que a los intereses de sus pueblos.

La desinformación es tal que ha llegado hasta la satanización del expresidente Samper por su papel al frente de la Secretaría General de Unasur, llegando inclusive a describirlo como alguien enemigo de Colombia por el solo hecho de interactuar, como tenía que hacerlo, con el presidente de Venezuela procurando mediar en la grave crisis que vive esa nación. Se puede estar en desacuerdo con este exmandatario por ocho mil razones (la cifra es escogida al azar) pero no se puede desconocer su condición de demócrata ni tomar a la ligera su advertencia de que liquidar Unasur sería un suicidio para los países suramericanos.

También se pretende desconocer que en sí Unasur no es enemiga de los Estados Unidos ni de la OEA sino que pretende un modelo propio para las 12 naciones suramericanas en un marco de paz, diálogo y autonomía. Por lo demás los ahora liquidadores de este sueño integracionista engañan descaradamente al sugerir que hay paralelismo, cuando en la arena internacional es frecuente que un país pertenezca a diferentes entidades o asociaciones de países, sin que per se ello sea antagónico. España, por ejemplo, es miembro tanto de la Unión Europea como de las cumbres iberoamericanas. En América misma tenemos en un pasado reciente el Grupo de Río, el Grupo de Contadora y otros con estados que a su vez son integrantes de la Organización de Estados Americanos y más recientemente el llamado Grupo de Lima, por cierto bastante ideologizado porque lo forman los gobiernos de la derecha más recalcitrante y progringa y de hecho se creó para desestabilizar al gobierno venezolano. Esta instancia multilateral formada recientemente cuenta con la presencia de Méjico, Canadá, Colombia. Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, entre otros, y se muestra muy radical en lo referente a Venezuela, en tanto no dijo nada sobre el escandaloso fraude ocurrido hace poco en Honduras, donde se escamoteó la elección como presidente del candidato alternativo, Salvador Nasralá.

Las corrientes alternativas y el movimiento social colombiano tienen ciertamente muchos asuntos urgentes que enfrentar en estos momentos, empezando por el cruel exterminio al que vienen siendo sometidos los líderes sociales y opositores. Sin embargo, en algún momento deben también airear en los diferentes escenarios públicos e institucionales la necesidad de defender este proyecto integracionista y exigir que un tema de tanta trascendencia sea tratado con altura y con información verídica, de cara al país, entre otros escenarios en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores y en el Congreso.

No dejemos que Colombia se dé un tiro en un pie, accionado por el gatillo de Duque, seguramente movido a distancia por otros porque no creo que esto lo esté haciendo él “solito”. En vez de estar haciendo visitas al Comando Sur de las Fuerzas Armadas de una potencia extranjera (a donde muy posiblemente también llevó las “saludes” de un “presidente eterno”), el mandatario debería dedicar sus energías a otras causas que unan al país y al vecindario.

Se hace imperativo continuar la acumulación histórica de soberanía desde la integración de los pueblos, retomar la lucha en las calles y desde la base social para no estar ni sentirnos debilitados ante el Norte. Unasur es y seguirá siendo una utopía cercana para Suramérica, esperanza y lucha por asumirnos como subcontinente que puede concebir y producir “la unidad en la diversidad” en función de la ampliación de derechos y posibilidades de sus habitantes, haciendo además realidad el mandato constitucional de la orientación de la política exterior hacia Latinoamérica, enfocada en la paz en la región y en el mundo.

En una visita a Machu Pichu, embargado por la emoción de hallarme en uno de los sitios más mágicos de la tierra, miré hacia abajo y vi al fondo, en el centro del río Urubamba, una isla que tenía la misma forma de Suramérica. Pienso que esta alegoría en el corazón de lo que fuera el imperio inca no era casual y aún cuando el islote no era una formación permanente sino ocasional, quedé con la sensación de que los pueblos hermanos de esta parte de América estaremos unidos más temprano que tarde, a pesar de los intentos en contra de quienes desde el poder muestran tener el corazón (y el bolsillo, remember Panama Papers)  en otra parte.

 

Desayuno con Carra(o)squilla

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Imagen tomada de internet (15 imágenes que definen contraste entre riqueza y pobreza en el mundo, http://www.tomateunbreak.com/contraste-entre-pobreza-y-riqueza/. Pregunta del millón (de dólares): ¿ De qué lado se ubica el equipo de empalme de Duque?

 

La elección del exministro de Hacienda Alberto Carrasquilla como jefe del equipo de empalme con la administración saliente por parte del electo presidente putativo, Iván Duque Escobar, es una clara demostración del carácter abiertamente neoliberal de sus programas. De esta forma queda muy claro que su cáchara sobre la “economía naranja” y supuestos planes a favor de los sectores pobres de la población no eran más que promesas de campaña.

Si alguien todavía albergaba alguna esperanza sobre medidas del nuevo gobierno con algún sentido de justicia social, con los nombres que se han divulgado sobre otros integrantes del mencionado conjunto que realiza labores de empalme, tendrá que admitir que el llamado eufemísticamente “sector privado”, esto es, los grandes empresarios del país, tiene desde ya una representación sin antecedentes, haciendo que sea más cierta que nunca la aformación de los clásicos del marxismo en el sentido de que el estado no es más que una junta que administra los negocios conjuntos de la burguesía.

Todos los gobiernos han sido de y para los ricos, porque sobra decir que hasta ahora ninguno puede catalogarse como representante de los sectores medios y populares.  Sin embargo, seguramente como parte de la estrategia de aparentar algo de preocupación por los intereses de las mayorías, se disimulaba un poco el carácter de representantes del gran capital nacional e internacional de los altos jerarcas gubernamentales.

Si se revisa, así sea someramente la lista de las personas designadas por el mandatario para dicha tarea pareciera que estamos leyendo el directorio de las mayores corporaciones y grupos económicos, con alguna salpicadura de clanes familiares (dos Lafaurie Rivera: José Félix y Luisa Fernanda, sólo faltó que incluyeran en el sector cultura a la destacadísima María Fernanda Cabal, esposa de José Félix, recordada por su invocación a que se reunieran en el infierno Fidel Castro y García Márquez, cuando el país estaba aún en duelo por la muerte del Nobel).

Casi siempre quienes encabezan las diferentes ramas con miras a la transición son justamente las personas que van a orientar la política en las áreas respectivas en el ejecutivo entrante. No hay sotpresa entonces al ver que el sector agricultura está encabezado por José Félix Lafaurie, presidente de la Federación de Ganaderos y reconocido enemigo de la restitución de tierras, escoltado por Nicolás Echavarría, presidente de Banafrut, empresa comercializadora de banano con sede en la zona de Urabá. La salud es confiada a las cabezas de la Fundación Santa Fe, al vicepresidente de seguridad social de Suramericana y los directores de los hospitales San Vicente y San Ignacio.

En el sector comercio, entre otros capitalistas, están el empresario Arturo Calle y Carlos Enrique Moreno, presidente del Grupo Corona.

En educación fueron designados cinco rectores, todos de universidades privadas.

Como si esto fuera poco, en el rubro energía están Alejando Martínez Villegas,quien fue durante 20 años presidente de la Federación Colombiana de Petróleos y ahora lidera el gremio Glp (Gas Licuado de Petróleo) Gasnova que agrupa a cerca del 80% de las compañías del sector, y Luisa Fernanda Lafaurie, por la empresa Oleoducto Central, reconocida por sus servicios a grandes compañías como Glencore, Carbocol y al grupo Efromovich, por lo demás con gran movilidad en la silla giratoria pues ha sido viceministra y ministra de Energía.

Los anteriores son solamente botones de muestra que reseñamos para no hacer más fatigosa la relación.  Baste con mencionar un dato más: a cargo de la transición en vivienda está Luis Carlos Sarmiento junior, por la organización que lleva el nombre de su padre, Luis Carlos Sarmiento Angulo, el empresario más poderoso de Colombia.

Para finalizar, un recuerdo personal: hace cerca de 16 años asistí a un seminario convocado por el Banco de la República en el que las “estrellas” fueron un estadounidense Premio Nobel de Economía cuyo nombre no recuerdo, y Alberto Carrasquilla. El primero, contratado por unos jugosísimos honorarios, se limitó a hacer una exposición econométrica apoyado en curvas de oferta y demanda. El segundo tuvo también como sustento cuadros estadísticos con base en los cuales sostenía que había un el 30% de los asalariados ganaba menos del salario mínimo legal. Cualquiera pensaría que alguien con un mínimo de sensibilidad social y que hasta hacía poco había regentado el Ministerio de Hacienda plantearía que había que sancionar esa infracción al mínimo legal y procurar que por lo menos se cumpliera esa asignación de ley en aras de un principio elemental, si no de justicia al menos de legalidad. Pero no (iluso que es uno) el hombre sostuvo sin pestañear que lo que debería hacerse era superar esa contradicción y acercar el salario a la realidad del mercado, esto es, bajarlo y suprimir lo que considera una barrera a la libertad económica. Poco después, para paliar el desempleo luego de dejar su alto cargo, en el Ministerio de Comunicaciones le dieron un contrato en cuantía de cerca de seiscientos millones de pesos (bastantes salarios mínimos) por una corta asesoría. Falta ver si sostendría la misma tesis si en vez de esa cifra tuviera que devengar el sueldo mínimo. Desde ese momento vengo proponiendo que a todo ministro de hacienda se le debería poner a vivir (léase con el prefijo “sobre”) durante seis meses con el salario mínimo legal, para que tenga mayor conocimiento de causa sobre ese tema.

Y estos son los personajes que sindican de fomentar la lucha de clases a quienes proclaman la necesidad de un cambio democrático hacia la equidad y la justicia social en el país.

Quedamos avisados. Desde el desayuno se sabe lo que va a ser el almuerzo.

 

Solidaridad con los refugiados hoy y siempre

 

Como en las épocas de la novela Éxodo, el barco Aquarius con más de 600 migrantes africanos deambuló a la deriva por el Meditarráneo después de ser rechazados por Italia y Malta. Al menos esta vez los acogió España y no corrieron con la infame suerte de muchos otros que naufragaron en un mar que se ha ido convirtiendo en una enorme fosa común para miles de frustrados viajeros que nunca llegaron al destino soñado.

También por estos días se agudiza el tratamiento inhumano a familias que intentan ingresar por la frontera sur de Estados Unidos y reciben como respuesta del gobierno racista de Trump la detención de los adultos y la separación familiar, dejando a los niños encerrados en unas horribles jaulas.

Igualmente otra de las recientes situaciones más notorias ha sido la de los rohingyas, minoría musulmana en Mianmar (antigua Birmania) reprimidos brutalmente y obligados a salir del país por cientos de miles hacia la vecina Bangla Desh, en un genocidio que aún no termina y que ha sucedido ante los ojos del mundo.

Dificílmente podría evidenciarse un panorama más complejo para el Día Internacional del Refugiado, que desde el año 2000 se celebra el 20 de junio por decisión de la Organización de Naciones Unidas.

Los datos de esta organización  hablan de que hay en el mundo cerca de 68 millones de refugiados (entre ellos más de la tercera parte niños), esto es,  personas que han debido abandonar su país huyendo del conflicto o de la persecución para salvar sus vidas.

En un mundo donde la violencia obliga a miles de familias a abandonar sus hogares para salvar sus vidas, es el momento de demostrar que todos estamos de parte de los refugiados.

Su condición y su protección están definidas por el derecho internacional, y no deben ser expulsadas o devueltas a situaciones en las que sus vidas y sus libertades corran riesgo.

Nosotros, además de los millones de desplazados internos, tenemos por lo menos 600 mil colombianos refugiados en el exterior.

Por eso en el día mundial del refugiado debemos ampliar la solidaridad con esta población, con los compatriotas que están fuera del país y con las personas de otras naciones que han buscado protección y seguridad en la nuestra.

En lo personal es el momento de recordar y agradecer la hospitalidad que me brindó el Uruguay a fines de la década del 80 cuando por “razones de salud” salí de Colombia y permanecí allí cerca de tres años. El período vivido en esa república hermana me permitió sentir la solidaridad de numerosas personas y organizaciones que tanto a mí como a otros compatriotas nos dieron  apoyo político y fraterno calor humano. El sindicato de la construcción (Sunca), Amnistía Internacional capítulo Uruguay, el Partido Comunista y otros integrantes del Frente Amplio, la central sindical PIT/CNT, el Sindicato Médico del Uruguay, la inolvidable Celia Beatriz Fernández, verdadera mamá adoptante de los colombianos, Marina Manzini, Graciela Almeida, la familia Castiñeira-Latorre, el italiano Nazario Esposito, así como la representación de Acnur (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) que era ejercida por delegación en la Iglesia Metodista, dirigida por Teresa Aiskar, son algunas de las entidades y personas que se convirtieron en nuestros ángeles de la guardia en ese país.

Desde 2016 Acnur adelanta una campaña mundial de firmas para alentar a los gobiernos de todo el mundo para que garanticen que todos los niños refugiados tengan acceso a la educación, que todas las familias refugiadas tengan un lugar seguro donde vivir, así como para garantizar que todos los refugiados puedan trabajar o formarse para adquirir nuevas competencias y así poder contribuir positivamente a sus comunidades.

Esta campaña continuará hasta la adopción del Pacto Mundial sobre Refugiados en 2018.

Cada firma cuenta.