Desmonte de Unasur: puñalada a un sueño de integración y autonomía

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Con los cambios políticos en Suramérica, especialmente en Brasil, Argentina y Chile, la Unión de Naciones Suramericana-Unasur- ha entrado en cuidados intensivos. A la ofensiva que adelantan estos gobiernos para acabar este proyecto integrador se han unido recientemente y con bastante fuerza los gobernantes peruanos y el recién electo nuevo presidente de Colombia.

Iván Duque, en declaraciones dadas desde Estados Unidos (lugar que no debe haberse escogido por casualidad), dijo sin ambages que nuestro país se va a retirar de Unasur, organización a la que señala de estar ideologizada y se haberse convertido en un paraguas protector del gobierno de Maduro, amén de ser contraria a  la OEA, que a su juicio es el espacio para el análisis de los problemas continentales y donde el peso del estado norteamericano es decisivo.

Que al coro por la liquidación de esta entidad se una un gobernante de extrema derecha partidario de la alineación incondicional con la potencia del norte no es ninguna sorpresa. Pero la posición de Lenin Moreno, mandatario ecuatoriano pidiendo que se le devuelva el edificio en el que funciona la unión en Quito porque está convertido en un “elefante blanco” ya entra en la categoría de “fuego amigo” y es una verdadera puñalada por la espalda propinada precisamente por el gobierno del país que es sede y emblema de la entidad. Se esperaba que a pesar de su marcada distancia en asuntos internos con el proyecto del expresidente Correa, al amparo del cual fue elegido, al menos teóricamente se mostrara como partidario de mantener con vida el proyecto integrador de Sur América.

Somos un país poco interesado en los asuntos internacionales, lo que unido a la gravedad de los problemas domésticos hace entendible que no se haya generado mucha polémica por la posición del nuevo mandatario. Sin embargo, lo referente a Unasur ameritaría una toma de posición y verdadero debate por los partidos y dirigentes políticos, así como por los medios de comunicación y los orientadores de la opinión.

Pero no, se deja pasar sin pena ni gloria un tema   de suyo trascendente, como quiera que se relaciona con nuestra pertenencia o no a una asociación que agrupa a todos los países del subcontinente y que está concebida como un proyecto ambicioso a largo plazo sintonizado con sueños integracionistas y autonomistas que incluso venían siendo esbozados por algunas de las figuras fundadoras de la República como el propio padre de la patria que vio como una necesidad absoluta la unión de las naciones suramericanas para asegurar una inserción conjunta de ellas en el escenario internacional, entre otras razones como una forma de evitar ser engullidas por el expansionismo de Estados Unidos que ya se veía venir desde los albores del siglo XVII.

Es pues, en el mejor de los casos, una posverdad eso de que Unasur es un mascarón de proa del chavismo (desconociendo, entre otras cosas que en realidad su principal impulsor fue Brasil en la época de Lula) y se está engañando a la opinión pública sin siquiera hacer mención de que la Unión tienen como objetivo crear un espacio de integración  en lo cultural, social, económico, político y comercial entre sus integrantes, para establecer los primeros pasos de una integración mayor en la región, utilizando el diálogo político y las políticas sociales, para tratar asuntos relativos a la educación, energía, infraestructura, financiación y medio ambiente entre otros, para eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social, la participación ciudadana y fortalecer la democracia.

Dentro de los programas de Unasur está la creación de la ciudadanía suramericana, una moneda única, conectar físicamente a Suramérica mediante redes de transporte, apoyo mutuo en lo crediticio, incluso proyectos espaciales conjuntos y la reafirmación del subcontinente como zona de paz, libre de armas nucleares y el establecimiento de políticas de seguridad autónomas, no vinculadas a alianzas militares ajenas a la región.

En ese marco, la entidad jugó un papel importante en el respaldo a la institucionalidad en Ecuador en 2010 cuando el entonces presidente Correa enfrentó una intentona golpista y años después en la crisis creada por sectores separatistas de la zona oriental de Bolivia medió para bajar las tensiones entre sectores enfrentados agriamente. Es claro que se le cobra no haberse unido a los planes de la OEA y del gobierno estadounidense contra Venezuela, pero esto no significa que se haya alineado con Maduro. Esta actitud, lo mismo que su propia razón de ser como escenario que procura espacios de autonomía para los países suramericanos es lo que se le cobra ahora por parte de gobernantes que obedecen más al hegemón que a los intereses de sus pueblos.

La desinformación es tal que ha llegado hasta la satanización del expresidente Samper por su papel al frente de la Secretaría General de Unasur, llegando inclusive a describirlo como alguien enemigo de Colombia por el solo hecho de interactuar, como tenía que hacerlo, con el presidente de Venezuela procurando mediar en la grave crisis que vive esa nación. Se puede estar en desacuerdo con este exmandatario por ocho mil razones (la cifra es escogida al azar) pero no se puede desconocer su condición de demócrata ni tomar a la ligera su advertencia de que liquidar Unasur sería un suicidio para los países suramericanos.

También se pretende desconocer que en sí Unasur no es enemiga de los Estados Unidos ni de la OEA sino que pretende un modelo propio para las 12 naciones suramericanas en un marco de paz, diálogo y autonomía. Por lo demás los ahora liquidadores de este sueño integracionista engañan descaradamente al sugerir que hay paralelismo, cuando en la arena internacional es frecuente que un país pertenezca a diferentes entidades o asociaciones de países, sin que per se ello sea antagónico. España, por ejemplo, es miembro tanto de la Unión Europea como de las cumbres iberoamericanas. En América misma tenemos en un pasado reciente el Grupo de Río, el Grupo de Contadora y otros con estados que a su vez son integrantes de la Organización de Estados Americanos y más recientemente el llamado Grupo de Lima, por cierto bastante ideologizado porque lo forman los gobiernos de la derecha más recalcitrante y progringa y de hecho se creó para desestabilizar al gobierno venezolano. Esta instancia multilateral formada recientemente cuenta con la presencia de Méjico, Canadá, Colombia. Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, entre otros, y se muestra muy radical en lo referente a Venezuela, en tanto no dijo nada sobre el escandaloso fraude ocurrido hace poco en Honduras, donde se escamoteó la elección como presidente del candidato alternativo, Salvador Nasralá.

Las corrientes alternativas y el movimiento social colombiano tienen ciertamente muchos asuntos urgentes que enfrentar en estos momentos, empezando por el cruel exterminio al que vienen siendo sometidos los líderes sociales y opositores. Sin embargo, en algún momento deben también airear en los diferentes escenarios públicos e institucionales la necesidad de defender este proyecto integracionista y exigir que un tema de tanta trascendencia sea tratado con altura y con información verídica, de cara al país, entre otros escenarios en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores y en el Congreso.

No dejemos que Colombia se dé un tiro en un pie, accionado por el gatillo de Duque, seguramente movido a distancia por otros porque no creo que esto lo esté haciendo él “solito”. En vez de estar haciendo visitas al Comando Sur de las Fuerzas Armadas de una potencia extranjera (a donde muy posiblemente también llevó las “saludes” de un “presidente eterno”), el mandatario debería dedicar sus energías a otras causas que unan al país y al vecindario.

Se hace imperativo continuar la acumulación histórica de soberanía desde la integración de los pueblos, retomar la lucha en las calles y desde la base social para no estar ni sentirnos debilitados ante el Norte. Unasur es y seguirá siendo una utopía cercana para Suramérica, esperanza y lucha por asumirnos como subcontinente que puede concebir y producir “la unidad en la diversidad” en función de la ampliación de derechos y posibilidades de sus habitantes, haciendo además realidad el mandato constitucional de la orientación de la política exterior hacia Latinoamérica, enfocada en la paz en la región y en el mundo.

En una visita a Machu Pichu, embargado por la emoción de hallarme en uno de los sitios más mágicos de la tierra, miré hacia abajo y vi al fondo, en el centro del río Urubamba, una isla que tenía la misma forma de Suramérica. Pienso que esta alegoría en el corazón de lo que fuera el imperio inca no era casual y aún cuando el islote no era una formación permanente sino ocasional, quedé con la sensación de que los pueblos hermanos de esta parte de América estaremos unidos más temprano que tarde, a pesar de los intentos en contra de quienes desde el poder muestran tener el corazón (y el bolsillo, remember Panama Papers)  en otra parte.

 

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Desayuno con Carra(o)squilla

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Imagen tomada de internet (15 imágenes que definen contraste entre riqueza y pobreza en el mundo, http://www.tomateunbreak.com/contraste-entre-pobreza-y-riqueza/. Pregunta del millón (de dólares): ¿ De qué lado se ubica el equipo de empalme de Duque?

 

La elección del exministro de Hacienda Alberto Carrasquilla como jefe del equipo de empalme con la administración saliente por parte del electo presidente putativo, Iván Duque Escobar, es una clara demostración del carácter abiertamente neoliberal de sus programas. De esta forma queda muy claro que su cáchara sobre la “economía naranja” y supuestos planes a favor de los sectores pobres de la población no eran más que promesas de campaña.

Si alguien todavía albergaba alguna esperanza sobre medidas del nuevo gobierno con algún sentido de justicia social, con los nombres que se han divulgado sobre otros integrantes del mencionado conjunto que realiza labores de empalme, tendrá que admitir que el llamado eufemísticamente “sector privado”, esto es, los grandes empresarios del país, tiene desde ya una representación sin antecedentes, haciendo que sea más cierta que nunca la aformación de los clásicos del marxismo en el sentido de que el estado no es más que una junta que administra los negocios conjuntos de la burguesía.

Todos los gobiernos han sido de y para los ricos, porque sobra decir que hasta ahora ninguno puede catalogarse como representante de los sectores medios y populares.  Sin embargo, seguramente como parte de la estrategia de aparentar algo de preocupación por los intereses de las mayorías, se disimulaba un poco el carácter de representantes del gran capital nacional e internacional de los altos jerarcas gubernamentales.

Si se revisa, así sea someramente la lista de las personas designadas por el mandatario para dicha tarea pareciera que estamos leyendo el directorio de las mayores corporaciones y grupos económicos, con alguna salpicadura de clanes familiares (dos Lafaurie Rivera: José Félix y Luisa Fernanda, sólo faltó que incluyeran en el sector cultura a la destacadísima María Fernanda Cabal, esposa de José Félix, recordada por su invocación a que se reunieran en el infierno Fidel Castro y García Márquez, cuando el país estaba aún en duelo por la muerte del Nobel).

Casi siempre quienes encabezan las diferentes ramas con miras a la transición son justamente las personas que van a orientar la política en las áreas respectivas en el ejecutivo entrante. No hay sotpresa entonces al ver que el sector agricultura está encabezado por José Félix Lafaurie, presidente de la Federación de Ganaderos y reconocido enemigo de la restitución de tierras, escoltado por Nicolás Echavarría, presidente de Banafrut, empresa comercializadora de banano con sede en la zona de Urabá. La salud es confiada a las cabezas de la Fundación Santa Fe, al vicepresidente de seguridad social de Suramericana y los directores de los hospitales San Vicente y San Ignacio.

En el sector comercio, entre otros capitalistas, están el empresario Arturo Calle y Carlos Enrique Moreno, presidente del Grupo Corona.

En educación fueron designados cinco rectores, todos de universidades privadas.

Como si esto fuera poco, en el rubro energía están Alejando Martínez Villegas,quien fue durante 20 años presidente de la Federación Colombiana de Petróleos y ahora lidera el gremio Glp (Gas Licuado de Petróleo) Gasnova que agrupa a cerca del 80% de las compañías del sector, y Luisa Fernanda Lafaurie, por la empresa Oleoducto Central, reconocida por sus servicios a grandes compañías como Glencore, Carbocol y al grupo Efromovich, por lo demás con gran movilidad en la silla giratoria pues ha sido viceministra y ministra de Energía.

Los anteriores son solamente botones de muestra que reseñamos para no hacer más fatigosa la relación.  Baste con mencionar un dato más: a cargo de la transición en vivienda está Luis Carlos Sarmiento junior, por la organización que lleva el nombre de su padre, Luis Carlos Sarmiento Angulo, el empresario más poderoso de Colombia.

Para finalizar, un recuerdo personal: hace cerca de 16 años asistí a un seminario convocado por el Banco de la República en el que las “estrellas” fueron un estadounidense Premio Nobel de Economía cuyo nombre no recuerdo, y Alberto Carrasquilla. El primero, contratado por unos jugosísimos honorarios, se limitó a hacer una exposición econométrica apoyado en curvas de oferta y demanda. El segundo tuvo también como sustento cuadros estadísticos con base en los cuales sostenía que había un el 30% de los asalariados ganaba menos del salario mínimo legal. Cualquiera pensaría que alguien con un mínimo de sensibilidad social y que hasta hacía poco había regentado el Ministerio de Hacienda plantearía que había que sancionar esa infracción al mínimo legal y procurar que por lo menos se cumpliera esa asignación de ley en aras de un principio elemental, si no de justicia al menos de legalidad. Pero no (iluso que es uno) el hombre sostuvo sin pestañear que lo que debería hacerse era superar esa contradicción y acercar el salario a la realidad del mercado, esto es, bajarlo y suprimir lo que considera una barrera a la libertad económica. Poco después, para paliar el desempleo luego de dejar su alto cargo, en el Ministerio de Comunicaciones le dieron un contrato en cuantía de cerca de seiscientos millones de pesos (bastantes salarios mínimos) por una corta asesoría. Falta ver si sostendría la misma tesis si en vez de esa cifra tuviera que devengar el sueldo mínimo. Desde ese momento vengo proponiendo que a todo ministro de hacienda se le debería poner a vivir (léase con el prefijo “sobre”) durante seis meses con el salario mínimo legal, para que tenga mayor conocimiento de causa sobre ese tema.

Y estos son los personajes que sindican de fomentar la lucha de clases a quienes proclaman la necesidad de un cambio democrático hacia la equidad y la justicia social en el país.

Quedamos avisados. Desde el desayuno se sabe lo que va a ser el almuerzo.

 

Solidaridad con los refugiados hoy y siempre

 

Como en las épocas de la novela Éxodo, el barco Aquarius con más de 600 migrantes africanos deambuló a la deriva por el Meditarráneo después de ser rechazados por Italia y Malta. Al menos esta vez los acogió España y no corrieron con la infame suerte de muchos otros que naufragaron en un mar que se ha ido convirtiendo en una enorme fosa común para miles de frustrados viajeros que nunca llegaron al destino soñado.

También por estos días se agudiza el tratamiento inhumano a familias que intentan ingresar por la frontera sur de Estados Unidos y reciben como respuesta del gobierno racista de Trump la detención de los adultos y la separación familiar, dejando a los niños encerrados en unas horribles jaulas.

Igualmente otra de las recientes situaciones más notorias ha sido la de los rohingyas, minoría musulmana en Mianmar (antigua Birmania) reprimidos brutalmente y obligados a salir del país por cientos de miles hacia la vecina Bangla Desh, en un genocidio que aún no termina y que ha sucedido ante los ojos del mundo.

Dificílmente podría evidenciarse un panorama más complejo para el Día Internacional del Refugiado, que desde el año 2000 se celebra el 20 de junio por decisión de la Organización de Naciones Unidas.

Los datos de esta organización  hablan de que hay en el mundo cerca de 68 millones de refugiados (entre ellos más de la tercera parte niños), esto es,  personas que han debido abandonar su país huyendo del conflicto o de la persecución para salvar sus vidas.

En un mundo donde la violencia obliga a miles de familias a abandonar sus hogares para salvar sus vidas, es el momento de demostrar que todos estamos de parte de los refugiados.

Su condición y su protección están definidas por el derecho internacional, y no deben ser expulsadas o devueltas a situaciones en las que sus vidas y sus libertades corran riesgo.

Nosotros, además de los millones de desplazados internos, tenemos por lo menos 600 mil colombianos refugiados en el exterior.

Por eso en el día mundial del refugiado debemos ampliar la solidaridad con esta población, con los compatriotas que están fuera del país y con las personas de otras naciones que han buscado protección y seguridad en la nuestra.

En lo personal es el momento de recordar y agradecer la hospitalidad que me brindó el Uruguay a fines de la década del 80 cuando por “razones de salud” salí de Colombia y permanecí allí cerca de tres años. El período vivido en esa república hermana me permitió sentir la solidaridad de numerosas personas y organizaciones que tanto a mí como a otros compatriotas nos dieron  apoyo político y fraterno calor humano. El sindicato de la construcción (Sunca), Amnistía Internacional capítulo Uruguay, el Partido Comunista y otros integrantes del Frente Amplio, la central sindical PIT/CNT, el Sindicato Médico del Uruguay, la inolvidable Celia Beatriz Fernández, verdadera mamá adoptante de los colombianos, Marina Manzini, Graciela Almeida, la familia Castiñeira-Latorre, el italiano Nazario Esposito, así como la representación de Acnur (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) que era ejercida por delegación en la Iglesia Metodista, dirigida por Teresa Aiskar, son algunas de las entidades y personas que se convirtieron en nuestros ángeles de la guardia en ese país.

Desde 2016 Acnur adelanta una campaña mundial de firmas para alentar a los gobiernos de todo el mundo para que garanticen que todos los niños refugiados tengan acceso a la educación, que todas las familias refugiadas tengan un lugar seguro donde vivir, así como para garantizar que todos los refugiados puedan trabajar o formarse para adquirir nuevas competencias y así poder contribuir positivamente a sus comunidades.

Esta campaña continuará hasta la adopción del Pacto Mundial sobre Refugiados en 2018.

Cada firma cuenta.

Nobel de Paz nos compromete en planes de guerra

Seis Ejércitos de la OTAN y países neutrales maniobran en Rumanía (video)

Imagen tomada de internet (soldados británicos en maniobras en Rumania)

Con el sol a la espalda cuando su largo mandato languidece, el presidente Santos, laureado con el Premio Nobel de Paz por sus gestiones a favor de un acuerdo con las entonces FARC-EP, muestra como una gran realización el tratado que da a Colombia el estatus de socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte-OTÁN-

Triste final para un mandatario que en este caso borra con un codo lo escrito con la mano ya que la vinculación con una alianza político-militar surgida en la Guerra Fría y que responde a los intereses de países imperialistas es totalmente contradictoria no solamente con el acuerdo para la terminación del conflicto armado interno sino también con los principios constitucionales y de derecho internacional que deben guiar la política exterior de la nación.

En primer lugar la paz que se consagra como eje del estado desde el preámbulo de la Carta y se ratifica como derecho fundamental y como deber en su artículo 22 es el primer damnificado de este verdadero pacto con el diablo ya que la OTAN (NATO por sus siglas en inglés) a donde la oligarquía colombiana nos quiere meter de “ñatas”, es por definición y por su práctica una organización guerrerista que cuenta entre sus miembros a varios estados con armas nucleares. Para solamente mencionar algunos de los casos más recientes, recordemos la agresión por parte de estados de esa organización a Libia en 2011 con un enorme costo para ese país que aún no se repone de las consecuencias de esa intervención por lo demás violatoria del derecho internacional, la presencia de tropas de la Otan en Afganistán, el apoyo a los grupos terroristas en Siria y los bombardeos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos a ese país sin permiso de la ONU y en general su política de expansión y de incremento de las tensiones en extensas zonas del planeta.

Salen también muy afectados los principios orientadores de las relaciones exteriores, los cuales según el artículo 9 de la Constitución son la soberanía nacional, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y el reconocimiento de los principios de derecho internacional aceptados por Colombia. Dichos principios son la búsqueda de la paz mundial, el arreglo pacífico de las controversias, el respeto a la soberanía de los países,  la no intervención en sus asuntos internos, puntos que no han sido muy bien tratados en la historia de la famosa OTÁN.

Además nuestra Carta establece muy claramente que la política exterior de Colombia se debe orientar a la integración latinoamericana y del Caribe, por lo que no se ve muy congruente con ese imperativo la práctica adhesión y subordinación a un ente conformado por estados de una órbita geopolítica e intereses muy ajenos a los nuestros y a los de los hermanos latinoamericanos y caribeños.

Como si fuera poco, la flamante alianza pone en riesgo otros compromisos de Colombia como la declaración de América Latina como zona de paz libre de armas nucleares y su membresía en la Unión Suramericana de Naciones-UNASUR- que es nuestro espacio natural y es incompatible con la pertenencia a otros bloques político-militares o con la presencia de fuerzas militares ajenas a la región.

El presidente, como para dorar la píldora y tranquilizar la opinión pública sostiene que en el pacto de coorperación no está contemplado utilizar la OTAN para atacar a algún país y que  “ni siquiera se trata de llevar la OTAN a América Latina”, sino de hacer que el ejército de Colombia asimile ciertas “buenas prácticas” como la participación en “misiones de paz en otras partes del mundo”. Por lo demás, Santos ha querido aclarar que la colaboración que Colombia quiere establecer con la OTAN no obliga “bajo ninguna circunstancia a participar en ningún tipo de operación militar”.

Sin embargo, me temo que la palabra presidencial no es propiamente la más creible y de hecho la experiencia enseña que frecuentemente cuando un alto funcionario niega algo es porque ya se está haciendo o planeando hacer lo contrario. Si un ministro dice que no habrá alza en algún servicio o producto es casi seguro que ya tiene bajo la manga el decreto autorizándola y Juan Manuel Santos no ha sido propiamente el personaje más cumplidor de su palabra ni el que mejor honra sus compromisos (recordemos su promesa “grabada en mármol” de que no aumentaría los impuestos). Tampoco la actitud cipaya de los gobiernos es la mejor garantía de que no nos veremos involucrados en intervenciones o en guerras ajenas. No está muy lejana la participación de nuestro ejército en la guerra de Corea. Aún en el subcontinente se nos señala como el Caín de América por darle la espalda a la Argentina en la Guerra de las Malvinas durante el gobierno de Turbay, tradición que continuó con Uribe al saludar la invasión de Estados Unidos a Irak. En fin, para no continuar una lista tan abominable, recordemos que durante el gobierno de Uribe se dieron pasos para enviar soldados colombianos a Afganistán (gestión que luego siguió durante la primera era santista el inefable minsitro Pinzón), se selló el acuerdo de instalación de bases gringas y durante el segundo período de Santos se permitió el envío de mercenarios compatriotas nuestros a Yemen y se dieron los pasos de acercamiento para los acuerdos de cooperación militar con la OTAN y la Unión Europea, a la vez que se incrementaron los encuentros secretos con el Comando Sur del ejército gringo, con el Departamento de Estado y la CIA para acordar acciones conjuntas contra el gobierno venezolano.

Que cada cual juzgue entonces qué tan creibles y sinceras son las afirmaciones presidenciales sobre el carácter limitado de nuestra asociación con la dirigencia del Atlántico Norte. Muy seguramente lo de la compra de armas sí sea verdad, incrementando un rubro nada productivo, mientras las necesidades sociales siguen en un segundo plano.

Por lo pronto, ojalá de la decisiva segunda vuelta presidencial de este domingo surja un jefe de estado verdaderamente comprometido con la soberanía nacional y con la paz en Colombia y en el mundo. Claramente no es la criatura manejada por el  expresidente de los falsos positivos (“presidente eterno de los colombianos” en palabras de quien funge de candidato) en quien se puede fincar esa esperanza, en tanto el vocero de Colombia Humana y su excelente compañera de fórmula por sus trayectorias dan más trazas de estar comprometidos con esa opción.

El ratón sonriente

Alto y majestuoso, en la sesentena conserva aún gran parte del porte elevado que debió tener en su juventud. Aunque de apellido italiano, Giacometto, que hace que la mayoría de sus conocidos lo llamen simplemente Giaco, es ciento por ciento colombiano. Su luenga barba blanca, tez rubicunda, cabellos cenicientos, botas altas y el estar enfundado en una especie de pelliza, casi siempre acompañado de un perro proletario que responde al nombre de Tito, lo hacen parecer un campesino ruso salido de una de las novelas clásicas del siglo XIX. Por eso, privadamente le digo en ocasiones Giacomujik.

Este hombre, que sigue siendo tan caribe como cuando hace ya casi cuarenta años, perseguido a causa de su militancia comunista dejó Santa Marta para entrar a ser parte del paisaje bogotano, no pierde la fe en un cambio profundo en Colombia y en el mundo y es una especie de memoria viviente a la que se puede consultar sobre el devenir de los movimientos de izquierda en el país, así como sobre la vida, obra, trayectoria y en algunos casos traición, de muchos de los grandes, medianos y pequeños integrantes de los grupos revolucionarios. Sobrevive sin empleo fijo, sin familia y sin vivienda propia, participando en marchas de protesta y ayudando a sindicatos y grupos alternativos en la pega de afiches o distribución de propaganda y en casos excepcionales acudiendo a la solidaridad de compañeros y amigos con gran dignidad y mesura.

Recientemente nos encontramos y le expresé mi asombro por verlo ese día sin su inseparable Tito. Me respondió que lo tenía castigado por ser uno de los sospechosos de la desaparición de la parte superior de su prótesis dental, la que había conseguido con grandes esfuerzos y con la ayuda de varias personas. Agregó que si no fue el perro, tuvo que ser el gato o una enorme rata que con frecuencia se hace presente en el cuarto en que duerme, pero que en todo caso el can falló fuera por acción o por omisión al  no estar atento a lo que hacía el roedor. Al preguntarle más detalles sobre la extraña situación, dijo: “ahí está la vaina, es lo más raro que me ha pasado, no se cual de ellos fue pero está entre esos tres, porque no somos sino ellos y yo. La más sospechosa es la rata porque dejé esa parte de la caja dental dentro de un vaso de vidrio  y al día siguiente encontré el recipiente quebrado, sin los dientes, cerca a un hueco por donde se esconde la rata esa. Además algo de cierto deben tener todas esas leyendas sobre el ratón Pérez, que en otros países llaman el ratón de los dientes. Quedé jodido y ahora no sé que hacer”.

Para consolarlo mi respuesta fue decirle que su caso no era tan singular, que hace poco en Manizales a un conocido le pasó algo similar. Al llegar a su casa poseido de una severa embriaguez, el perro se le tragó el puente dental que se la había caído en el patio a raíz de una fuerte vomitada. El hombre no se arredró y trató a su vez de hacer que el animal regurgitara la preciosa pieza. No lo logró inmediatamente pero durante tres días estuvo al pie de la mascota, a la que entre comidas le fue administrando laxantes, hasta que finalmente expulsó “por malam partem” la dentadura artificial. El hasta entonces mueco la tomó y después de una cuidadosa asepsis volvió a instalársela y  anda por la ciudad exhibiendo orgulloso de nuevo todo el esplendor de sus dientes, ahora más caninos que nunca.

¡Eche, no joda, no me puedo quedar atrás de tu paisano! Ayúdame a recuperar mis dientes. Tenemos que encontrar a la rata esa, anotó Giaco con una sonrisa semidesdentada. A eso me comprometí con entusiasmo y este relato forma parte de la campaña para devolver la sonrisa al querido amigo, así ello implique quitársela al roedor.

Nuestro mujik colombiano no puede continuar despojado de una parte tan importante de la imagen de todo ser humano.   Ruego a todos mis amigos estar atentos a cualquier ratón sospechoso o demasiado sonriente.

 

La montaña de los sueños

Gracias a la amable guianza de la abogada Débora Jiménez, me detuve en una leyenda que hay en la entrada de un gran local comercial en uno de los costados de la plaza Antonio Nariño en Pasto, que quizás hubiera pasado inadvertida en mi corto paso por esa ciudad. El lema que preside la entrada de la librería Shirakaba reza: “Sálvese quien lea” y con él como santo y seña pudimos acceder a su propietario, Isidoro Medina Patiño, bogotano de nacimiento y pastuso por adopción.

Este gestor cultural, verdadero hombre orquesta que es empresario, historiador, cantante, coleccionista de monedas y estampillas, amén de escritor, tiene la presencia y versatilidad de un personaje del Renacimiento que atiende con gran cortesía a sus visitantes. Con la pasión del investigador que se sumerge en el objeto de sus estudios mostró parte del gran acervo documental y gráfico que ha nutrido su profusa producción bibliográfica. De parte de ella nos hizo entrega generosamente al obsequiarnos varios títulos y al adelantar información sobre su próximo libro, a lo que agregó un disco compacto con algunas de sus interpretaciones musicales.

 Así recibí con gran emoción el texto “Santa Cruz El Cura de la Paz”, sobre la vida y obra de un cura guerrillero vasco que después de muchos avatares, victorias y derrotas en su tierra natal recaló en Nariño y se convirtió en un pastor de almas dedicado a las comunidades más pobres en los lugares más alejados. No sin cierta aprensión,  dado el aura de intocable del Libertador, también tomé de manos de su autor la obra “Bolívar, genocida o genio bipolar ” y en último lugar la historia de Mariquita, en cuya portada el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, flanqueado por una carismática iguana que en ese momento fungía de verde, posa teniendo como fondo la villa que fue sede de la Expedición Botánica.

Finalmente, el inquieto buceador del pasado anuncia y muestra como primicia el borrador de su próxima publicación, en la que cuestiona nada más ni nada menos que la figura histórica más emblemática de la región: Agustín Agualongo y diciendo que fue un fraude,  literalmente la reduce pues sostiene que no era el hmbre grande que se ha mostrado sino que apenas llegaba al metro con treinta y nueve centímetros. Argumenta que ese dato lo sacó de su ficha de reclutamiento en las milicias realistas. También se va contra el título de general que se le ha dado, el cual habría salido de una mala interpretación del relato del General Tomás Cipriano de Mosquera cuando contó que la bala que le penetró la mandíbula fue disparada desde las montañas por un grupo de 20 bandidos que tenían como comandante general al indio Agualongo. Enfatiza que eso de “comandante general”, lo convirtió en el “General Agualongo”, sin que realmente tuviera ese grado, entre otras razones porque formaba parte no de un ejército sino de una milicia local en la que no existían ese tipo de títulos. En fin, mis escasos, casi nulos, conocimientos de ese tema hicieron que solamente me limitara a escuchar y a formular alguna que otra pregunta, unida a la inquietud de cómo pueda ser tomada esta especie de profanación por parte de la opinión local. Coincidimos en que si bien es válido pensar en las posibles consecuencias de un escrito, no debe perderse nunca la libertad de expresión del autor y en la importancia del debate con pruebas y argumentos en un clima de respeto a las diferentes posiciones y que en su caso cree que la seriedad de sus estudios como historiador le permite la controversia civilizada.

El fecundo diálogo con un personaje tan interesante ya habría sido un bocato di cardinale para un amante de la historia y de las letras, pero la capital de Nariño me tenía otra grata sorpresa en mi corta visita, precisamente para disfrutar de la pluma de un destacado clérigo. Asistí a un vibrante programa en el auditorio del colegio javeriano en el que se presentó el libro Mis Caminos, del sacerdote Gustavo Jiménez Cadena. Con excelentes intermedios musicales, este jesuita presentó el texto en el que recoge 126 artículos de la columna semanal que publica en el Diario del Sur. En ellos se afrontan temas referentes a la familia, el diálogo interreligioso, el cuidado del medio ambiente, los derechos humanos, así como los avances y traspiés del posconflicto, en una línea fiel a los lineamientos del papa Francisco y en un compromiso constante con los pobres y los más débiles. Concluyó con una sentida lectura del cuento Misión Imposible, escrito en las tierras ardientes de Puerto Parra en una tarde de intenso calor en momentos de angustia y desaliento por la lentitud de los avances del Programa de Paz y Desarrollo del Magdalena Medio y especialmente de profunda tristeza por el cruel asesinato a  manos de paramilitares de Alma Rosa Jaramillo, abogada defensora de derechos que trabajaba con las comunidades en ese proyecto. La vívida narración hizo vibrar las fibras más íntimas de un público que escuchaba sobrecogido y silencioso, conmovido por el sentimiento de dolor y esperanza que deja la lucha de Alma Rosa y de tantos otros poetas sociales que han dedicado su vida a la causa de la paz, la justicia social y una Colombia mejor.

Al día siguiente dejé San Juan de Pasto. En el viaje al aeropuerto recordé que al preguntarle a Medina sobre el significado de la palabra Shirakaba me dijo que era inventada por él, que originalmente no tenía una acepción específica y la creó más por su sonido, pero que en una ocasión abordó a un viejo que con frecuencia se quedaba en silencio largos ratos frente al aviso en que está ese nombre. El hombre le contestó que no sabía por qué pero que para él esa palabra era mágica y la asociaba con una “montaña de los sueños”.

Sí, en el camino hacia Chachagüí, tibio pueblo en que está situado el aeródromo, mientras admiraba los imponentes cerros tutelares Galeras y Morasurco y me deleitaba con el verde de todos los colores de la campiña, entendí que gracias a su gente y a la compenetración con el paisaje y con el legado de los ancestros, la zona central de Nariño es en efecto, una de las más mágicas montañas de los sueños de nuestro hermoso país.

A las puertas del cielo

 

Imágenes tomadas de Wikipedia

Las majestuosas instalaciones de la Biblioteca Nacional de Colombia fueron el pasado jueves 3 de mayo el escenario para la presentación en sociedad de la producción más reciente de tres de los autores más prolíficos del Taller de Escritores Gabriel García Márquez de la Universidad Autónoma de Colombia, como actividad alterna a la Filbo 2018. Bajo la mirada tutelar del maestro Aurelio Arturo, en el auditorio que lleva el nombre del poeta de la morada al sur y del verde de todos los colores Leonardo Gutiérrez Berdejo, Rafael Castro Hernández y Jaime Jurado Alvarán presentaron ante un numeroso público las obras que vieron la luz en el primer semestre del año en curso. Previamente, en la voz mayor del maestro Mario Méndez, se leyó la nota introductoria de los “Poemas de ámbar y sal” de Idaly Monroy, también integrante de esa cofradía literaria, quien no pudo estar de cuerpo presente pero se hizo sentir en su poesía.

Con sonoros intermedios musicales del grupo dirigido por el maestro Víctor Ramírez, el director del Taller, Hugo Correa Londoño, condujo un diálogo en el que los tres escritores mostraron los aspectos más relevantes de sus obras.  A la pregunta dirigida al trío sobre cómo habían llegado a la literatura respondió primero Leonardo Gutiérrez diciendo que el nacer en el Caribe, a la orilla del Río Grande de la Magdalena lo hizo beber desde niño de una rica tradición oral que después de un largo trasegar por la economía llevó a las letras, que no se le quedan atrás en fantasía a las disciplinas económicas. Luego motivó a leer su libro de cuentos “Alucinamos clink?” en el cual se reúnen varias narraciones caracterizadas por mantener la tensión desarrollada por personajes atrapados en el surrealismo y la fantasía, en el género negro y en los trastornos psicológicos, que intentan hallar salidas certeras al sufrimiento de vivir. Como buen manejador del género, sembró el suspenso entre el auditorio al comentar cómo en la fantasía de cada relato el horror y el espejismo de la compleja realidad actual acechan en cada línea mientras las tramas se van desfigurando tras la persecución de explicaciones necesarias para subsistir.

Luego el surrealismo cedió su lugar a esa otra magia más terrenal, la del fútbol, tratada en tono realista en el libro de Rafael Castro “Nacimos con estrella, historias del fútbol aficionado” que muestra esa otra cara del deporte rey, ya no la deslumbrante de los mundiales y de las canchas iluminadas de las grandes finales de los campeonatos europeos y suramericanos, sino la modesta lucha de los clubes de aficionados e infantiles como semilleros de jugadores y escuelas de convicencia, paz y formación de valores. Destacó su obra como un aporte a la construcción de la memoria colectiva del trabajo de cientos de entrenadores, pupilos y padres de familia, así como la de grupos deportivos entre los que se destaca el club Estrella Roja del que ha sido director durante largos años. Señaló cómo una gloria del balompié actual, Radamel Falcao, surgió de una de esas escuelas y desde edad muy temprana mostró sus dotes excepcionales.

A su vez Jaime Jurado también se declaró surgido de la tradición oral, esta vez de las faldas andinas e invitó al auditorio a que lo acompañaran en la vuelta al mundo en seis cuentos de aventuras juveniles que partiendo del caluroso Sahel en el África ardiente,   viaja por el Oceáno Atlántico para unir Europa del Norte y del Sur, continúa en lo profundo del centro de Asia en las estepas mongolas, sigue en Australia y después de una parada en el llamado Continente Blanco retorna a Colombia, precisamente en las estribaciones de la Cordillera Central, al pie de la boca sulfúrica del Nevado del Ruiz, tierra natal del autor quien solicitó indulgencia por situar en su patria chica la narración correspondiente a América.

Antes de dar lugar a un animado intercambio de opiniones con el público en el que el interés se enfocó especialmente en las historias del fútbol, los autores leyeron pequeños fragmentos de sus textos.

El ciego más visionario de la literatura, desde la atalaya de la biblioteca de la eterna Buenos Aires dijo alguna vez que si el cielo existía, de alguna forma debía ser un espacio enmarcado por libros.

Por eso, al concluir la memorable velada de presentación de los miembros del Taller García Márquez, los autores y sus amables acompañantes en medio de los vapores de un espirituoso vino, se retiraron regocijados con la sensación de haber estado a las puertas del edén borgiano en pleno centro de la patria de su personaje Otálora, en otro acto de fe por Colombia.

 

 

Abril en Portugal

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El 25 del mes pasado se cumplieron 40 años de la llamada Revolución de los Claveles o de los Capitanes en Portugal. El país luso llevaba más de cincuenta años anclado en el atraso, dominado por una dictadura fascista establecida desde los años veinte, convertido en uno de los más pobres de Europa a pesar de ser una potencia colonial que aún dominaba a varios países  de Africa.

El gobierno manejaba la nación con mano de hierro y estaba prohibida cualquier oposición. La Pide, todopoderosa policía política, reprimía severamente cualquier manifestación de inconformidad o disidencia.

En ese marco, el régimen cayó por donde menos se esperaba. En el seno de las propias Fuerzas Armadas del estado se formó el Movimiento de las Fuerzas Armadas-MFA- en cuyo interior un grupo no despreciable de integrantes era parte o simpatizaba con el clandestino Partido Comunista que a pesar de la dura represión tenía considerable fuerza y prestigio entre las clases trabajadoras y medias. A comienzos de la década del 70 el régimen entró en una crisis profunda por el aumento de la protesta popular y el estancamiento de la cada vez más costosa guerra en las colonias contra los movimientos independentistas.

En la vieja Lisboa, recostada en la esquina norte de la desembocadura del Tajo (“ese río que sabe a mar profundo, que es dentro de la ciudad a la vez calle y río, en cada calle da la vuelta al mundo y hace de Lisboa nuestro navío”, en palabras del poeta Manuel Alegre)en el océano Atlántico, a las 12:25 del día 25, sumidos en el sueño, pocos escucharon la letra y la música de Grândola, Vila Morena, una canción revolucionaria de José Afonso, prohibida por el régimen, transmitida por la Rádio Renasçença.​ Pero los dirigentes del FMA, encabezados por el mayor Otelo Saraiva de Carvalo, oficial revolucionario que algunos llegaron a llamar el Fidel Castro de Europa, sí que la oyeron atentamente como señal pactada para ocupar los puntos estratégicos del país y dar comienzo a un movimiento histórico que cambiaría para siempre la vida de Portugal.

En la mañana ya las principales guarniciones se habían sumado al movimiento y a pesar del llamado a la calma y a que la población permaneciera en sus casas, la gente se volcó a las calles en su respaldo. En una de las marchas en que los manifestantes portaban las flores de la temporada, Celeste Caeiro, joven camarera que regresaba a casa cargada de flores dio un manojo de claveles a un soldado que esperaba órdenes subido en un tanque de guerra. El militar lo puso en su cañón y sus compañeros repitieron el gesto colocándolos en sus fusiles, como símbolo de que no deseaban disparar sus armas contra el pueblo, extendiéndose la acción por toda la ciudad ​ y generando el nombre con que la revuelta pasaría a la historia.

Lo que se inició como golpe de estado se convirtió rápidamente en una verdadera revolución que en pocas horas acabó con la poca resistencia que se le opuso. El saldo en víctimas fue de cuatro muertos y algunos heridos a manos de agentes de la Pide que al poco tiempo se entregaron ante la multitud que rodeó la sede de la guarida de los esbirros.

Un nuevo aire empezó a vivirse en el país. Se respiraba libertad y esperanza en el futuro. El colonialismo pasó a mejor vida: las colonias africanas se hicieron independientes. En el concierto internacional emergieron como naciones soberanas Angola y Mozambique.  Aún sin terminar abril, en el aeropuerto de Lisboa la apoteosis fue total cuando regresaron, con apenas un día de diferencia entre uno y otro, después de largos exilios Mario Soares, dirigente socialista y el líder comunista Álvaro Cunhal. Este, gracias a su integridad personal y a su  heroica lucha de toda la vida, que incluyó una larga permanencia de 8 años en una isla-prisión de máxima seguridad de la que huyó en un escape de película en 1960, estuvo siempre envuelto en un halo de leyenda al que también contribuyeron sus aptitudes artísticas, ya que fue un pintor destacado y escritor que por un tiempo permaneció anómino pues firmaba sus obras literarias como Manuel Tiago.

Con el tiempo, ya en una democracia parlamentaria, la nacionalización de la banca y otras medidas revolucionarias fueron perdiendo impulso y los nuevos gobiernos quedaron bajo la orientación de un partido socialista que perdió todo ímpetu reformista y se alineó con los poderes dominantes a escala nacional e internacional.

Sin embargo, el impacto de la revolución de abril ha sido tal que el Partido Comunista es uno de los pocos de Europa Occidental que sigue jugando un papel importante en la vida política de su país y por su parte el Partido Socialista, después de la muerte de su jefe histórico, Soares parece retomar una orientación socialdemócrata de izquierda. La unión de ambos en 2015 hizo caer al gobierno conservador, mediante alianza que incluye al Boque de Izquierda en el que se coligan el partido de los Verdes y el Partido Personas, Animales, Naturaleza.

Esta alianza no es meramente electoral ni está pegada con mermelada. Es realmente programática y tiene la particularidad de que el ejecutivo es integrado únicamente por miembros del Partido Socialista pero apoyado en el Parlamento por las demás formaciones, para que queden claras ante la opinión las respectivas responsabilidades políticas. El programa de gobierno recoge algunos de los planteamientos de los aliados y se han frenado los planes privatizadores del anterior gobierno, se aumentaron sustancialmente los salarios de los trabajadores, se ha fortalecido la educación pública, la jornada laboral fue reducida a 35 horas a la semana y frente al problema de la enorme deuda pública y el déficit fiscal se han buscado soluciones distintas de los draconianos planes de ajuste impuestos por el FMI y la banca rectora de la Unión Europea.

Todo ello sin duda, es en gran parte herencia de la Revolución de los Claveles que es un fenómeno histórico digno de recordar y analizar por sus efectos en Portugal y por las lecciones que de ella pueden extraerse para otros pueblos del mundo.

 

Soplan vientos de poesía

 

Foto: Tolkeyen Patagonia Turismo

El escritor y exabogado colombiano de raíces levantinas y centroeuropeas Eduardo Bechara Navratilova, ya reconocido por una amplia obra narrativa, muestra una interesante faceta de poeta, ya no solo en sus versos sino en lo que podríamos llamar el gran poema de su aventura quijotesca denominada “En busca de poetas”.

La idea le venía rondando en la cabeza desde hace muchos años, pero comenzó a hacerse carne en la primavera austral de 2010 en Córdoba, Argentina, mientras departía con dos vates gauchos, cuando uno de ellos manifestó que sería muy hermoso hacer un viaje por toda Suramérica buscando poetas desconocidos para hacerles reconocimiento. Al ver la coincidencia con su obsesión la idea tomó vuelo y al regresar a Colombia empezó a trabajar en ella y ya era más que un proyecto.

Lo que estaba planeado para un año se tornó en una epopeya que lleva un lustro y que además del enriquecimiento espiritual para su creador y para los poetas descubiertos por él, muestra su fruto concreto en el libro Breve tratado del viento sur, que es una antología de los poetas de la Patagonia.

Se trata de un texto hermoso tanto en su aspecto externo como en su contenido, rebosante de lírica y sentimiento por todos sus poros, ilustrado con mapas de esta exótica y desconocida zona del mundo, de la cual muchos tienen como única referencia el ser como una especie de sinónimo refinado de “el carajo”, “la p.m.” (punta del mapa) u otras expresiones que indican un lugar remotísimo.

La obra comienza con la presentación que hace Eduardo, bajo el título “Poesía del frío: una aproximación a la poesía contemporánea de la Patagonia argentina”, para luego mostrar la vida y parte de la producción de casi 90 poetas a las que encontró y contactó en largas jornadas que lo hacían ir de un lado a otro de la gran estepa del sur.

En introducción también muy poética nos hace sentir el aliento gélido del frío patagónico, de su ominpresente viento y nos comparte el sentimiento de soledad y pequeñez del ser humano frente a un paisaje vasto y abrumador. Es así como nos trae a Liliana Ancalao con un frío ancestral que pasa de una generación a otra al decirnos:

“las mamás/todas/han pasado frío/mi mamá fue una niña que en cushamen andada en alpargatas por la nieve/campeando chivas/yo nací con la memoria de sus pies entumecidos/ y un mal concepto de las chivas/esas tontas que se van y se pierden/ y encima hay que salir a buscarlas a la nada”.

Por su parte María José Rocatto, de Puerto Madryn también muestra la omnipresencia del viento al decirnos: “Al otro lado/la niña cuelga palabras en cordeles de viento/en medio de la nada, esta  nada fría que tiñe los días/las noches de ausencia,/vacío de ausencia”.

A juicio de Bechara, uno de los poemas que mejor describen la sensación de ser ínfimo frente a un horizonte abierto e inmenso es el número XIII, que es parte del poemario de Raúl Mansilla titulado “Las estaciones de la sed”: “En la Patagonia los espacios son fáciles de llenar. / Mirada al horizonte,/ y en segundos/ un baldazo de dios a lo imposible”.

El Taller de Escritores Gabriel García Márquez tuvo el privilegio de contar en reciente sesión especial con la presencia de Eduardo, quien comentó de primera mano sus vivencias y sensaciones en el desarrollo de este singular proyecto cultural tan marcado por el sentimiento de fraternidad y una sensibilidad muy especial frente a los seres que muchos en una sociedad marcada por el dinero como principal (y para algunos único) factor a tener en cuenta, son tomados como locos o patitos feos cuando en realidad son cisnes que nos hacen más bella la vida con sus versos únicos.

Si la  función de la poesía es mantener la salud del idioma y una de sus definiciones nos dice que es conversar con los ángeles, este Breve tratado del viento sur como resumen de la rica experiencia de lo que ha sido hasta ahora el Proyecto en Busca de poetas es un delicado e inolvidable diálogo con los hermanos y hermanas que desde un rincón lejano del continente nos traen voces que eran desconocidas pero que resultan sorprendentemente cercanas en su humanidad y belleza.

¡ Gracias a Eduardo, Anahi, Valeria, Sebastián, Verónica, Aldo, Nara y a los demás bardos que hicieron realidad este sueño patagónico y suramericano !

Diciembre en la Colombia profunda III: Jurado con tilde

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Imágenes: Google

El principal puerto colombiano sobre el Pacífico tiene una ubicación privilegiada, casi equidistante del sur y del norte, lo  que lo hace el centro de la navegación de cabotaje a lo largo de los 1300 kilómetros de costa.

Ya es 2018 en la última etapa de mi viaje, que haré tomando barco desde Buenaventura hasta Juradó, muy cerca de la frontera con Panamá. Los primeros minutos en la ciudad son de nostalgia por la ausencia de mis queridas compañeras de viaje, unida al recuerdo de quien fue mi acompañante en recorridos que hicimos en la juventud por rutas marítimas hacia el sur. Siento como si fuera ayer que César Ruiz, quien ofrendó su vida a temprana edad en el torbellino del conflicto armado luchando por una Colombia mejor, está a mi lado preguntando por el Puente El Piñal para que tomáramos el barco, unas veces hacia Gorgona, otras hacia El Charco o Mulatos, a donde intrigados iríamos en búsqueda de una extraña comunidad de rubios que parece un pedazo de Escandinavia en un remoto rincón del litoral colombiano.

Al día siguiente a tempranas horas llego al muelle de donde parten los barcos y se me indica que es el San Esteban el que tomará el rumbo norte. La embarcación es mediana y en ella varios estibadores se dedican a subir ladrillos y muchos bultos con alimentos que llevarán a Bahía Cupica y a Juradó. Hago contacto con el cocinero, un mulato veterano y bajito que me recibe con una sonrisa al saber que tenemos el mismo nombre. Me toma el importe del pasaje, sin expedirme recibo porque “por aquí eso no se usa” y me informa que debo estar hacia las 5 de la tarde porque la salida será a las 6. Su amabilidad se torna rápidamente en confianza porque me pide que le preste ciento cincuenta mil pesos para comprar unas costillitas de cerdo, a lo que le respondo que no estoy en condiciones sino de facilitarle los 20.000 que me debía devolver del  precio pagado.

Aunque estoy acostumbrado a la informalidad y a que muchos tratos de hagan de palabra en la provincia, al abandonar el sitio me entra la duda de si el hombre realmente es de la tripulación y se lo pregunto a los de portería, quienes me dicen que sí. Con un poco más de tranquilidad, por si las dudas regreso donde mi tocayo y le pregunto su número telefónico a lo que accede nuevamente con una sonrisa semidesdentada  y con una suave insistencia en el préstamo, cuestión que evado también con una sonrisa azucarada y dándole mis datos de contacto para que me avise sobre cualquier modificación en el horario.

Al llegar a la hora indicada no encuentro a Jaime sino a otro tripulante que expresa su disgusto al saber que le entregué dinero al cocinero. Pensé que había sido víctima de estafa, pero no, mientras seguía rezogando el hombre tomó mi equipaje y me pidió que lo siguiera, para acomodarme en una de las literas de un estrecho camarote en el segundo piso. Suspiré aliviado y no me pareció tan grave que se me dijera que la partida sería temprano en la mañana siguiente, a la vez que se me informaba que podía quedarme.  Al ver que no se me había enterado del cambio y que así como se postergó, también podría adelantarse sin explicación ni aviso previo, decidí pasar la noche a bordo.

Después de  largas horas en las que apenas pude conciliar por ratos un sueño arrullado por el incesante zumbido de feroces zancudos, llegó el nuevo día trayendo de a poco los demás pasajeros y tripulantes. El barco se fue llenando de la animación propia de la partida, que finalmente fue a las diez de la mañana. No fue muy tranquila porque a los pocos minutos de marcha apareció un hombre cuarentón, moreno claro de estatura mediana y musculatura de boxeador, para decirnos que no podíamos salir de las habitaciones hasta tanto hubiéramos abandonado la bahía. Temí que pudiera tratarse de que el barco llevaba sustancias ilegales, lo cual podría traernos inconvenientes a todos, pero los demás viajeros me dijeron que simplemente estaba prohibido llevar pasajeros y gas a la vez, que era justamente la situación en la que estábamos pero no era muy probable que los guardacostas nos abordaran. Casi una hora duró esta especie de detención domiciliaria porque el mismo personaje, quien era nada más ni nada menos que el capitán, pasó a informarnos que ya podíamos movernos libremente por la nave.

Había desaparecido el peligro de enfrentar a las autoridades portuarias mas no el de volar en átomos como en San Mateo. Sin embargo, me encomendé a San Ricaurte y no volví a pensar en ello porque de lo contrario no hubiera tenido un minuto de tranquilidad.

No sé si llamar a eso informalidad o temeridad pero en todo caso forma parte de la normalidad en un país que vive constantemente al borde del peligro, en el que de acuerdo a la tradición heredada de los españoles “hecha la ley, hecha la trampa” y “se obedece pero no se cumple”.

Al mismo tiempo que se nos abrían las puertas de una relativa libertad, el cielo, hasta ese momento de un celaje oscuro cual toldo gris sobre el inmenso mar, dio lugar a una claridad de añil puro, traspasada por una suave brisa odorante a sal. Pronto estaríamos pasando Bahía Málaga y desde cubierta observaba extasiado el azul traslúcido de las aguas y en lontanaza una costa de intenso verdor. Poco después apenas se insinuaba el pueblo Litoral de San Juan, a cuyo lado el río que lleva su nombre entrega su caudal bravío al Pacífico a través de un delta de unos 300 kilómetros cuadrados. Este delta se conoce como  «Siete Bocas» porque en ese número de brazos se abre la corriente fluvial en sus estertores finales al fundirse con las aguas oceánicas, no sin antes formar numerosas islas rodeadas de manglares.

Apenas intuyo la belleza del abrazo de las aguas y en medio de la gran emoción geográfica recuerdo la triste realidad de que en esa zona un gran número de indígenas wonan ha tenido que refugiarse en el casco urbano del municipio huyendo de los rigores del enfrentamiento entre fuerzas oficiales e insurgentes del ELN, como consecuencia de la ruptura de la tregua que se pactó entre ambas partes. Con gran esfuerzo y sintiéndome impotente  ante tan cruda circunstancia continúo mi periplo rogando fervientemente que se retome el camino del diálogo en búsqueda de una paz que ha resultado más difícil de lo esperado.

 Montañero en alta mar

Se me había dicho que la travesía duraba aproximadamente 17 horas pero luego me informan que son en realidad tres o cuatro días porque el barco debe parar en Bahía Cupica para dejar allí parte de la carga y que además la llegada a Juradó puede retrasarse más si la marea está baja porque en ese caso no puede atracar en su muelle. Tomo todo esto con calma porque si algo tengo claro es que en este tipo de aventuras hay que desechar la prisa y estar preparado para los cambios más intempestivos.

Entre viajeros y tripulantes formamos una pequeña comunidad de cerca de treinta personas y un  perro guardián. Reina una fraternidad silenciosa y discreta. Soy el único que proviene del interior del país y junto con Jorge, el venezolano que tratará de reingresar a Panamá, de donde fue deportado, la única persona que no es de la costa pacífica. Todos los demás son de esta área y desarrollan actividades habituales en alguno de sus pueblos o ciudades.

Las horas transcurren lentamente a bordo. El ritmo es marcado por los horarios de las comidas y por el el sueño nocturno. Se desayuna a las 8 de la mañana, el almuerzo es a las 12 meridiano y la comida se sirve a las 6 de la tarde. El arroz es el rey absoluto de la dieta, apenas complementado por alguna escasa proteína. Noto que el chef me trata con cierta deferencia y que ocasionalmente me sirve alguna porción adicional. Esto me deja sin motivación para reclamarle el dinero sobrante de mi boleto, de modo que tácitamente se queda con las vueltas. En las noches vemos en un viejo proyector alguna película gringa, invariablemente violenta, antes de ir a dormir hacia las 8, hora en la que se apaga la luz eléctrica.

Por suerte no hacía falta dicho alumbrado artificial porque en varias ocasiones en que me desperté en la alta noche, pude ver con asombro como las oscuras aguas marinas eran iluminadas por peces fosforecentes que las cruzaban veloces. Maravillado ante el inefable espectáculo soñaba tratando de imaginar los sorprendentes reinos submarinos de donde habrían salido estas criaturas de brillo indescriptible.

Hubiera querido compartir con todos los compañeros de viaje pero las ocupaciones de unos, el mutismo de otros y mi horario de lecturas apenas me dejaronn espacio para algunos. Cada uno tiene su propia historia y resalto los que me abrieron unas páginas del libro de sus vidas. En ningún barco puede faltar un exconvicto y así encuento que Albeiro, el pinche de cocina, de unos 45 años, negro y achaparrado, pagó 10 años de cárcel en E.U. por narcotráfico. Lo simpático es que en ese tiempo no aprendió inglés allí pero sí se alfabetizó en la prisión en español; recuerda que le daban buen trato y que las condiciones eran buenas pero que a los sindicados de terrorismo sí les dan un trato en extremo severo. Con un nombre que lo predestinaba a la religión y a la concordia, el pasajero más veterano y más sabio era Evangelista Paz, de piel aceitunada, 71 años, de gafas, estatura y complexión medias, jubilado como profesor de navegación marítima del Sena, de trato afable, buena cultura, entusiasta predicador de una rama del budismo. Me comentó que se dedicaba  a vender productos naturistas y resultó ser un gran experto en la cultura negra y de la idiosincrasia de la gente del Pacífico. Por su parte Erasmo, otro negro entrado en años, alto y delgado, se dirigía a retomar su trabajo como panadero en Juradó, después de visitar a su familia en Buenaventura por la temporada decembrina. Victoria, enorme morena de gran caderamen y fortaleza de luchador de sumo, también venía de visitar a su familia y retornaba a su empleo de cocinera en un restaurante. El más dicharachero era Arcesio, negrito menudo y bajo,que decía tener 56 años pero aparentaba por lo menos 10 más, contaba historias de su vida de pescador y se mostraba muy feliz y nada precupado por lo prolongado del viaje porque eran días en que tenía asegurada la comida y “afilaba los dientes” desde antes de cada alimento. La nota de actualidad la puso Jorge, venezolano que intentaba reingresar ilegalmente a Panamá de donde fue expulsado por estar sin documentos. Trabajaba en una compañía de vigilancia, en una de las empresas custodiadas hubo un robo, capturaron al ladrón y cuando fue a declarar él también fue detenido por papeles, ingresando a la misma celda con el delincuente. Estaba desesperado por regresar y no le importaba tener que hacerlo ilegalmente pues su esposa e hijas habían quedado solas y desamparadas en el país istmeño. Era un claro candidato a caer en manos de las redes de traficantes de personas o de drogas que pululan en las áreas fronterizas. Por su parte, Zulia Siágama, mujer indígena que viajaba con su hija Idaly, solamente accedió a decirme sus nombres, tal vez porque la niña estuvo indispuesta por el balanceo de la embarcación la mayor parte del tiempo.

Una nota muy curiosa la puso Arley, joven negro de gran estatura que hablaba de grandes negocios a menudo delante de todos por celular, a veces mencionando cifras millonarias. Esto no tendría nada de extraño, de no ser porque una vez mientras me bañaba en la parte alta del buque lo escuché mientras decía a uno de sus interlocutores telefónicos que se le habían acabado los minutos y le pedía que le hiciera una recarga de 5.000 pesos.

Bahía Cupica

Desde el comienzo de esta aventura deseé que el viaje no fuera muy corto ni de una sola etapa sino que por el contrario esperaba que se hiciera escala al menos en algún pueblo costero para conocer un poco más.  El recorrido continuó  y lentamente pasamos por Pizarro, Nuquí, El Valle, y Bahía Solano, sin detenernos en ninguno de ellos pero al tercer día de navegación fondeamos en Bahía Cupica, hermosa ensenada visitada en ciertas épocas del año por las ballenas jorobadas que suben siguiendo las frías corrientes del sur hasta llegar a estas tibias aguas tropicales. No vimos estos cetáceos por no ser temporada pero sí pudimos disfrutar de la belleza de la bahía y descender a tierra hasta una refrescante cascada de agua dulce. Alternando inmersiones en el mar con el masaje de la cascada, desaparecía cualquier asomo de cansancio que pudiera haber dejado la larga permanencia en el barco.

Al día siguiente volvemos a bajar al continente y al preguntar por el pueblo se nos informa que fue trasladado un poco tierra adentro debido a una creciente del río que lleva su mismo nombre y que lo afectó seriamente unos años atrás. Ahora, para llegar a la población se camina entre un sendero de tablas levantado sobre un exuberante manglar. Apenas estoy recorriendo la calle de entrada cuando uno de los tripulantes me avisa que es hora de volver a la canoa que nos llevará de regreso al San Esteban. Retorno con la nostalgia de no poder degustar un poco más el sabor del villorrio pero con la alegría de haber estado en sus alrededores y con el consuelo de haber saludado y ser despedido por una numerosa y feliz chiquillada que corría feliz y descamisada en los alrededores.

No fueron los infantes los únicos en despedirse con júbilo. Al zarpar de nuevo rumbo al norte, juguetonas parejas de delfines nos escoltaron durante un buen rato saliendo de las aguas para zambullirse de nuevo entre chapoteos, dejándonos el recuerdo inolvidable de una mañana de terciopelo derramado como bendición en el azul turquí del mar del sur.

El río de los cunas

Es ya la mitad del cuarto día y por fin nos acercamos a nuestro destino. Desde niño soñaba con visitar algún día el pueblo que lleva mi apellido aunque con acentuación diferente. Mi padre insistía en que en esa coincidencia había algún mensaje en clave o que por lo menos allí debía dársenos un trato especial. No aspiro a eso y me doy por bien servido con conocer este lugar de la patria tan ligado sonoramente a mis ancestros. De un presunto significado del topónimo como “río de caníbales” que algún ignorante con ínfulas de conocedor me dijo en mi lejana niñez, probablemente con el ánimo de disuadirme del viaje que iba a hacer tarde o temprano, solamente queda un recuerdo sonriente y compasivo, para dar lugar a la verdadera etimología del lugar: “ río de los indios cunas”.

El San Esteban no puede atracar directamente en el pequeño desembarcadero sobre el río Juradó porque lo bajo de la marea le impide ese acercamiento. Por ello tomamos pequeñas lanchas que nos conducen al pueblo.

La cabecera municipal se halla ubicada a orillas del mar, en un territorio insular formado por las desembocaduras de los ríos Juradó y Partadó, los cuales luego de unirse se separan para desembocar en dos bocanas de acceso al mar (boca vieja y boca nueva), conformando así un pequeño islote que queda expuesto a las turbulencias tanto de las aguas marinas como fluviales.

Tres días pasé en el poblado del que de alguna manera soy epónimo, o más bien una especie de homónimo, con la hermandad espiritual que esto comporta. Me atienden y guían amablemente Germán Vélez y Jezra Achito, el uno líder cívico y el otro joven promesa de la comunidad embera que habita selva adentro y que tiene a uno de sus miembros, Alberto, padre de Jezra, regentando los destinos del municipio.

En una caminata por la playa, rumbo a una de las desembocaduras del río que da su nombre al pueblo, encuentro la base de la Armada que fue objeto de un fuerte ataque por parte de las Farc-ep en 1996 con el resultado de decenas de infantes de marina muertos y cerca de 70 tomados como prisioneros por los rebeldes. Pregunté a varias personas sobre ese hecho histórico y noté mucho hermetismo al respecto; solamente dos o tres me dieron datos muy genéricos, agregando que a raíz de la violencia se desplazaron por varios años. Es claro que las heridas dejadas por la guerra tardan en desaparecer.

Aún cuando mis amigos del barco fondeado en las afueras se ofrecían a llevarme en su viaje de regreso, la incertidumbre sobre la fecha de su partida y el saber que podrá demorarse aún más que de venida porque se detendría en varias partes a recoger madera (más el temor de incrementar dramáticamente la estadística de consumo de arroz per cápita), me hicieron buscar otras alternativas.

Finalmente logré ser despachado en una avioneta con rumbo a Medellín, para terminar así este involvidable recorrido por la Colombia profunda.