Jani, la niña agua

Jani es una niña wayuu con quien acostumbro conversar en las noches.

Imaginamos que nuestra mirada tiene poderes: hechiza la realidad y neutraliza los peligros que acechan, enfría la temperatura cuando tenemos mucho calor y baja lucecitas del firmamento para alumbrar y transportarnos rápidamente sin espinarnos por entre los cardones y sin desperatar a los chivos.

Los profundos y veloces ojos negros de Jani logran atrapar con mucha precisión luceros escondidos tras los botaderos de carbón; también las voces milenarias que al parecer enmudecieron después de la última temporada de máquinas que impidió a muchas niñas de su pueblo ir por el hilo mágico del agua. Supimos un día por casualidad que éste está hecho de hojas de sábila y arenitas que se enrollan muy fino hasta que casi no se ven y que hay que concentrarse con una mirada aguda y de buen ojo para poder verlo; quien lo logra es capaz de ir tras él y se topa con el manantial en el que nace toda el agua de la Guajira.

Jani siempre logra muy buena concentración, dice que lo ha aprendido mirando fijamente los bordes de las nubes en invierno. Ella no se distrae con el ruido de la maquinaria como yo y así ha podido llegar hasta el mundo agua. Me ha dicho que allá la tierra es un jaguar agua y en cada uno de los puntitos de su lomo habitan seres que no tienen pies sino ríos y arroyos y que cuando corren van formando lagos y lagunas a las que llegan las niñas agua a jugar … juegan porque allí jugar es la forma en que se existe…respirar es un juego, hablar, comer y correr también.

Jani dice que cuando el jaguar se sacude suelta agua por todas partes y al dar saltos gigantes por entre otros mundos que hay más allá del desierto se van formando árboles, montañas, edificios y personas de agua… las niñas de esos mundos se alertan por el sonido y se acercan para fundirse en el agua…Ellas muy pronto aprenden a jugar. Juegan a existir…. entienden que respirar, caminar y comer es jugar

Llevo varios días observando fijamente los bordes de las nubes porque esta noche, Jani me enseñará a concentrarme bien para poder ver el hilo mágico que lleva al mundo agua. Dice que así podremos descubrir y hechizar la realidad y los peligros que en ella se esconden….

El anterior texto fue escrito por la defensora de derechos humanos y ambientales Dora Lucy Arias. En él conjuga historias y diálogos tejidos con las niñas indígenas del sur de la Guajira.

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Audacias mayores de cien años

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Imagen tomada de https://www.youtube.com/watch?v=M1ss-8t7wM8

Por estos días de consulta anticorrupción de este agosto de 2018 se revelaron datos recogidos por la Administradora de los los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud – (Adres), según los cuales hay en el país 16.703 afiliados al sistema de salud que aparentemente tienen más de 100 años, según la fecha de nacimiento que registraron. Por rangos de edad, el 93 por ciento de estos usuarios se ubicarían entre 100 y 110 años, el 6 por ciento entre 111 y 120, y el 1 por ciento en más de 121 años.  De ese total de los centenarios encontrados en el sistema de salud, 15.026 están recibiendo el subsidio que brinda el Estado a través de su afiliación al Régimen Subsidiado de Salud. Por distribución geográfica, el 62 por ciento de los registros del régimen subsidiado se concentran en los departamentos de la región caribe, especialmente en Córdoba y Sucre.

Ya de por sí estas cifras resultan bastante sospechosas porque a pesar de la perennidad de personajes como Roberto Gerlein el del sueño eterno en el Senado, Olga Duque de Ospina con sus clásicas frijoladas con el jet set nacional y José Galat, un superdinosaurio que en sus ratos libres se alquilaba para hacer reemplazos en Bodies, la exposición de muertos plastificados,  entendíamos que Colombia no estaba dentro del listado de países con más longevos en el mundo. Además si verificamos que España, que cuenta con mayor población que nosotros y un mayor nivel de longevidad y que de acuerdo con datos de la OMS, tiene cerca de 17000 centenarios, no parece muy creible la cifra con la que se inicia esta nota. A su vez Cuba,  con mejores servicios de salud y una mayor expectativa de vida que nosotros, registra aproximadamente 2000 centenarios, nuestro país, de acuerdo  a la población total (más o menos cuatro veces más que la de la isla caribeña), de tener la misma proporción de superveteranos (lo que asuminos como hipótesis), tendría más o menos 8000 personas de edad superior a los cien calendarios.

Pero la suspicacia se incrementa al advertir que según los registros oficiales únicamente una cuarta parte de los 16.703 centenarios reporta haber recibido por lo menos un servicio de salud en el 2016. Resulta pues que no solamente tenemos una buena cantidad de supercuchos sino que son más saludables que los sardinos ya  que solamente un 25%, los más enfermitos, van al galeno y eso una vez cada año. Reconozco que al llegar a ese punto me entró algo de envidia, enfermedad de la cual según el famoso ciclista Cochise Rodríguez, muere en Colombia más gente que de cáncer. Por que si a mi edad, que todavía dista algunas décadas del siglo, tengo que ir a controles médicos por los menos cuatro veces al año, cómo va a ser posible que las tres cuartas partes de las supuestas 16 mil y pico de anticuallas se la pasen tranquilos tomando chocolatico en casa y no tengan que ir ni siquiera una sola vez en el año a tales citas.  Algo anda mal y no creo que se trate de simples fallas estadísticas al comprobar que de todos modos por este porcentaje que no aparece en los registros de atendidos médicamente de todos modos se reconoce a las EPS  la llamada Unidad de Pago por Capitación.

Estaríamos pues como en una mala película de terror ante una temible y numerosa legión de viejitos fantasmas que sólo existen en el papel para así robarse los pagos correspondientes un nuevo grupo dedicado a esquilmar el erario.

Lo que faltaba: no es suficiente con el cartel de la hemofilia, el de los pañales, el de los cupos educativos, del papel higiénico, el de la alimentación escolar, etc. Ya se ha presentado en sociedad,  con ropas anticuadas y lenguaje arcacio  el cartel de las arrugas. Un efecto colateral muy grave de este nuevo engaño es que ya ni siquiera se puede confiar en el “Plan Canitas”.

En la década del 30 de la centuria pasada, a raíz del ingreso del entonces joven Darío Echandía y otros coetáneos suyos a altos cargos en el  gobierno de la Revolución en Marcha se habló de las “audacias menores de 40 años”. Ahora los pillos dan otra muestra de su ingenio con esta enorme cantidad de audacias mayores de cien años.

Esperamos que la justicia desmantele la banda que maneja este fraude y descubra el secreto de los millones de eones que se esconde detrás de esta organización. Por lo pronto, además de sugerir que se interrogue a los ya nombrados Gerlein, Galat, Olga Duque y Belisario Betancur, entre otros, doy varias pistas que pueden orientar las investigaciones: el clan criminal no es de creación reciente sino bastante antigua, celebró a comienzos de año su viégesimo aniversario en un exclusivo ancianato del norte de Bogotá, en sesión a la que asistió como invitado de honor un delegado del club de expresidentes en su condición de “muebles viejos de la República”. Se comenta incluso que el cerebro de esa mafia añeja sería un tenebroso y experimentadísimo sujeto conocido en los  viejos fondos con el alias de “Matusalén”, que tendría conexiones con el recientemente depuesto gobernante de Zimbabwue y con el “nuevo” presidente de Malasia.

Un conocido refrán dice que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Estamos en mora de poner coto a este que por definición lleva siglos, lo que solamente puede ser posible cambiando de raíz a la vetusta clase dominante que con sus gobiernos corruptos convirtió la salud en un negocio a favor de las EPS que a la vez facilita toda clase de fraudes y ha hundido a Colombia en la ignominia y la injusticia social.

Solidaridad con los refugiados hoy y siempre

 

Como en las épocas de la novela Éxodo, el barco Aquarius con más de 600 migrantes africanos deambuló a la deriva por el Meditarráneo después de ser rechazados por Italia y Malta. Al menos esta vez los acogió España y no corrieron con la infame suerte de muchos otros que naufragaron en un mar que se ha ido convirtiendo en una enorme fosa común para miles de frustrados viajeros que nunca llegaron al destino soñado.

También por estos días se agudiza el tratamiento inhumano a familias que intentan ingresar por la frontera sur de Estados Unidos y reciben como respuesta del gobierno racista de Trump la detención de los adultos y la separación familiar, dejando a los niños encerrados en unas horribles jaulas.

Igualmente otra de las recientes situaciones más notorias ha sido la de los rohingyas, minoría musulmana en Mianmar (antigua Birmania) reprimidos brutalmente y obligados a salir del país por cientos de miles hacia la vecina Bangla Desh, en un genocidio que aún no termina y que ha sucedido ante los ojos del mundo.

Dificílmente podría evidenciarse un panorama más complejo para el Día Internacional del Refugiado, que desde el año 2000 se celebra el 20 de junio por decisión de la Organización de Naciones Unidas.

Los datos de esta organización  hablan de que hay en el mundo cerca de 68 millones de refugiados (entre ellos más de la tercera parte niños), esto es,  personas que han debido abandonar su país huyendo del conflicto o de la persecución para salvar sus vidas.

En un mundo donde la violencia obliga a miles de familias a abandonar sus hogares para salvar sus vidas, es el momento de demostrar que todos estamos de parte de los refugiados.

Su condición y su protección están definidas por el derecho internacional, y no deben ser expulsadas o devueltas a situaciones en las que sus vidas y sus libertades corran riesgo.

Nosotros, además de los millones de desplazados internos, tenemos por lo menos 600 mil colombianos refugiados en el exterior.

Por eso en el día mundial del refugiado debemos ampliar la solidaridad con esta población, con los compatriotas que están fuera del país y con las personas de otras naciones que han buscado protección y seguridad en la nuestra.

En lo personal es el momento de recordar y agradecer la hospitalidad que me brindó el Uruguay a fines de la década del 80 cuando por “razones de salud” salí de Colombia y permanecí allí cerca de tres años. El período vivido en esa república hermana me permitió sentir la solidaridad de numerosas personas y organizaciones que tanto a mí como a otros compatriotas nos dieron  apoyo político y fraterno calor humano. El sindicato de la construcción (Sunca), Amnistía Internacional capítulo Uruguay, el Partido Comunista y otros integrantes del Frente Amplio, la central sindical PIT/CNT, el Sindicato Médico del Uruguay, la inolvidable Celia Beatriz Fernández, verdadera mamá adoptante de los colombianos, Marina Manzini, Graciela Almeida, la familia Castiñeira-Latorre, el italiano Nazario Esposito, así como la representación de Acnur (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) que era ejercida por delegación en la Iglesia Metodista, dirigida por Teresa Aiskar, son algunas de las entidades y personas que se convirtieron en nuestros ángeles de la guardia en ese país.

Desde 2016 Acnur adelanta una campaña mundial de firmas para alentar a los gobiernos de todo el mundo para que garanticen que todos los niños refugiados tengan acceso a la educación, que todas las familias refugiadas tengan un lugar seguro donde vivir, así como para garantizar que todos los refugiados puedan trabajar o formarse para adquirir nuevas competencias y así poder contribuir positivamente a sus comunidades.

Esta campaña continuará hasta la adopción del Pacto Mundial sobre Refugiados en 2018.

Cada firma cuenta.

El ratón sonriente

Alto y majestuoso, en la sesentena conserva aún gran parte del porte elevado que debió tener en su juventud. Aunque de apellido italiano, Giacometto, que hace que la mayoría de sus conocidos lo llamen simplemente Giaco, es ciento por ciento colombiano. Su luenga barba blanca, tez rubicunda, cabellos cenicientos, botas altas y el estar enfundado en una especie de pelliza, casi siempre acompañado de un perro proletario que responde al nombre de Tito, lo hacen parecer un campesino ruso salido de una de las novelas clásicas del siglo XIX. Por eso, privadamente le digo en ocasiones Giacomujik.

Este hombre, que sigue siendo tan caribe como cuando hace ya casi cuarenta años, perseguido a causa de su militancia comunista dejó Santa Marta para entrar a ser parte del paisaje bogotano, no pierde la fe en un cambio profundo en Colombia y en el mundo y es una especie de memoria viviente a la que se puede consultar sobre el devenir de los movimientos de izquierda en el país, así como sobre la vida, obra, trayectoria y en algunos casos traición, de muchos de los grandes, medianos y pequeños integrantes de los grupos revolucionarios. Sobrevive sin empleo fijo, sin familia y sin vivienda propia, participando en marchas de protesta y ayudando a sindicatos y grupos alternativos en la pega de afiches o distribución de propaganda y en casos excepcionales acudiendo a la solidaridad de compañeros y amigos con gran dignidad y mesura.

Recientemente nos encontramos y le expresé mi asombro por verlo ese día sin su inseparable Tito. Me respondió que lo tenía castigado por ser uno de los sospechosos de la desaparición de la parte superior de su prótesis dental, la que había conseguido con grandes esfuerzos y con la ayuda de varias personas. Agregó que si no fue el perro, tuvo que ser el gato o una enorme rata que con frecuencia se hace presente en el cuarto en que duerme, pero que en todo caso el can falló fuera por acción o por omisión al  no estar atento a lo que hacía el roedor. Al preguntarle más detalles sobre la extraña situación, dijo: “ahí está la vaina, es lo más raro que me ha pasado, no se cual de ellos fue pero está entre esos tres, porque no somos sino ellos y yo. La más sospechosa es la rata porque dejé esa parte de la caja dental dentro de un vaso de vidrio  y al día siguiente encontré el recipiente quebrado, sin los dientes, cerca a un hueco por donde se esconde la rata esa. Además algo de cierto deben tener todas esas leyendas sobre el ratón Pérez, que en otros países llaman el ratón de los dientes. Quedé jodido y ahora no sé que hacer”.

Para consolarlo mi respuesta fue decirle que su caso no era tan singular, que hace poco en Manizales a un conocido le pasó algo similar. Al llegar a su casa poseido de una severa embriaguez, el perro se le tragó el puente dental que se la había caído en el patio a raíz de una fuerte vomitada. El hombre no se arredró y trató a su vez de hacer que el animal regurgitara la preciosa pieza. No lo logró inmediatamente pero durante tres días estuvo al pie de la mascota, a la que entre comidas le fue administrando laxantes, hasta que finalmente expulsó “por malam partem” la dentadura artificial. El hasta entonces mueco la tomó y después de una cuidadosa asepsis volvió a instalársela y  anda por la ciudad exhibiendo orgulloso de nuevo todo el esplendor de sus dientes, ahora más caninos que nunca.

¡Eche, no joda, no me puedo quedar atrás de tu paisano! Ayúdame a recuperar mis dientes. Tenemos que encontrar a la rata esa, anotó Giaco con una sonrisa semidesdentada. A eso me comprometí con entusiasmo y este relato forma parte de la campaña para devolver la sonrisa al querido amigo, así ello implique quitársela al roedor.

Nuestro mujik colombiano no puede continuar despojado de una parte tan importante de la imagen de todo ser humano.   Ruego a todos mis amigos estar atentos a cualquier ratón sospechoso o demasiado sonriente.

 

Diciembre en la Colombia profunda III: Jurado con tilde

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Imágenes: Google

El principal puerto colombiano sobre el Pacífico tiene una ubicación privilegiada, casi equidistante del sur y del norte, lo  que lo hace el centro de la navegación de cabotaje a lo largo de los 1300 kilómetros de costa.

Ya es 2018 en la última etapa de mi viaje, que haré tomando barco desde Buenaventura hasta Juradó, muy cerca de la frontera con Panamá. Los primeros minutos en la ciudad son de nostalgia por la ausencia de mis queridas compañeras de viaje, unida al recuerdo de quien fue mi acompañante en recorridos que hicimos en la juventud por rutas marítimas hacia el sur. Siento como si fuera ayer que César Ruiz, quien ofrendó su vida a temprana edad en el torbellino del conflicto armado luchando por una Colombia mejor, está a mi lado preguntando por el Puente El Piñal para que tomáramos el barco, unas veces hacia Gorgona, otras hacia El Charco o Mulatos, a donde intrigados iríamos en búsqueda de una extraña comunidad de rubios que parece un pedazo de Escandinavia en un remoto rincón del litoral colombiano.

Al día siguiente a tempranas horas llego al muelle de donde parten los barcos y se me indica que es el San Esteban el que tomará el rumbo norte. La embarcación es mediana y en ella varios estibadores se dedican a subir ladrillos y muchos bultos con alimentos que llevarán a Bahía Cupica y a Juradó. Hago contacto con el cocinero, un mulato veterano y bajito que me recibe con una sonrisa al saber que tenemos el mismo nombre. Me toma el importe del pasaje, sin expedirme recibo porque “por aquí eso no se usa” y me informa que debo estar hacia las 5 de la tarde porque la salida será a las 6. Su amabilidad se torna rápidamente en confianza porque me pide que le preste ciento cincuenta mil pesos para comprar unas costillitas de cerdo, a lo que le respondo que no estoy en condiciones sino de facilitarle los 20.000 que me debía devolver del  precio pagado.

Aunque estoy acostumbrado a la informalidad y a que muchos tratos de hagan de palabra en la provincia, al abandonar el sitio me entra la duda de si el hombre realmente es de la tripulación y se lo pregunto a los de portería, quienes me dicen que sí. Con un poco más de tranquilidad, por si las dudas regreso donde mi tocayo y le pregunto su número telefónico a lo que accede nuevamente con una sonrisa semidesdentada  y con una suave insistencia en el préstamo, cuestión que evado también con una sonrisa azucarada y dándole mis datos de contacto para que me avise sobre cualquier modificación en el horario.

Al llegar a la hora indicada no encuentro a Jaime sino a otro tripulante que expresa su disgusto al saber que le entregué dinero al cocinero. Pensé que había sido víctima de estafa, pero no, mientras seguía rezogando el hombre tomó mi equipaje y me pidió que lo siguiera, para acomodarme en una de las literas de un estrecho camarote en el segundo piso. Suspiré aliviado y no me pareció tan grave que se me dijera que la partida sería temprano en la mañana siguiente, a la vez que se me informaba que podía quedarme.  Al ver que no se me había enterado del cambio y que así como se postergó, también podría adelantarse sin explicación ni aviso previo, decidí pasar la noche a bordo.

Después de  largas horas en las que apenas pude conciliar por ratos un sueño arrullado por el incesante zumbido de feroces zancudos, llegó el nuevo día trayendo de a poco los demás pasajeros y tripulantes. El barco se fue llenando de la animación propia de la partida, que finalmente fue a las diez de la mañana. No fue muy tranquila porque a los pocos minutos de marcha apareció un hombre cuarentón, moreno claro de estatura mediana y musculatura de boxeador, para decirnos que no podíamos salir de las habitaciones hasta tanto hubiéramos abandonado la bahía. Temí que pudiera tratarse de que el barco llevaba sustancias ilegales, lo cual podría traernos inconvenientes a todos, pero los demás viajeros me dijeron que simplemente estaba prohibido llevar pasajeros y gas a la vez, que era justamente la situación en la que estábamos pero no era muy probable que los guardacostas nos abordaran. Casi una hora duró esta especie de detención domiciliaria porque el mismo personaje, quien era nada más ni nada menos que el capitán, pasó a informarnos que ya podíamos movernos libremente por la nave.

Había desaparecido el peligro de enfrentar a las autoridades portuarias mas no el de volar en átomos como en San Mateo. Sin embargo, me encomendé a San Ricaurte y no volví a pensar en ello porque de lo contrario no hubiera tenido un minuto de tranquilidad.

No sé si llamar a eso informalidad o temeridad pero en todo caso forma parte de la normalidad en un país que vive constantemente al borde del peligro, en el que de acuerdo a la tradición heredada de los españoles “hecha la ley, hecha la trampa” y “se obedece pero no se cumple”.

Al mismo tiempo que se nos abrían las puertas de una relativa libertad, el cielo, hasta ese momento de un celaje oscuro cual toldo gris sobre el inmenso mar, dio lugar a una claridad de añil puro, traspasada por una suave brisa odorante a sal. Pronto estaríamos pasando Bahía Málaga y desde cubierta observaba extasiado el azul traslúcido de las aguas y en lontanaza una costa de intenso verdor. Poco después apenas se insinuaba el pueblo Litoral de San Juan, a cuyo lado el río que lleva su nombre entrega su caudal bravío al Pacífico a través de un delta de unos 300 kilómetros cuadrados. Este delta se conoce como  «Siete Bocas» porque en ese número de brazos se abre la corriente fluvial en sus estertores finales al fundirse con las aguas oceánicas, no sin antes formar numerosas islas rodeadas de manglares.

Apenas intuyo la belleza del abrazo de las aguas y en medio de la gran emoción geográfica recuerdo la triste realidad de que en esa zona un gran número de indígenas wonan ha tenido que refugiarse en el casco urbano del municipio huyendo de los rigores del enfrentamiento entre fuerzas oficiales e insurgentes del ELN, como consecuencia de la ruptura de la tregua que se pactó entre ambas partes. Con gran esfuerzo y sintiéndome impotente  ante tan cruda circunstancia continúo mi periplo rogando fervientemente que se retome el camino del diálogo en búsqueda de una paz que ha resultado más difícil de lo esperado.

 Montañero en alta mar

Se me había dicho que la travesía duraba aproximadamente 17 horas pero luego me informan que son en realidad tres o cuatro días porque el barco debe parar en Bahía Cupica para dejar allí parte de la carga y que además la llegada a Juradó puede retrasarse más si la marea está baja porque en ese caso no puede atracar en su muelle. Tomo todo esto con calma porque si algo tengo claro es que en este tipo de aventuras hay que desechar la prisa y estar preparado para los cambios más intempestivos.

Entre viajeros y tripulantes formamos una pequeña comunidad de cerca de treinta personas y un  perro guardián. Reina una fraternidad silenciosa y discreta. Soy el único que proviene del interior del país y junto con Jorge, el venezolano que tratará de reingresar a Panamá, de donde fue deportado, la única persona que no es de la costa pacífica. Todos los demás son de esta área y desarrollan actividades habituales en alguno de sus pueblos o ciudades.

Las horas transcurren lentamente a bordo. El ritmo es marcado por los horarios de las comidas y por el el sueño nocturno. Se desayuna a las 8 de la mañana, el almuerzo es a las 12 meridiano y la comida se sirve a las 6 de la tarde. El arroz es el rey absoluto de la dieta, apenas complementado por alguna escasa proteína. Noto que el chef me trata con cierta deferencia y que ocasionalmente me sirve alguna porción adicional. Esto me deja sin motivación para reclamarle el dinero sobrante de mi boleto, de modo que tácitamente se queda con las vueltas. En las noches vemos en un viejo proyector alguna película gringa, invariablemente violenta, antes de ir a dormir hacia las 8, hora en la que se apaga la luz eléctrica.

Por suerte no hacía falta dicho alumbrado artificial porque en varias ocasiones en que me desperté en la alta noche, pude ver con asombro como las oscuras aguas marinas eran iluminadas por peces fosforecentes que las cruzaban veloces. Maravillado ante el inefable espectáculo soñaba tratando de imaginar los sorprendentes reinos submarinos de donde habrían salido estas criaturas de brillo indescriptible.

Hubiera querido compartir con todos los compañeros de viaje pero las ocupaciones de unos, el mutismo de otros y mi horario de lecturas apenas me dejaronn espacio para algunos. Cada uno tiene su propia historia y resalto los que me abrieron unas páginas del libro de sus vidas. En ningún barco puede faltar un exconvicto y así encuento que Albeiro, el pinche de cocina, de unos 45 años, negro y achaparrado, pagó 10 años de cárcel en E.U. por narcotráfico. Lo simpático es que en ese tiempo no aprendió inglés allí pero sí se alfabetizó en la prisión en español; recuerda que le daban buen trato y que las condiciones eran buenas pero que a los sindicados de terrorismo sí les dan un trato en extremo severo. Con un nombre que lo predestinaba a la religión y a la concordia, el pasajero más veterano y más sabio era Evangelista Paz, de piel aceitunada, 71 años, de gafas, estatura y complexión medias, jubilado como profesor de navegación marítima del Sena, de trato afable, buena cultura, entusiasta predicador de una rama del budismo. Me comentó que se dedicaba  a vender productos naturistas y resultó ser un gran experto en la cultura negra y de la idiosincrasia de la gente del Pacífico. Por su parte Erasmo, otro negro entrado en años, alto y delgado, se dirigía a retomar su trabajo como panadero en Juradó, después de visitar a su familia en Buenaventura por la temporada decembrina. Victoria, enorme morena de gran caderamen y fortaleza de luchador de sumo, también venía de visitar a su familia y retornaba a su empleo de cocinera en un restaurante. El más dicharachero era Arcesio, negrito menudo y bajo,que decía tener 56 años pero aparentaba por lo menos 10 más, contaba historias de su vida de pescador y se mostraba muy feliz y nada precupado por lo prolongado del viaje porque eran días en que tenía asegurada la comida y “afilaba los dientes” desde antes de cada alimento. La nota de actualidad la puso Jorge, venezolano que intentaba reingresar ilegalmente a Panamá de donde fue expulsado por estar sin documentos. Trabajaba en una compañía de vigilancia, en una de las empresas custodiadas hubo un robo, capturaron al ladrón y cuando fue a declarar él también fue detenido por papeles, ingresando a la misma celda con el delincuente. Estaba desesperado por regresar y no le importaba tener que hacerlo ilegalmente pues su esposa e hijas habían quedado solas y desamparadas en el país istmeño. Era un claro candidato a caer en manos de las redes de traficantes de personas o de drogas que pululan en las áreas fronterizas. Por su parte, Zulia Siágama, mujer indígena que viajaba con su hija Idaly, solamente accedió a decirme sus nombres, tal vez porque la niña estuvo indispuesta por el balanceo de la embarcación la mayor parte del tiempo.

Una nota muy curiosa la puso Arley, joven negro de gran estatura que hablaba de grandes negocios a menudo delante de todos por celular, a veces mencionando cifras millonarias. Esto no tendría nada de extraño, de no ser porque una vez mientras me bañaba en la parte alta del buque lo escuché mientras decía a uno de sus interlocutores telefónicos que se le habían acabado los minutos y le pedía que le hiciera una recarga de 5.000 pesos.

Bahía Cupica

Desde el comienzo de esta aventura deseé que el viaje no fuera muy corto ni de una sola etapa sino que por el contrario esperaba que se hiciera escala al menos en algún pueblo costero para conocer un poco más.  El recorrido continuó  y lentamente pasamos por Pizarro, Nuquí, El Valle, y Bahía Solano, sin detenernos en ninguno de ellos pero al tercer día de navegación fondeamos en Bahía Cupica, hermosa ensenada visitada en ciertas épocas del año por las ballenas jorobadas que suben siguiendo las frías corrientes del sur hasta llegar a estas tibias aguas tropicales. No vimos estos cetáceos por no ser temporada pero sí pudimos disfrutar de la belleza de la bahía y descender a tierra hasta una refrescante cascada de agua dulce. Alternando inmersiones en el mar con el masaje de la cascada, desaparecía cualquier asomo de cansancio que pudiera haber dejado la larga permanencia en el barco.

Al día siguiente volvemos a bajar al continente y al preguntar por el pueblo se nos informa que fue trasladado un poco tierra adentro debido a una creciente del río que lleva su mismo nombre y que lo afectó seriamente unos años atrás. Ahora, para llegar a la población se camina entre un sendero de tablas levantado sobre un exuberante manglar. Apenas estoy recorriendo la calle de entrada cuando uno de los tripulantes me avisa que es hora de volver a la canoa que nos llevará de regreso al San Esteban. Retorno con la nostalgia de no poder degustar un poco más el sabor del villorrio pero con la alegría de haber estado en sus alrededores y con el consuelo de haber saludado y ser despedido por una numerosa y feliz chiquillada que corría feliz y descamisada en los alrededores.

No fueron los infantes los únicos en despedirse con júbilo. Al zarpar de nuevo rumbo al norte, juguetonas parejas de delfines nos escoltaron durante un buen rato saliendo de las aguas para zambullirse de nuevo entre chapoteos, dejándonos el recuerdo inolvidable de una mañana de terciopelo derramado como bendición en el azul turquí del mar del sur.

El río de los cunas

Es ya la mitad del cuarto día y por fin nos acercamos a nuestro destino. Desde niño soñaba con visitar algún día el pueblo que lleva mi apellido aunque con acentuación diferente. Mi padre insistía en que en esa coincidencia había algún mensaje en clave o que por lo menos allí debía dársenos un trato especial. No aspiro a eso y me doy por bien servido con conocer este lugar de la patria tan ligado sonoramente a mis ancestros. De un presunto significado del topónimo como “río de caníbales” que algún ignorante con ínfulas de conocedor me dijo en mi lejana niñez, probablemente con el ánimo de disuadirme del viaje que iba a hacer tarde o temprano, solamente queda un recuerdo sonriente y compasivo, para dar lugar a la verdadera etimología del lugar: “ río de los indios cunas”.

El San Esteban no puede atracar directamente en el pequeño desembarcadero sobre el río Juradó porque lo bajo de la marea le impide ese acercamiento. Por ello tomamos pequeñas lanchas que nos conducen al pueblo.

La cabecera municipal se halla ubicada a orillas del mar, en un territorio insular formado por las desembocaduras de los ríos Juradó y Partadó, los cuales luego de unirse se separan para desembocar en dos bocanas de acceso al mar (boca vieja y boca nueva), conformando así un pequeño islote que queda expuesto a las turbulencias tanto de las aguas marinas como fluviales.

Tres días pasé en el poblado del que de alguna manera soy epónimo, o más bien una especie de homónimo, con la hermandad espiritual que esto comporta. Me atienden y guían amablemente Germán Vélez y Jezra Achito, el uno líder cívico y el otro joven promesa de la comunidad embera que habita selva adentro y que tiene a uno de sus miembros, Alberto, padre de Jezra, regentando los destinos del municipio.

En una caminata por la playa, rumbo a una de las desembocaduras del río que da su nombre al pueblo, encuentro la base de la Armada que fue objeto de un fuerte ataque por parte de las Farc-ep en 1996 con el resultado de decenas de infantes de marina muertos y cerca de 70 tomados como prisioneros por los rebeldes. Pregunté a varias personas sobre ese hecho histórico y noté mucho hermetismo al respecto; solamente dos o tres me dieron datos muy genéricos, agregando que a raíz de la violencia se desplazaron por varios años. Es claro que las heridas dejadas por la guerra tardan en desaparecer.

Aún cuando mis amigos del barco fondeado en las afueras se ofrecían a llevarme en su viaje de regreso, la incertidumbre sobre la fecha de su partida y el saber que podrá demorarse aún más que de venida porque se detendría en varias partes a recoger madera (más el temor de incrementar dramáticamente la estadística de consumo de arroz per cápita), me hicieron buscar otras alternativas.

Finalmente logré ser despachado en una avioneta con rumbo a Medellín, para terminar así este involvidable recorrido por la Colombia profunda.

 

Diciembre en la Colombia Profunda II: San Cipriano

 

Fuente: Google, imágenes de la reserva natural San Cipriano

A Buenaventura los colombianos la asociamos con su zona portuaria y con las playas que enmarcan su bahía. Así una de las canciones más populares la define como “bello puerto del mar mi Buenaventura, donde se aspira siempre la brisa pura”. Ciertamente es su aspecto más conocido, en tanto pocos se preguntan por su área rural, prácticamente desconocida y apenas limitada en el imaginario colectivo a una enigmática selva. A ella quisimos ir para acercarnos al menos parcialmente a esa cara oculta de los 6.078 kilómetros cuadrados del municipio que lo convierten en el mayor de la región pacífica.

Acompañado de mis hermanas Mercedes y Claudia, de la argentina Verónica y de Dora Lucy, salimos de Manizales al fin de la tarde para pernoctar en Guadalajara de Buga, al amparo de su milagroso. Al día siguiente tomamos la carretera al mar, para bajar en un sitio ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad de la buena ventura.

Nos recibe un calor pegajoso y en medio de decenas de personas hacemos fila para cruzar el puente colgante  sobre el río Dagua. Un colorido aviso nos informa que ya estamos en la reserva natural comunitaria de los ríos San Cipriano y Escalerete, de los que se surte de agua la urbe. La catarata de emociones, iniciada en el bamboleo  del puente, se hace más fuerte al abordar una de las “motobrujas”, especie de carritos esferados que transportan carga y personas sobre la vía férrea, movidos por una motocicleta incrustada en su estructura que deja su llanta trasera en la parte externa para que haga contacto con los rieles.

Son cerca de 16 kilómetros entre árboles y pequeñas quebradas, refrescados por el viento y por la sombra que da la vegetación, pasando en una ocasión por un puente sobre otra corriente fluvial y dos o tres veces por túneles. Nos informan que la vía sigue siendo utilizada por el tren y no nos tranquiliza mucho el que el conductor nos diga que solamente es determinados días, que de alguna manera se les avisa y que en esos eventos simplemente se para la brujita y se le baja para ponerla a un costado.

Ya en el pequeño poblado que es centro de la reserva encontramos gran animación entre los habitantes locales, todos negros de piel brillante y sonrisa franca que reciben con entusiasmo a los numerosos visitantes. La aldea se compone de una larga calle al lado de un riachuelo de aguas transparentes y frescas, que le da nombre al santuario, justamente el topónimo de un hombre santo: San Cipriano.

Entre inmersiones en las prístinas aguas y caminatas por los alrededores transcurrieron fugaces como en un sueño hermoso y efímero los dos días vividos en este paraíso escondido. Especialmente impactante fue la visita a la cascada, rincón mágico en el que el agua se desprende cantarina desde un peñón para formar un hermoso charco que recoge y refleja todos los verdes del follaje circundante. Fue nuestro amable guía Crisanto, longilíneo y atlético moreno, que como todos los de su raza muestra cierta indefinición en la edad ya que de jóvenes parecen mayores y de viejos menores de los años que realmente tienen. Especulábamos que podría tener entre 19 y 77 años y él mismo, con risa discreta nos informa que está cerca a los 40.

Mi curiosidad insaciable me llevó a preguntarle por el origen del nombre de la reserva. Me imaginaba, dado el carácter claramente cristiano de la denominación, que tal vez se debiera a un santo de los primeros siglos de la iglesia, quizás originario de la isla de Chipre o de algún país de los que componían el impero bizantino pero muy pronto mis hipotésis hagioeurocentristas se hicieron trizas cuando el anfitrión refirió una historia totalmente local. El río y el lugar se llaman San Cipriano en memoria de un nativo que vivió solo en la cabecera de la fuente por largos años, cuidándola y protegiendo el bosque hasta dormirse para siempre abrazado a sus árboles tutelares a una edad centenaria como los antiguos patriarcas bíblicos.

¡Qué bella y simple anécdota de un santo del pueblo, cuya leyenda no surge de los altares sino de la protección y amor por la vida, la naturaleza, la selva y el agua!

Con el espíritu ancestral del viejo cipriano dejamos en olor de santidad el templo nemoroso dedicado a su memoria y abordamos las brujitas de regreso, a pesar de que aún es lejano el 31 de octubre. De nuevo la adrenalina de su correr rechinante sobre los rieles, interrumpido a mitad de camino por el encuentro con otro vehículo embrujado que venía en sentido contrario. No hay problema, simplemente paran ambos, uno de ellos se desmonta, da paso al otro y todos tan contentos.

Después de dejar la carrilera tomamos rumbo a Buenaventura, donde al compás de ritmos del Pacífico el alegre grupo se divide. Mis hermanas regresarán bronceadas y felices a sus trabajos en Manizales; Verónica y Dora Lucy con energías renovadas tomarán hacia Ituango en labor de defensa de los derechos humanos y yo, el menos laborioso y el más diletante del grupo, continuaré mi periplo, esta vez por el mar, hacia la parte norte del gran océano, con cuyo sencillo relato terminará este viaje por la Colombia profunda.

 

Diciembre en la Colombia profunda I

recinto 1

Imagen tomada de: Hotel Estelar, Recinto del Pensamiento

A diferencia de los últimos cuatro años en que pasaba las vacaciones decembrinas fuera del país, en esta temporada de fin de 2017 quise internarme en algún lugar de la Colombia profunda. Después de consultar varios aspectos, entre ellos, desde luego el presupuestal, decidí visitar la Costa Pacífica, pasando previamente por mi ciudad natal.

Quiero entonces relatar lo esencial de este viaje en tres etapas: el reencuentro con Manizales, el descubrimiento de una hermosa reserva natural en el Valle del Cauca y un recorrido por el litoral desde Buenaventura  hasta llegar al extremo norte, Juradó, cerca de la frontera con Panamá.

Sinfonía alada

Así como muchas veces en la vida no terminamos de conocernos a nosotros mismos ni a las personas que nos rodean y con frecuencia nos llevamos sorpresas respecto de quien creíamos muy predecible, sucede con las ciudades en que se ha vivido mucho tiempo. Pasé en Manizales  los primeros 32 años de mi vida y la visito por lo menos una vez cada año. El pasado diciembre fui de nuevo, acompañado por mi esposa y una amiga argentina. Con cierto sabor a rutina, ya que había estado en ese sitio unas dos veces, llevamos a la visitante al  Recinto del Pensamiento, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Me encontré con un sitio maravilloso que estremece en cada parte del recorrido y deja una huella imborrable en el recuerdo.

recinto con bonsairecinto con colibrímariposa

Fuente: www.eje21.com.co

 

Situado en la vía que conduce a Bogotá, es una mezcla de parque natural y centro de convenciones que forma un remanso de tranquilidad y reflexión. Al visitante lo recibe la serena belleza de un pequeño lago en el que nadan peces rojos, como preámbulo del sendero por un bosque de niebla que puede atravesarse a pie o recorrerse desde el aire en telesillas.

Aún con el sabor y el olor húmedo del bosque en la piel, los ojos asombrados por el verdor de la vegetación y el colorido de las orquídeas que acechan desde los más ocultos rincones, se arriba a otras tres atracciones, a cuál más memorable: el jardín oriental, el mariposario y la colina de las aves.

El primero, con sushermosos  bonsáis y sus árboles de cerezos nos hace viajar al Japón sin necesidad de tomar el avión. El segundo nos adentra en un mundo de ensueño y fantasía entre mariposas, entre las que junto a sus compañeras de variados colores, se destacan algunas precisamente por su falta de color y su delicada transparencia.

Pero, definitivamente el asombro llega a su clímax con el más maravilloso concierto de pájaros que pueda disfrutarse: la sinfonía alada de decenas de colibríes de diferentes especies que irisan el aire con verdes de todos los colores, matizados por una que otra coloración rojiza o pechos  blancos en algunos especímenes. Llegan en diferentes oleadas a libar de las flores o de pequeños recipientes con agua levemente azucarada puestos a su disposición. Acostumbrados a uniformizar, creíamos que estos hermosos pájaros tenían apenas dos o tres variedades y ahora vemos que hay grandes diferencias entre ellos, una de las cuales es el tamaño ya que pueden medir entre 5 y 21 centímetros.

Justamente, cuando llegó otra tanda de pequeños magos del aire, tuvimos la suerte de ver casi al mismo tiempo uno de los más diminutos, haciendo malabares y aleteando alegremente con la majestad de sus ocho centímetros. La inefable emoción fue máxima al ver, oculto entre el ramaje de un árbol, el nidito de uno de ellos, del que asomaba tímidamente como espadín en miniatura el pico de una de las dos crías que lo ocupaban. Fue la visión de apenas unos segundos porque una mayor intrusión o aún la más inocente mirada nos parecían la profanación de ese encantador hogar palpitante de vida mínima y magnífica.

¡Qué vigencia adquirieron en esos momentos los versos del sacrificado periodista Orlando Sierra, nunca fue más cierta su oración a “los pájaros que anidan en la luz y salen con el sol a poner día sobre el mundo”!

Sí, estos picaflores, despertaron en el inolvidable recinto del pensamiento “los colores dormidos de las cosas”, y sacaron la noche de nuestros ojos cansados.

Con la esplendente luz de la vida que trajeron los amiguitos alados teníamos ya la mejor inspiración para la segunda parte del periplo. Dejaríamos la cordillera central para ir más al occidente, a la reserva natural San Cipriano, que referiremos en la siguiente entrega.

 

 

 

Un buen trece

 

iamgen de baco y gutenberg

 

En vibrante evento realizado el pasado miércoles en la Universidad Autónoma, el Taller de Escritores Gabriel García Márquez realizó el cierre de actividades del año que termina.

Ante numerosa y animada presencia de integrantes y amigos el director, Hugo Correa Londoño, hizo un somero balance de la labor adelantada en 2017, que incluye, además de la producción individual de varios de los miembros, la publicación de dos folletos suplementarios de la colección Otrapalabra y el patrocicinio de la edición del trabajo del poeta Tercero Moreno, titulado Viaje al corazón azteca y otras confesiones, del cual, precisamente se hizo el lanzamiento, con presentación del maestro Mario Méndez. Así mismo, informó sobre la próxima publicación de un libro dedicada a la memoria del fundador de este centro literario, maestro Eutiquio Leal con motivo de los 20 años de su deceso, con textos de Jorge Eliécer Pardo, José Martínez y otros estudiosos de su vida y obra.

No podía faltar la evocación de los nuestros que partieron por estas calendas: el poeta y pintor Armando Orozco Tovar y el también bardo y pintor Jairo Maya Betancur. A este último rindió un sentido homenaje el escritor tolimense Álvaro Rojas en medio del respetuoso silencio de los asistentes, conmovidos por el recuerdo de estos grandes amigos que dejaron una huella imborrable en las letras y en los lienzos.

Luego la nostalgia fue dando lugar al asombro de la ficción al escuchar los microrrelatos de Luis Carlos Domínguez que con gran economía de lenguaje y agilidad narrativa mostraron tres historias de ficción que esa noche mágica adquirieron vida en la sintonía lograda entre su autor-lector y los fascinados oyentes. Vale la pena transcribir uno de ellos:

“La Luna.

La gótica espadaña sostenía en magnífico equilibrio la Luna. ¡Noche maravillosa! Exclamó un hombre a la puerta de su tumba. El guardia lo increpó de mala manera: “No es hora de escándalos ni de jolgorios. Usted es un pobre muerto. ¿Qué le importan la noche ni el paisaje?”

El muerto se metió en su casa. Desde allí oía al guardia alegar que le estaban perturbando la paz de los sepulcros, al tiempo que apaleaba al perro diciéndole: “¡Perro burro, cállese! ¿No ve que es sólo una estúpida Luna y no una maravillosa bola de queso?”

Luego de nuevo el turno fue para la poesía: Carlos Julio Ramírez y Andrés Correa Bustamante leyeron varios poemas producto de un trabajo sostenido que cada día se consolida más y que refleja una interesante búsqueda de voces propias y sensibilidades muy especiales. Carlos Julio hizo además la presentación de su composición dedicada a Cien Años de Soledad, en estilo chandé, en su propia voz acompañada de instrumentos de viento y percusión. ¡Macondo dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas en  apretada y atrevida síntesis musical!

Como si fuera poco el hechizo poético y narrativo, el placer estético y la alegría de compartir la palabra y la fraternidad, llegaron a niveles extáticos con el sortilegio de las notas del maestro Víctor Ramírez y la voz de terciopelo de Ligia Suárez en excelente interpretación de dos clásicos de la música colombiana: De regreso a mi pueblo y Cuando voy por la calle.

La memorable velada concluyó con la lectura del texto de Deisy Astrid Melo titulado Anatema, que forma parte del ejercicio propuesto al taller por el maestro José Jaime Castro, consistente en relatar cada uno cómo fue su iniciación con el mundo de la lectura y la escritura. Deisy Astrid contó con ternura cómo fueron sus “primeros acercamientos a la magia de atar vocales a consonantes, vocales a vocales y jugar con ellas”, hasta llegar al punto en que su refugio y muralla fueran los libros, en los que encuentra respetada la soledad y alada la imaginación y tener el gusto de contar cuál fue su “alegría de leer”.

Contagiados con esa alegría y con la complicidad del dios del vino, los asistentes dieron por cerrado el acto y las sesiones del año viejo y se dispusieron con el mejor de los ánimos a afrontar las tareas del nuevo.

 

 

Test básico de cultura general

Armónicos de Conciencia...: Ingeniería Inversa del Cerebro (probablemente hacia el 2050)

Test básico de cultura general

Por Ramon Salas Nomar, El Palindrómico Hipergonádico. Magister en sofrología educativa evolucionista y transustanciación ultraconceptual por succionamiento avícola. Autor de los libros La banalidad del banano (Ediciones Augura, Apartadó 1995), Aplicaciones prácticas del conocimiento inútil (Egg nothing editions, 2009), La desnutrición de las nutrias (Edizioni Ovo Niente, 2010), Recuerdos de mi alzheimer (no puede precisarse la fecha de edición) y Prolegómenos a una aproximación propedéutica del metarrelato de la acreditación, este en coautoría con Frantisek Ximenovic (Coedición Datacrédito – Universidad Autónoma 2011).

Este sencillo cuestionario mide el nivel de cultura básica. Parte de lo más simple a lo complejo pero algunas de las preguntas pueden ser menos fáciles de lo que parece. Adelante, genios, a desempolvar neuronas y ¡buena suerte!

1.El segundo apellido del político Álvaro Gómez Hurtado era:

a. Enríquez

b. Álvarez

c. Hurtadez

d. Hurtado

2. El caballo blanco Palomo de Bolívar era:

a. Roano.

b. Zaino

c. Albo

d. Negro

3. Los nacidos en Solita (Caquetá) son conocidos como:

a. Soliloquios

b. Solitenses

c. Solitarios

d. Solípedos

4. El síndrome de Down fue descubierto por:

a. Lila Downs

b. John Langdon Down

c. Down Hill

d. El medico mongol Baterdene Daun

5. La emisora Bésame es:

a. Deportiva

b. Cultural

c. De música tropical

d. Romántica

6. Rudolf Von Uter podría ser:

a. Un ginecólogo alemán

b- Un criminal de guerra nazi

c. Un espeleólogo

d. Un seudónimo de Jorge Luis Borges

7. La cunicultura es

a. Una cultura basada en caracteres cuneiformes.

b. La práctica del cunilingus.

c. La cría de conejos

d. La construcción de cunas

8. El suicidio es definido como:

a. Matar un suizo

b. Cosa o situación sui generis

c.La autoeliminación.

d. Un sida muy singular

9. Alí ben Humor es:

a. Hermano de Alí Babá

b. Tío de ben Laden.

c. Personaje de David Sánchez Juliao

d. Padre de Alí Humar

10. Sai Baba es:

a. El inventor de las babosadas

b. Científico especializado en el estudio de las babosas.

c. Gurú o guía espiritual hindú

d. Científico dedicado al estudio de los babuinos.

11. El emperador Julio César fue asesinado por:

a. Tirano

b. Negligente

c. Corrupto

d. Bruto

12. Una sacerdotisa del amor tarifado es:

a. Devota de una religión babilónica.

b. Prostituta

c. Virgen de un templo romano

d. Tesorera en un lupanar

13. Arantxa Etcheverry Uruburu es un nombre

a. Vasco

b. Eúskera

c. Todos los anteriores

d. Ninguno de los anteriores

14. Los miembros de número de la Soberana Orden del Pétalo Rosado son:

a. Botánicos aficionados.

b. Gueis.

c. Aristócratas ingleses.

d. Integrantes de una sociedad secreta.

15.Las piedras del Tunjo, llamadas por muchas personas “Las piedras de Tunja”, están situadas en:

a. Buenaventura.

b. Sogamoso.

c. Facatativá.

d. Tunja

16. La Revolución de Octubre (que cumple en este 2017 cien años) se conmemora en el mes de:

a. Febrero.

b. Septiembre.

c. Octubre.

d. Noviembre.

17. Indhira Gandhi era hija de:

a. Mahatma Gandhi.

b. Mao Tse Tung.

c. Ahmed Sukarno.

d. Jawaharlal Nehru

18. La bigornia es:

a. Un mantra creado por José Obdulio Gaviria.

b. Un yunque de dos cuernos.

c. Una blasfemia.

d. Un instrumento para medir el índice de migración interna.

19. El can can es:

a. El padre del Gran Kan.

b.  El hijo del Gran Kan.

c. Un baile para dos perros.

d. Un baile de los cabarets parisinos.

20. Miguel, Guido y Manuel son:

a. Un trío de boleristas

b. Los primos Nule.

c. Los Ñoños del departamento de Sucre.

d. Los sobrinos del Pato Donald

21 Roma fue fundada por:

a. Romeo y Julieta.

b. Rómulo y Rémulo.

c. El indio Rómulo.

d. Rómulo y Remo.

22. La halterofilia es:

a. El levantamiento de pesas.

b. El estudio de los estados alterados.

c. La alteración de pesos y medidas.

d. El amor por los santos

Puntuación:

De uno a seis: nunca es tarde para volver a la escuela primaria.

De siete a  trece: tal vez no fue buena idea hacer el bachillerato por radio.

De catorce a veintidós: felicitaciones, tienes el nivel suficiente para entender las telenovelas.

 

SOS por los niños de La Guajira

La defensora de derechos humanos Dora Lucy Arias que ha acompañado decididamente al pueblo wayuú en su lucha por la supervivencia física y cultural frente a la arremetida de la gran minería que adelantan empresas extranjeras con la complicidad del gobierno está haciendo un llamado a diferentes entidades y personas a raíz de esta problemática.

Por la importancia de la causa y lo dramático de la situación transcribimos textualmente su sentida invocación.

Queridas/os:

He llegado antenoche de la Guajira.  Nunca había percibido tanto como ahora el horror de su lento desvanecimiento.  En el resguardo de Provincial, como en el flautista de Hamelin, la existencia de los niños languidece.  La empresa ha reabierto un tajo antiguo (ampliación Patilla) que queda aun más cerca de las casas. Hay muchos chiquitos enfermos y algunos han muerto.

Me quedé a dormir como lo hago a veces… En la madrugada llegó un hombre muy angustiado pidiendo auxilio para llevar a su bebé al hospital. José el dueño de casa salió como estaba, en pantaloneta, descalzo, sin camisa ni documentos a buscar atención médica urgente en Barrancas, la cabecera municipal.  Entre tanto, los niños del mismo hogar de José tosían incesantemente y esperaban noticias del otro “primito internado en la UCI”; me sorprendió la familiaridad con que los mismos niños se referían a la sigla (Unidad de Cuidados Intensivos).  La ansiedad del mensaje por llegar se tragaba la misma tos, las palabras, y a veces el llanto.

Esperábamos. El “silencio” en la madrugada que por momentos busca instalarse, era invadido por el ruido de la maquinaria minera que extrae carbón las 24 horas.

José regresó a las 4 de la mañana satisfecho porque “el bebé estaba siendo atendido”; lo había dejado en el hospital con el padre y la madre embarazada “recuperándose fuera del resguardo”.  Tal como llegó y sin dormir, José se hizo a sus zapatos, una camisa y la gorra que nunca abandona pues había que ir al río a buscar algo de agua para el baño de su huesped. Luego de un rato volvio con Luz Ángela; habían ido y aprovechado para “refrescarse”. Trajeron dos galones de agua para surtir la casa. Uno era para mí. El líquido que con tanto cariño me ofrecían estaba bastante turbio; ni modos, me bañé más como ritual de asimilación que de aseo. Luego en la tarde unas amigas me advertirían lo contaminado que está el río, entre otras cosas por las descargas que últimamente recibe de los reasentamientos humanos que sin los requerimientos técnicos promovió la empresa aguas arriba.

La gente de este resguardo hoy se encuentra cercada por tres tajos mineros en donde a diario hay explosiones de dinamita para remover el suelo que luego es recogido por palas y vehículos enormes que lo llevan a silos que pueden contener hasta 13 mil toneladas de carbón; de allí el tren se alimenta en sus recorridos diarios con destino al puerto de embarque.

Hace casi dos meses una gran parte de la comunidad está en paro. Atraviesan una cabuya (lazo de fibra natural) en la única vía vehicular del resguardo; con ello impiden el paso de Cerrejón cuando simula ir a controlar la contaminación en monitores que, según la comunidad “no monitorean nada”. La comunidad denuncia que hace ya mucho tiempo no tienen agua potable; que no hay transporte para que los niños vayan a estudiar; que el trabajo se redujo a esperar un empleo que nunca llega de la empresa Cerrejón; que  la salud de la comunidad está en franco deterioro y que su territorio cada vez más contaminado ha dejado de ofrecerles alimentos.

Engañado por la empresa, este resguardo hace dos años llegó a lo que hoy se conoce como “el mal acuerdo” con la empresa. Con él pretendían la compensación de más de treinta años de daños por la explotación minera. El abuso de poder empresarial logro manipular a un puñado de líderes para que aceptara transar los derechos y reclamaciones de la comunidad por el 0.6% de lo que eran sus exigencias.  Aun así, según dice la comunidad, la empresa tampoco han cumplido “el mal acuerdo”.

Parte importante de las obligaciones que tiene Cerrejón, busca resolverlas con programas estatales (como el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA) a los cuales deberían tener derecho los jovenes de la comunidad sin necesidad de su intervención; así como con el dinero de la cooperación internacional que recibe a través de sus fundaciones (por las que además recibe grandes beneficios en descuentos tributarios)….

En fin, amigos, luego de narrarles estas vivencias que se me quedaron pegadas a la piel como el ague turbia que amorosamente se me ofreció.. ….. contarles que ayer estimamos urgente, hacer:

Una misión de observación para evidenciar la situación de salud de la comunidad de Provincial e ir al arroyo Bruno para fortalecer el mensaje de protección al cauce natural que quieren sustituír para explotar 40 millones de toneladas que hay en su subsuelo.

Sería entre el 29 de septiembre (llegando primer vuelo a Valledupar) y el 1 de octubre (saliendo último vuelo de Rioacha).  Conversé con unos periodistas, actrices y académicos y están interesados en ir pero examinarán esta semana la posibilidad concreta de acompañar.

También revisaremos en el presupuesto del CAJAR opciones de apoyo económico que podamos encontrar, por lo menos para atender durante los tres días los requerimientos locales de transporte y comida.

Con esto que es una información ´fresca´, incompleta y preliminar que opinan? Ven la posibilidad de que alguien de sus países pueda acompañar?  Qué otras ideas les surgen?

Como ven esta idea se desarrolla desde hace apenas unas horas. En la medida en que tenga más información les haré saber; hay muchas cosas por concretar esta semana…

Abrazos y todo el cariño,

 

dora lucy

 

PD: Al llegar a casa me encontré con estos vídeos que me hablan de las impresionantes desigualdades que genera la empresa; algo que se van asumiendo como natural….

 

https://www.youtube.com/watch?v=PvYQa3IJ0mg

(https://es.video.search.yahoo.com/search/video?fr=moz35&p=mina+del+cerrej%C3%B3n#id=7&vid=c3a41d189cc794fd757aeb511b02516d&action=view)

 

Y algunos que hablan de la situación de Provincial:

 

Paro:

 

Salud: “El mal vecino”

 

“La naturaleza provee todo para suplir las necesidades del ser humano, pero no para saciar su codicia” Mahatma Gandhi